Así se deben retirar los guantes y mascarillas para evitar contagios

Mantener una higiene adecuada de manos es lo principal al colocar y quitar los elementos de protección ante el coronavirus. «No vayan a las farmacias a por mascarillas, no tenemos»


Redacción / La Voz

«Lavarse las manos, lavarse las manos, lavarse las manos», repite como un mantra la enfermera y delegada de prevención en el Hospital de Montecelo, Emma Rodríguez. Incluso si se decide utilizar mascarillas y guantes como medida de protección ante un posible contagio de coronavirus, lo principal sigue siendo la higiene frondosa y frecuente de dedos, palmas y uñas, explica. Lo que debe hacerse no solo previamente a colocar esos elementos, sino también al quitarlos.

El Ministerio de Sanidad ha adoptado la decisión de recomendar el uso de mascarillas para frenar la expansión del COVID-19. Muchas personas ya habían decidido utilizar elementos de protección para ir a lugares públicos como el supermercado. Pero, advierte la enfermera, estos elementos pueden dar una falsa sensación de seguridad y hacer olvidar las medidas de higiene. «¿Qué más da que use mascarilla si voy tocando por ahí, no me lavo las manos, y con esa mano sucia me rasco la nariz o la boca?», dice Rodríguez.

Así, teniendo en cuenta que tanto mascarilla como guantes pueden estar contaminados, es tan importante una buena colocación como saber retirarlos de forma higiénica.

Lo primero a tener en cuenta es que hay que evitar tocar las partes expuestas al virus y no olvidar lo más importante entre cada paso: sí, lavarse las manos.

Al revés de la colocación, explica Rodríguez, a la hora de quitar los elementos de protección lo primero a retirar son los guantes y por último la mascarilla.

La otra mano, más difícil

La primera mano es más sencilla, ya que al tener puestos los dos guantes, simplemente se debe coger el guante de la mano opuesta y retirarlo. Una vez hecho esto, se debe sostener el guante ya retirado en la mano aún enguantada.

Luego, para evitar que la mano que queda descubierta toque la superficie del guante aún colocado, «lo mejor es meter un dedo por dentro del guante», a la altura de la muñeca, y quitarlo de manera que cubra también al primer guante.

Los guantes deben ser desechados y después se recomienda lavar las manos con alcohol o agua y jabón. «Los guantes no se lavan. Lo que se lavan son las manos», reitera la enfermera.

«Tenemos que pensar que los guantes evitan la suciedad visible, pero cuando me quito el guante, me tengo que lavar las manos inmediatamente», advierte. Esto se debe a que los guantes son de un material poroso, que no evita que el virus pase a la piel y si el virus queda en las manos y luego se lleva a la boca, ojos o nariz, acaban entrando en el organismo. Es decir que los guantes pueden ser lo que se conoce como fómite: un objeto que sirve para mover un virus o una bacteria de un lado a otro. Por esa razón, es también importante higienizarse antes de colocarlos.

Para que la máscara cumpla su función, que es evitar que las gotículas de saliva contaminadas con COVID-19 se diseminen, tiene que estar cubriendo la nariz, llegar hasta la barbilla, estar bien ajustada en el puente nasal y atada arriba, a la cabeza, y abajo, al cuello.

La mascarilla «se quita desde atrás», explica la enfermera, una vez más para evitar el contacto con la superficie delantera, que se presume contaminada. «Donde atamos, desatamos», indica, empezando por la cinta sujetada al cuello. «Primero se quita la de abajo, ya que si quito la de arriba, la mascarilla cae y puede contaminar la zona del pecho». Luego se desata la tira superior y la máscara se desecha. Una vez más, tras este paso, se deben desinfectar las manos.

La duración de una mascarilla quirúrgica, explica la secretaria provincial del Sindicato de Enfermería, es de cuatro a seis horas, dependiendo de su uso, ya que «después de ese tiempo se deteriora y ya no tiene utilidad». Recuerda además que este tipo de mascarillas, que son las más utilizadas, no protegen de la entrada de virus, por lo que es necesario mantener la distancia de más de un metro con otras personas, lo que pueden viajar las gotículas en el aire. Y, claro, el lavado de manos.

«No vayan a las farmacias a por mascarillas, no tenemos»

El desabastecimiento choca con la intención de dotar de equipos de protección a toda la ciudadanía

X. Fernández

Las posibilidades de que el Gobierno recomiende a la población el uso generalizado de mascarillas son altas, según reconocía el viernes el ministro de Sanidad, Salvador Illa con su «muy probablemente». Un pronóstico sujeto a los vaivenes de la exploración científica y la disposición política, pero con muchas opciones de cumplirse. Tantas como de que no haya dónde adquirir el material reglamentario para protegerse de la infección.

«No vayan a las farmacias a por mascarillas, no tenemos», advierte Santiago Leyes, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Ourense. Una situación de carestía que data «del viernes anterior a la declaración del estado de alarma», cuando los colegios elaboraron una petición conjunta, tanto para el ministerio de Sanidad como para la consellería del ramo, instando a que se facilitaran equipos de protección. No ha habido suerte hasta el momento.

En vista de ello, los colegios han optado por intentar autoabastecerse en el mercado, aunque, según apunta Leyes, esto podría demorarse «entre una semana y un mes». Sin garantizar siquiera que las mascarillas estén disponibles para la venta al público, ya que se priorizará la distribución entre los farmacéuticos para que puedan protegerse en el ejercicio de su profesión. «Sería importante evitar desplazamientos para intentar adquirir este material, porque no está disponible, y cuando lo esté se hará público para que la población se pueda proveer de él», subraya.

Una llamada que trasciende a la provincia de Ourense y alcanza a toda Galicia (en realidad, a toda España, como mínimo). En A Coruña, la vocal del Colegio de Farmacéuticos Blanca González, cree posible que los suministros lleguen algo antes de lo que estima su colega, pero reproduce su advertencia en cuanto el agotamiento actual: «No hay en ninguna parte». Confía al menos en que cristalice el compromiso de Pedro Sánchez: «El presidente ha asegurado en rueda de prensa que se va a garantizar el suministro y espero que lo haga».

De la alocución se queda con otro detalle: la intervención de los precios. «Es algo de lo que nos hemos quejado varias veces los colegios. Las empresas con las que solemos trabajar no pueden suministrarnos, y nos llegan otras con unos precios disparados, auténticas barbaridades».

Disparates que, en el caso de las farmacias que se avienen al pago, se traducen después en la venta al público, dando la impresión de que es el establecimiento el que pretende obtener beneficios poco éticos de la situación. Sin embargo, Blanca González sostiene que «el precio exagerado procede de otro punto de la cadena, no sabemos si del fabricante o del distribuidor, que como digo no está siendo el habitual. Al final queda la sensación errónea de que quien especula es el farmacéutico». La situación no es nueva durante la pandemia. «Antes ya nos pasó con los productos hidroalcohólicos», recuerda.

Mucho menos sujetas a filtros, la alta demanda ha convertido a las webs de venta de material de protección en un ejemplo perfecto de la usura en tiempo de pandemia. Representación minorista del lamentable mercadeo a gran escala que está dificultando el empeño de los distintos países por abastecer a su población. Las mascarillas son el producto estrella de los buscadores de Internet.

Las FFP2, las más recomendadas debido a su alta protección y a que durante mucho tiempo fueron relativamente fáciles de adquirir han multiplicado su precio en La Red al tiempo que los plazos de entrega se disparan por encima del mes. Farmacias y parafarmacias venden por entre 10 y 30 euros la unidad un producto que antes de la crisis sanitaria se conseguía por unos 3 euros. Los paquetes de mascarillas quirúrgicas, que impiden a su portador propagar el virus, pero no evitan que lo aspire, también han triplicado su valor de venta. Las FFP3 (al menos las de procedencia libre de sospecha) son una rareza. Ferreterías y tiendas especializadas en ropa de trabajo buscan sacar también tajada on-line. Incluso particulares que se hicieron con lotes los subastan ahora en webs como eBay.

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