El cobro de las pensiones dilapidó la cuarentena en Argentina

Grandes colas en los bancos, mientras los gallegos jubilados temen que la situación se descontrole


Argentina se dio de bruces con la realidad. Las restricciones a los movimientos en la calle parecieron desaparecer durante la jornada del viernes, cuando multitudes de ciudadanos se congregaron a las puertas de los bancos para percibir sus jubilaciones y pensiones. Los usuarios del Centro Gallego de Jubilados y Pensionados de la República Argentina, situado en Avellaneda, miran al futuro con preocupación tras los últimos acontecimientos.

Las entidades bancarias habían cerrado los días anteriores. Para la apertura anunciada del viernes, en una jornada excepcional, no se evaluó el posible desbordamiento de ciudadanos que tratarían de cobrar en efectivo sus pensiones.

Llegado el día, se abrieron los bancos y, sobre todo, en zonas del área metropolitana bonaerense se sucedieron las aglomeraciones desde horas tempranas. «Recorrí siete bancos, pero había colas de cien metros», dijo Óscar Mayoral, jubilado asiduo del Centro Gallego situado en Avellaneda, uno de los lugares donde las aglomeraciones tuvieron mayor repercusión. «Vi que era un desorden total. Gente muy mayor, gente con niños, embarazadas. Ni me bajé del auto», atestiguó Óscar.

Por orden del Banco Central, y siguiendo las restricciones generales que rigen en el país, los bancos no habían abierto hasta este pasado viernes. Muchas personas se agolparon para cobrar sus haberes de marzo, y coincidieron a las puertas de las sucursales con los beneficiarios del monto de 10.000 pesos (142 euros al cambio oficial) ofrecido por el Estado. Visto el resultado de la jornada y el riesgo de los incumplimientos del confinamiento, el jefe del Ejecutivo, Alberto Fernández anunció un cronograma con los nuevos horarios para atender a la gente de forma segmentada.

El problema principal que causó este disparate, más allá de la conocida fragilidad económica en la que viven amplios sectores de población en Argentina y la nula previsión de las autoridades, fue la ausencia de un sistema que permitiese a la gente evitar acudir al banco para cobrar, ya que muchos no son propietarios de tarjeta bancaria o desconocen su uso. «Me preocupa mucho lo que pasó. Aquí eran cuadras y cuadras de colas. Uno de los peores lugares», afirmó Martín Dono, el presidente del Centro Gallego.

Argentina lleva más de quince días viviendo un confinamiento que solo pueden eludir los trabajadores esenciales. «Estamos haciendo el sacrificio enorme de no salir y se equivocan con esto. Estamos bastante asustados», explicó Juan Bouzas, natural de Finisterre. Esta fue la imagen de la jornada por el riesgo que supuso para los ciudadanos y, en especial, para las personas de mayor edad. Además, las múltiples aglomeraciones reavivaron las críticas contra el Gobierno desde sectores opositores.

Hospedaje de emergencia

El Centro Gallego de Jubilados y Pensionados de Avellaneda fue requerido por las instituciones municipales como posible instalación para acomodar a personas que estén viviendo en condiciones precarias, según informó Martín Dono. En caso de que la situación empeore, el centro, bajo gestión del municipio, podría verse convertido en un hospedaje de emergencia.

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