China no puede llorar a sus muertos

Silencio en recuerdo de las víctimas del COVID-19 y visitas virtuales a tumbas familiares para celebrar el Qing Ming

La bandera china ondea a media asta en Tiananmen
La bandera china ondea a media asta en Tiananmen

China celebró ayer una inusual fiesta del Qing Ming, una de las tradiciones más arraigadas en la sociedad china. Es el día de los difuntos, cuando se acude a los cementerios a recordar a los muertos, limpiar las tumbas y presentar ofrendas en forma de flores, frutas o papeles para quemar simulando billetes de dinero.

Si ha habido un año en que esta fiesta ha tenido un sentido especial, ha sido este en que la epidemia ha provocado más de 3.300 muertos, según las cifras oficiales. El confinamiento no ha permitido que los chinos pudieran oficiar funerales para despedir y llorar a sus familiares.

Las medidas de prevención que prohíben aglomeraciones e instan a mantener la distancia social han impedido las tradicionales celebraciones del Qing Ming. Los cementerios, que durante estos días acostumbran a acumular largas colas de visitantes, advirtieron que prohibirían la entrada. La mayoría directamente cerró sus puertas, y en otros se habilitó un sistema de cita previa, reservando espacio y hora. El objetivo era evitar las reuniones.

El gobierno ha aprovechado la fiesta para decretar un día de duelo nacional en honor a las víctimas del coronavirus. A las diez de la mañana de ayer y con las banderas a media asta, todo el país se paralizó manteniendo tres minutos de silencio mientras sonaron las sirenas, desde las de los coches hasta las de las baterías antiaéreas. Los medios de comunicación chinos viraron al blanco y negro sus páginas webs en señal de respeto.

Borrar errores

En Wuhan se siguió con especial sentimiento el homenaje. El pasado jueves se había anunciado que se otorgaba el título de mártires a catorce personas que murieron luchando contra el coronavirus. Entre ellos, está el médico Li Wenliang, que fue perseguido policialmente por alertar de la epidemia, y otros once sanitarios. Mártir es el título honorífico de más alto rango que otorga el Partido Comunista. El reconocimiento representa un nuevo intento de borrar los errores del inicio de la epidemia, cuando se intentó silenciar el problema.

Desde que se han empezado a relajar las normas de confinamiento en Wuhan, los residentes han empezado a desfilar por las ocho funerarias de la ciudad en busca de las cenizas de sus familiares. Y se han disparado las especulaciones sobre el número de muertos. Las cifras oficiales contabilizan poco más de 2.500 muertos en la ciudad.

El periódico chino «Caixin», un influyente medio económico con delegación en Wuhan, informó acerca de largas colas y un elevado número de urnas. En las redes sociales chinas se ha hablado de, al menos, 7.000 muertos, pero las especulaciones se disparan hasta los 42.000 que calcula Radio Free Asia, un medio financiado por el gobierno estadounidense.

Las autoridades chinas se han empleado a fondo en silenciar los rumores, y las imágenes de las aglomeraciones se han eliminado en Internet. Las medidas de protección han sido la mejor excusa para forzar entierros silenciosos. Funcionarios de la ciudad acompañan a los familiares, uno o dos, a depositar las urnas en los cementerios. Una ceremonia muy alejada de los grandes funerales con los que sueñan los chinos, y que siempre contempla la asistencia de una amplia representación de amigos y familias.

También se alienta a recurrir a la tecnología para celebrar el Qing Ming. Numerosas empresas ofrecen en Internet servicios para recordar a los muertos, que pueden incluir barridos virtuales de tumbas, muros para dejar mensajes y presentar ofrendas a los espíritus e incluso chats para reunirse, a través de las nuevas tecnologías, con la familia a recordar el difunto.

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