Revolución industrial en las fábricas italianas para proteger la salud

Empresas cosméticas, textiles, imprentas y de automóviles se reconvierten y fabrican material sanitario

Una enfermera, en el nuevo Covid Campus Center, una instalación del complejo hospitalario del Policlínico Biomédico Universus Campus en Roma
Una enfermera, en el nuevo Covid Campus Center, una instalación del complejo hospitalario del Policlínico Biomédico Universus Campus en Roma

Vicenza / E. La Voz

Guantes, mascarillas quirúrgicas, mascarillas FFP2 y FFP3, ventiladores, monos aislantes, viseras, batas, gel desinfectante. Esto es lo que médicos y enfermeros necesitan desesperadamente para derrotar al coronavirus, que hasta ya se ha cobrado la vida de casi 5.000 personas en Italia. Según el jefe de Protección Civil del país transalpino, Angelo Borrelli, se necesitan 90 millones de mascarillas quirúrgicas al mes. Y muchas de las que se encargaron en países como la India y Rusia nunca llegaron.

Afortunadamente, Italia es la segunda potencia manufacturera de Europa y puede contar con medio millón de empresas. Según Borrelli, «en breve arrancará la producción nacional de mascarillas. Estamos recibiendo ofertas de muchas empresas para fabricarlas». Sobre todo en las regiones altamente industrializadas de Véneto y Lombardía, se han movilizado para ayudar, y reconvertir su producción. Es lo que ha hecho en Padua Grafica Veneta, una de las mayores imprentas del mundo, que ha parado la impresión de libros y periódicos para donar dos millones de mascarillas para el Véneto. Waycap (Venecia), de accesorios de moda, ya produce mascarillas. Así, explica la dirección, no solo se satisface la demanda de un material sanitario fundamental ahora, sino que también se da trabajo a muchas pymes que sufren la caída de la demanda mundial de ropa. 

Falta de previsión

También se han reconvertido los distritos textiles de Biella (Piamonte), Bérgamo y Como (Lombardía) y Prato (Toscana), famosos por sus sedas y lanas. Y Di-Bi, una pequeña empresa lombarda de ropa deportiva, hace mascarillas para hospitales y residencias con un tejido sintético que se usa para los remos. Un empresario de Lombardía comenta a La Voz: «Italia ya no producía máscaras porque es un producto de bajo valor añadido. El error fue de la política, que tras los episodios de SARS y gripe aviar de hace unos años, debería haber previsto la posibilidad de que una emergencia epidémica como esta ocurriese, y debería haber fomentado la producción nacional. No ha sido así, pero los empresarios estamos espabilando para remediarlo».

En el país también hay empresas emergentes muy fuertes en la fabricación digital. Lorenzo Cantini, toscano y cofundador de una especializada en la impresión en 3D, trabaja para sacar una mascarilla de un material enriquecido con nanopartículas de cobre (metal con potente efecto antiviral).

Otra cosa esencial y que en los hospitales escasea son los respiradores. Ferrari contribuirá a su producción. También hay falta de desinfectantes y algunas empresas de cosméticos están reconvirtiendo sus líneas para elaborarlos.

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