Luisa, de la mina de wolframio de su niñez a la lucha contra el coronavirus

Es una de los 150 residentes de la residencia DomusVi Barreiro de Vigo, donde cinco compañeros suyos han perdido la vida con la pandemia y 72 han dado positivo


Vigo

La vida de Luisa comenzó poco antes de la Guerra Civil. Arrancó en penuria, siguió después a la búsqueda de una vida mejor en Venezuela, y 90 años después de haber nacido otra guerra, la que se libra frente al coronavirus, vuelve a alterar su vida. Ella es una de los 150 residentes de la residencia DomusVi Barreiro de Vigo, donde cinco compañeros suyos han perdido la vida con la pandemia y 72 han dado positivo.

Su hijo, Henry Laso, un ingeniero industrial que afronta la crisis sanitaria desde múltiples frentes profesionales, no está dispuesto a dejar pasar y olvidar la angustia que su progenitora y el resto de la familia han vivido en los últimos días a causa del contagio masivo. Advierte que irá a los tribunales por un trato y desinformación que mantiene que no merece nadie.

«Estamos muy saturados, me decían como única contestación, a mi, a un hijo que quiere saber si su madre está bien o mal, si es uno de los contagiados, si la van a trasladar, si está sola. No se puede concebir que estuviésemos un montón de días sin saber cómo se encontraba», incide.

Todas sus críticas se centran en la dirección del centro antes de ser intervenida por la Xunta. «Estábamos muy contentos con los médicos y empleados, pero con quien dirigía el centro no. No puede ser que una personas que está pagando 2.250 euros al mes, que llevamos más de 70.000 abonados en tres años, no seamos merecedores de una llamada para contarnos cómo está. ¡Que hiciera su trabajo!», clama.

Laso, que se considera un defensor del sistema de atención a los mayores, con centros públicos y privados, engloba todas sus objeciones y reproches a que «todo era causa de una mala dirección». La concreta en el caso del coronavirus en que cuando se empezó a temer el contagio masivo en Vigo, en lugar de suspender las visitas, estas se acortaron con un horario de dos horas, «pero fue peor. Todos los familiares nos concentramos al mismo tiempo en dos horas. !Vaya sistema y una idea para un profesional», exclama. «Me ofrecí para llevarles mascarillas, trajes de protección, lo que pudiera encontrar... nada,, sin respuesta. ‘Estamos saturados’», recuerda. «Y ahora me llama desde Madrid un psicólogo contratado por ellos para la ayuda y apoyo que pueda necesitar. Llevo 12 días sin hablar con mi madre, eso es lo que necesito».

Un médico de baja por paternidad apoyado por parte del personal ha empezado a comunicar en el caso de Cangas con los familiares. A los de los contagiados graves les llamarán todos los días, a los que no tienen síntomas, se les informará de su estado por correo.

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