Cruz Roja atiende a más de 1.300 personas para aliviar el confinamiento

La mitad son mayores de 65 años que están solos o acompañados de otro mayor


santiago / la Voz

Un pequeño grupo de voluntarios se turna en la sede de Cruz Roja de Santiago para hablar por teléfono con los mayores de Compostela y los municipios del área. Son ocho personas que realizan cientos de llamadas repartidas en turnos de dos días a la semana y durante un período de hasta cuatro horas diarias. El objetivo de ese esfuerzo es acompañar a los mayores de 65 años que viven solos y alejados de sus familias, así como a aquellos que, aún viviendo en pareja, se sienten angustiados por el confinamiento. No solo contactan con las personas que participan habitualmente en actividades de la entidad, sino también con los usuarios de la teleasistencia.

Desde el inicio del encierro por el estado de alarma Cruz Roja habló con 684 mayores de 65 años, y ahora ha empezado a llamar a otras 655 personas que participan en los programas de la entidad, con una edad media de 41. Además, los voluntarios han contactado desde el inicio de la crisis con 60 personas que usan el servicio de teleasistencia. Cada beneficiario puede recibir varias llamadas durante el confinamiento, en función de su estado. Los que no tienen familiares u otras personas pendientes de ellos son los que requieren más atención.

Dos de las voluntarias del programa, Carmen Pazo e Inma Alvarellos, comparten sus impresiones sobre las llamadas. «Sienten que son vulnerables y tienen miedo», explica Carmen Pazo. «Han pasado muchas cosas, y por eso llevan mejor el encierro que otras generaciones. Asumen su riesgo como natural y lo toman con la resignación que da los años», matizan. Eso no significa que esas personas no estén angustiadas, tanto por ellas como por sus familias. «Están saturados de malas noticias que escuchan a todas las horas en la televisión. Necesitan mensajes positivos», comenta Carmen.

Las voluntarias no solo les insisten en la pautas de higiene y de seguridad para mantenerse sanos, sino que también les proponen ejercicios y otras tareas para ocupar el tiempo. «Algunos participan en actividades de Cruz Roja y estaban acostumbrados a salir todos los días. Ahora les sugerimos ideas para ocupar el tiempo, y les recomendamos que no vean mucha televisión», apuntan.

Por la experiencia de sus muchas horas de conversaciones telefónicas, Carmen y su compañera Inma destacan que «las mujeres llevan mejor el confinamiento que los hombres. Las mujeres mayores son de una generación en las que las tareas de casa son cosa de ellas, y los hombres están más desconectados. Les pesa más tener que quedarse en casa. Eso hace que ellas tengan cosas que hacer y que ellos estén más perdidos y aburridos». Carmen comenta que los hombres «son los que hacen los recados. De paso que daban el paseo, iban a por el pan o el periódico. Ahora no tienen eso y les buscamos alternativas. No es fácil cambiar hábitos».

Las llamadas son «una ventana abierta» para romper la rutina de la soledad

Una de las cosas que más entristecen a nuestros mayores es la soledad, «y los hay que están completamente solos en la vida. Las llamadas son una ventana abierta, y una manera de romper la rutina que llevan estos días, donde la televisión les bombardean con mensajes negativos. Ellos escuchan la edad del fallecido y la coletilla de las patologías previas y se ven reflejados. Es que patologías previas las tienen todos», explica Inma. Hace unos días, Alvarellos habló con una mujer de 90 años. «Me decía que ella cumplía con todo lo que le decían, porque no quería morirse. Aún me queda guerra que dar, decía». En otra ocasión, otra mujer le pidió que la llamará más tarde «porque estaba escuchando la misa. Son encantadores», comenta Inma. Aunque muchos tienen algún familiar cerca, la llamada de Cruz Roja también les aporta «fuerza para seguir».

En el rural se hace más llevadero el confinamiento, porque «las huertas de las casas les mantienen activos, y pueden dar un paso por la huerta sin ponerse en peligro. A todos nos vendría bien una pequeña huerta en casa. Es más fácil estar ocupados en el rural que en los pisos», explica Inma. Cuando conversan con personas mayores del rural, detectan que está extendida la idea de «a ellos no les va a llegar, pero hay que insistir en que tenga cuidado igualmente», resalta.

Mercedes Casanova, presidenta provincial de Cruz Roja, subraya que las llamadas también permiten conocer las necesidades de los usuarios y socios de la entidad, y así poder llevarles alimentos, hacerles la compra o recoger medicinas.

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