Las ucis resisten al límite pero urgen respiradores para evitar el colapso

Cuatro comunidades rozan la saturación y ocho rebasaron las camas que tenían antes


Las unidades de cuidados intensivos, piedra angular de la batalla sanitaria contra el coronavirus, aguantan, pero en muchas autonomías lo hacen ya al límite de sus capacidades, con lo que o empiezan a recibir ya respiradores en cantidades importantes o tienen el colapso a la vuelta de la esquina.

Las situaciones más críticas son las de Cataluña, Madrid, La Rioja y Castilla-La Mancha, que coinciden también con las comunidades que sufrieron brotes importantes antes y se presupone que llevan un estadio más avanzado en la evolución de la epidemia. Pero hay hasta un total de ocho, las cuatro anteriores Castilla y León, Navarra y el País Vasco, que ya han ingresado más pacientes afectados por el COVID-19 en cuidados intensivos que el número de camas con estas especificaciones que tenían antes del inicio de la crisis.

Esto no implica necesariamente que ya hayan rebasado sus capacidades asistenciales porque los datos oficiales reflejan los ingresos totales, de los que hay que descontar las altas —cuyo número en algunas regiones empieza a ser ya importante— y los fallecimientos. En cualquier caso, dejan más que claro que de no ser por los esfuerzos contrarreloj para ampliar las camas de uci, y los que aún quedan por hacer en las próximas semanas, la situación sería ya verdaderamente dantesca.

La realización de un análisis más o menos preciso sobre la saturación actual debe valorar el hecho de que el Ministerio de Sanidad no sabe con exactitud el número de plazas de uci que hay habilitadas en estos momentos en España. «Estimamos que había alrededor de 6.000 camas de uci, por lo que tenemos de los catálogos de hospitales. Estoy segura de que ahora mismo hay mucha más disposición», fue todo lo que llegó a precisar ayer al respecto la jefa de área del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CAES), María José Sierra. Un dato que no explicó muy bien de dónde sale porque en el último catálogo oficial, que es del 2017, la cifra es de 4.404, que otras fuentes médicas elevan a 4.627 y que, en cualquier caso, distan mucho de la coyuntura presente porque prácticamente todas las comunidades están haciendo lo imposible por ampliar su dotación. La cifra cambia día a día y de ahí que el ministerio tampoco pueda ofrecer un dato concreto, porque la centralización de la gestión sanitaria, a consecuencia de la declaración de estado de alarma, casa bastante mal con un sistema descentralizado en el que la capacidad operativa real la tienen las autonomías.

Prueba de este desconcierto son las cifras del día de ayer sobre la Comunidad de Madrid. Por la mañana Sanidad difundió que el número de ingresados en uci, 1.514 pacientes, era exactamente el mismo que el del día anterior. Evidentemente, saltaron todas las alarmas porque la única conclusión lógica para tal coincidencia era que no había más ingresados porque la capacidad había llegado al límite. En otras palabras, que solo se podían ocupar ya las camas que dejaban los fallecidos y los pacientes dados de alta.

 Desmentido

De ahí que la propia comunidad se tuviese que apresurar en el desmentido al cifrar en 1.502 los ingresados, lo que supone 14 menos que en la jornada anterior y el primer descenso en la ocupación de las ucis madrileñas desde el estallido de la epidemia.

Más allá de Madrid, la casuística es variada, desde el caso de la Comunidad Valenciana, que está apenas por encima del 70 % de ocupación y, aunque tiene planes para ampliar, considera que puede aguantar con los recursos actuales disponibles, hasta el de Castilla y León, que está por encima del 80 % con los alcaldes de Soria y Segovia clamando para que les envíen más medios porque no cuentan con hospitales privados en los que apoyarse.

Por ejemplo, Navarra ha conseguido duplicar sus dotaciones y también considera que tiene capacidad suficiente, al igual que el País Vasco, que podría llegar a las 600 camas.

Sin embargo, quizás el dato más esperanzador para todas ellas, teniendo en cuenta la enormes diferencias que hay en cuanto a la evolución de la epidemia, es que el incremento de la necesidad de ingreso en uci fue de un 4 %, cuando era en la jornada anterior del 7,2 %. Hubo, por tanto, 111 personas menos que precisaron esta atención, y, como interpreta el ministro de Sanidad, Salvador Illa, se podría estar relajando la presión.

La presión en Galicia es aún relativamente baja pero apunta al incremento

La presión asistencial que soportan en estos momentos las unidades de cuidados intensivos, aunque es desigual y se centra en los hospitales de A Coruña y Vigo, está bastante por debajo de la media de las comunidades españolas.

Los datos sobre la disponibilidad de camas y, por tanto, la capacidad de que aguanten de manera razonable para atender los casos de coronavirus y el resto de las patologías más graves, también se prestan al equívoco. Antes del inicio de la crisis, la comunidad tenía en el sistema público 166 plazas de uci, con una de los ratios por habitante más bajas de España. Ahora bien, la relativa anticipación de la Xunta le permitió ampliar la capacidad hasta las 274, a las que habría que sumar las 79 con las que cuentan los hospitales privados.

En estos momentos, con 158 ingresados, si no se tuviese en cuenta el resto de necesidades del sistema, bastarían las ucis que había antes de la llegada del coronavirus. En cualquier caso, como adelantó el conselleiro de Sanidade, Jesús Vázquez Almuíña, existe un proyecto para ampliar la dotación hasta las 600, con la adaptación de quirófanos y otras medidas adicionales.

En todos estos planes, como en la habilitación de hospitales de campaña, juegan un papel primordial la llegada de nuevos recursos materiales. Ahí entrarían en juego los 150 respiradores comprados por Abanca, las decenas que la Xunta tiene comprados y a punto de salir de fábrica y los 1.450 donados por la Fundación Amancio Ortega para el conjunto del sistema, aparte de lo que aporte el Gobierno.

Cataluña plantea no ingresar en cuidados intensivos a mayores de 80

Después del revuelo generado por médicos holandeses con su criterio de que «llevar al hospital a morir a pacientes débiles y ancianos es inhumano», ayer trascendió un documento del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) de Cataluña que aconseja «evitar ingresos en pacientes con escaso beneficio».

La recomendación, que no es aún un protocolo pero cuenta con el respaldo del Colegio de Médicos de Cataluña, desaconseja el internamiento de personas con más de 80 años afectados por el coronavirus, aparte de instar a los facultativos a que, a la hora de denegar estas camas, no hagan referencia «a que no hay camas para todos».

Básicamente, lo que plantea el documento, que fue difundido el pasado día 25 y no ha sido apoyado por el Observatorio de Bioética, es que en los pacientes mayores de 80 años se indica «solo oxigenoterapia con mascarilla de alta concentración» y no intubarlos de manera invasiva. Si en 15 minutos no mejoran, «se puede considerar tratamiento de confort (morfina) para paliar la sensación de disnea», ahogo o dificultad para respirar en términos coloquiales.

«Cuando se observe futilidad de medidas terapéuticas, se puede dejar al paciente en el domicilio siempre que se pueda asegurar con la red de atención primaria un seguimiento y curas paliativas. En caso contrario, se recomienda trasladar», declaró a la agencia Efe el director médico del SEM, Xavier Giménez, quien reconoció que las unidades de cuidados intensivos de Cataluña están llenas de pacientes de entre 40 y 70 años, motivo por el que se han empezado a ingresar los pacientes menos graves en hoteles y pabellones polideportivos.

Una práctica habitual

La consejera de Salud catalana, Alba Vergés, al ser preguntada ayer en rueda de prensa por este documento, señaló que se trata de una práctica habitual en los pacientes de este grupo de edad, porque «la intensidad terapéutica no marca lo que es mejor para las personas». En cualquier caso, considera que «los criterios clínicos prevalecen por encima de todo» y no tiene duda de que los profesionales sanitarios seguirán siendo los que marquen las exigencias del tratamiento que se le da a cada paciente en el marco de esta pandemia.

Por su parte, La consejera valenciana de Sanidad, Ana Barceló, descartó que en su comunidad, con un 71 % de ocupación de las uci en estos momentos, se vaya a dejar de intubar a los pacientes mayores de 80 años. «Los queremos a todos con nosotros», contestó tajante al ser también consultada a este respecto en su comparecencia de ayer.

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