El hundimiento de los Países Bajos

SOCIEDAD

BART MAAT

Entran en barrena tras optar por no ingresar a los vulnerables y atacar a los que pedían mutualizar la deuda

13 abr 2020 . Actualizado a las 19:03 h.

El 28 de febrero, los Países Bajos registraban su primer fallecido por COVID-19, cuando China rondaba los 2.800. Antes de esta crisis, el prestigio de su sistema sanitario ocupaba los primeros puestos del ránking mundial, por su eficiencia. Hoy, el país neerlandés ha superado los 2.200 muertos y los 20.600 diagnosticados. Su población es de 17 millones de habitantes. Proporcionalmente, ocupa el tercer lugar del ránking en Europa. Y su forma de contabilizar el número de fallecidos podría estar obviando a todas las personas mayores que mueren en sus domicilios que el Gobierno se niega a hospitalizar. Si pensaban que la cosa no iba con ellos, se equivocaron.

Estas son algunas de las claves del contraste entre la agresividad que han mostrado con su entorno y la evolución negativa de la pandemia en su territorio.

CARENCIAS

Sin tests ni camas de ucis, pide ayuda

La elevada presuntuosidad de su discurso se ha acompañado de golpes a la línea de flotación de la Unión Europea de una bajeza solo comparable a la que le da nombre al país. Bajo el débil paraguas de los insuficientes datos que manejan respecto a la incidencia del COVID-19 en su población (ya que ni siquiera realizan pruebas a los hospitalizados con síntomas), presumieron de que su sistema sanitario gozaba de margen suficiente para soportar la presión durante dos meses más. Han tenido que rectificar (su promedio de 6,4 camas de uci por cada 100.000 habitantes pronto se vio superado) y pedir ayuda a sus hermanos belgas, que se han negado. Alemania, la primera en atreverse a tirar de las orejas a España, aceptará a los enfermos vecinos.