La historia de amor del gaiteiro de la Ronda

El canario Dani Oramas trabaja en la charcutería Pampín y es un enamorado de la gaita desde que la escuchó por primera vez: todas las tardes, a la hora de los aplausos, toca en la esquina de San Vicente con la ronda de Outeiro


A las ocho de tarde toca la gaita en la esquina de la calle San Vicente con la ronda de Outeiro. Lo hace delante de la charcutería Pampín en la que trabaja. «Un día surgió la idea hablando con Jesús, mi jefe, para mostrar nuestro apoyo a los profesionales sanitarios. El chico de la tienda de pinturas de enfrente sugirió que tocase el himno gallego… Y ahora hay padres que me dicen que sus hijos están esperando a que llegue la hora para que empiece a tocar el gaiteiro. Creo que no me van a aplaudir tanto en mi vida», comenta Daniel José Oramas Suárez, de 34 años y natural de Las Palmas. De hecho habla con acento canario e intercala palabras gallegas. «É unha larga historia», responde cuando le pregunto qué demonios hace un vecino de las Islas Afortunadas tocando la gaita en la ronda de Outeiro. Pues este hombre esconde una doble historia de amor. Amor por el instrumento que derivó en amor a una mujer. Dani, el charcutero-gaiteiro, es un fenómeno.

Siendo un chaval escuchó el popular Tierra de nadie del asturiano José Ángel Hevia. «Fue un amor a primer oído. Me enamoré del sonido de la gaita. Me puse a buscar un lugar donde aprender y topé con el Centro Gallego de Las Palmas. Tocar la gaita es lo único en mi vida que empecé y no dejé», reflexiona este gaiteiro-charcutero con alma de bohemio. «Empecé a tocar por la calle [de vez en cuando dice rúa]. Tenía 25 o 26 años y gracias a la música conocí en Canarias a una gallega de Baio y empezamos una relación», recuerda. La gaita ayudó a romper el hielo.

Ahora ya no sale con aquella chica, pero ella fue la que lo ayudó a descubrir Galicia. «Se lo tengo que agradecer. Vine en el verano del 2017 y ya me quedé. Gracias a la gaita había conocido a Teresa, otra gallega, que tenía relación con un charcutero, el que hoy es su jefe. La vida de Dani es un fol sin fondo. «Sí, soy bohemio y soñador y vine con la idea de vivir de la gaita. Sigo tocando en la calle, que es donde más aprendí, y doy clases en O Graxal. Pero también me gusta trabajar en el negocio de cara al público. Tuve que adaptarme, porque antes vivía a mi manera, hacía lo que me daba la gana, y ahora tengo que cumplir unas normas, como es lógico», analiza desde la Queixería Xamonería Pampín, un negocio de siempre de Os Mallos que lleva muchas décadas abierto. Ahí tienen a esta admirador de Budiño, Carlos Núñez, Anxo Lorenzo, Cristina Pato o Susana Seivane. «Y otros muchos que no son tan conocidos pero que son espectaculares», añade este gaiteiro-charcutero canario. Una historia de amor a la gaita.

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