El efecto dominó climático, un poco más cerca

Investigadores observan un blanqueamiento masivo en la Gran Barrera de Coral, el tercero en cinco años, y advierten: «nos acercamos al escenario de que haya un evento de pérdida de coral cada año»

Una tortuga, sobre la Gran Barrera de Coral
Una tortuga, sobre la Gran Barrera de Coral

La Gran Barrera de Coral en Australia acoge el mayor sistema de arrecifes que existe en la Tierra, con una superficie de 348.700 kilómetros cuadrados. Es la única estructura con vida que puede observarse desde el espacio exterior. El explorador inglés James Cook fue el primero en reconocer este espacio natural en 1770 durante una parada técnica mientras se reparaba el HMB Endeavour con el que realizó su famosa expedición para presenciar el tránsito de Venus

El coral juega un papel vital en el biodiversidad de la Tierra y tiene un valor incalculable en el apartado económico. «El valor total de los servicios de arrecifes de coral solo para nuestro país, Estados Unidos, derivados de la pesca, el turismo y la protección costera, supera los 3.400 millones de dólares anuales. En todo el mundo, más de 500 millones de personas dependen de los arrecifes para su alimentación. Además, protegen a la costa de las tormentas ya que absorben el 97 % de la energía de una ola, ayudando a prevenir la pérdida de vidas», explica a La Voz Mark Eakin, coordinador del Observatorio del Coral de la NOAA (Agencia Nacional de la Atmósfera y el Océano de Estados Unidos).

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Un gallego en la Gran Barrera de Coral Un aficionado gallego al esnórquel grabó el proceso de blanqueamiento que está sufriendo el ecosistema marino más densamente poblado de la Tierra

El coral es un animal extremadamente sensible a los cambios ambientales. Además, a diferencia de otras especies no puede emigrar a otras zonas del océano donde haya unas condiciones más favorables. Hoy está sufriendo los efectos producidos por el aumento de la temperatura del agua o la mayor acidificación de los océanos que provoca la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, que también se deposita sobre los mares. Como consecuencia, se produce un proceso de blanqueamiento. «Cuando los corales están estresados por los cambios en determinadas condiciones como la temperatura, la luz o los nutrientes expulsan a las algas simbióticas que viven en sus tejidos, lo que hace que se vuelvan completamente blancos y sean más susceptibles a enfermedades», sostiene Eakin.

Entre el 2014 y el 2017 los arrecifes de coral de todo el planeta sufrieron el evento mundial de blanqueamiento de corales más intenso jamás registrado. «Ese evento causó decoloración severa en la Gran Barrera de Coral entre el 2016 y el 2017. Ahora, solo tres años después sufre un evento de decoloración aún más generalizado. Es la primera vez que vemos tres eventos de blanqueamiento cinco años. Nos acercamos rápidamente a los eventos anuales de blanqueamiento de corales», advierte.

El responsable del evento de blanqueamiento del 2016 fue El Niño, que se desarrolló con una intensidad sin precedentes, pero en esta ocasión los investigadores señalan al cambio climático. «Son originadas por grandes olas de calor marinas que genera el calentamiento global provocado por la quema humana de combustibles fósiles que aumenta la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera», asegura. 

La Gran Barrera de Coral es una de las piezas que la comunidad científica considera que juega un papel fundamental en la estabilidad del clima global, al igual que la corriente termohalina y el Amazonas. Si el efecto invernadero se descontrola, esos mecanismos  podrían colapsar y desencadenar una cascada de eventos. Los autores de un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences hablan de un efecto dominó en el que existen varios escenarios. Dentro del primero se encuentra la gran barrera de coral australiana. Si los eventos de blanqueamiento llegan a ocurrir cada año, como proponen desde la NOAA, el colapso de una de las piezas parece más que probable. 

Sylvia Earle: «Galicia es la perfecta candidata para ser un punto de esperanza del océano»

xavier fonseca
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La vida de Sylvia Earle (New Jersey, 1935) da para una película. El director Martin Scorsese, Princesa de Asturias de las Artes, confesó a una pregunta de La Voz que sería un filme fantástico sobre una persona extraordinaria. La historia debería transcurrir en el océano, donde ha pasado más siete de mil horas y el argumento tendría que reflejar la épica que rodea su trayectoria. Fue la primera mujer en descender 381 metros de profundidad con un equipo autónomo y ostenta el récord de inmersión en solitario a mil metros. En 1998 se convirtió además en la primera mujer en recibir la distinción de Héroe del Planeta que concede la revista Time. Hoy se ocupa de la misión más importante de todas que ha bautizado como Mission Blue, una iniciativa global para proteger el océano.

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