Lazos azules para identificar a las personas autistas cuando salgan pasear, ¿marginación o necesidad?

Los colectivos ligados al Transtorno del Espectro Autista rechazan que haya que llevar distintivos, pero las familias los usan


Pontevedra

Luján, vecina de Nigrán, sí o sí tiene que salir todos los días a pasear con su hijo con TEA (Transtorno del Espectro Autista). Aún así, el confinamiento le está pasando una factura importante al niño, «que al perder todas sus rutinas es como si dejase sus medicinas. De repente tenemos que volver a decirle en qué sitio tiene que ver la tele, en qué lugar va a desayunar...». El último viernes, en ese paseo, una persona les increpó. Y ella regresó a casa con un poco menos de esperanza en el mundo y con ganas de llorar. Luego, se enteró de la iniciativa surgida en las redes sociales para que las personas con TEA —a las que el Gobierno autoriza a salir a la calle pese al estado de alarma si el confinamiento les está perjudicando— lleven algún tipo de distintivo azul y así nadie les grite cuando paseen. No se paró a reflexionar en si ese brazalete les estigmatizaría, si supondría una marginación... Se encasquetó ella misma el distintivo celeste, pura y duramente, «para evitar problemas, porque ya hay bastantes ahora mismo». Nadie volvió a decirles nada malo. Todo al contrario, recibieron sonrisas cómplices y un policía paró a preguntar cómo lleva el niño el confinamiento. Con eso se queda, por mucho que le parezca lamentable tener que ir con un distintivo para callar a los policías del balcón y lengua larga.

La historia de Luján, seguramente, sonará a muchos otros padres con hijos con TEA. No fue ella la única increpada. Y, por tanto, no fue la única que optó por usar el lazo azul para salir a pasear. Colectivos como Asperga (la Asociación Galega de Asperger), la Federación Autismo Galicia o la Asociación Bata entienden que las familias puedan actuar así al verse en situaciones peliagudas. Pero recuerdan que para salir a pasear les basta con llevar son documentos como el certificado oficial de reconocimiento de la discapacidad o informes médicos y psicológicos que describan las necesidades de estas personas o la existencia de dificultades conductuales. Luego, dejan claro su frontal oposición a la iniciativa de los lazos azules. ¿Por qué? «Desde a Federación Autismo Galicia relamamos non ter que recorrer a identificativos, avogamos pola liberdade e a integración sen necesidade de distintivos nin equiquetas». Desde Asperga hablan en la misma línea. Señalan que entienden la angustia de quienes han sufrido gritos o incluso les han tirado huevos y escupitajos. Pero no creen que la solución sean los brazaletes: «No podemos apoyar algo así. Quienes van a trabajar no llevan un pañuelo de un color determinado, ni quienes salen al súper llevan una camiseta de otro. ¿Por qué las personas autistas deberían hacerlo?», indica Marisol García, directora de Asperga.

«Me recuerda a los nazis»

Hay familias que van todavía más allá de estas afirmaciones. El tutor de un joven con TEA de Vilagarcía, que ayer mismo salió con él, afirmaba: «Ni nos pusimos un brazalete azul ni nos lo vamos a poner, me parece algo aberrante y me recuerda a cuando los nazis marcaban con distintivos a los judíos», señaló este hombre.

En el lado opuesto está Isabel Castro, de Pontevedra. Ella es madre de Uxío, un niño de seis años con TEA. No han salido a la calle porque de momento están bien confinados en su casa de Lourizán, donde les hace compañía un hermano mayor y una oveja llamada Nena. Pero tiene claro que si saliese sí usaría el distintivo. ¿Por miedo? En absoluto: «Es una iniciativa que ayuda a visibilizarnos. Y eso siempre es bueno. Lo de sentirnos marginados me suena a pasado, a argumento trasnochado. Basta de dar pena, yo no tengo problemas con los distintivos», indica. El debate, por tanto, está servido.

Padres con niños autistas: «Para nuestros hijos, pasear es tan importante como comer o beber»

Susana Luaña

Las personas con síndrome autista necesitan salir, pero a algunas ya se les multó por saltarse la reclusión

La vida dio una vuelta de tuerca para 47 millones de españoles el pasado 14 de marzo, cuando el presidente del Gobierno anunció el estado de alarma por la crisis del coronavirus y, con él, el confinamiento de la población. Pero si para las familias con niños o con mayores, para las que viven en pisos pequeños, para las que comparten vivienda o para las que no pueden reunirse con sus familiares es difícil, hay un colectivo para el que el encierro en casa es un verdadero drama. Son las personas que padecen autismo y sus familias. Romper las rutinas ya es para ellos un trastorno, pero no poder salir a la calle puede ser un infierno, para ellos y para los que les rodean. Estrés, ansiedad, conductas desafiantes y hasta autolesiones o agresiones a sus cuidadores son situaciones extremas a las que pueden llegar cuando su mundo interior se altera hasta tal punto. «La gente no entiende que, para nuestros hijos, pasear es tan importante como comer o beber», indica un padre de Santiago que se agarra, como clavo ardiendo, a la huerta de la casa de su madre, donde al menos su hijo puede correr a sus anchas.

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