Trump pone la economía por delante de las medidas contra el coronavirus

Asegura que «no puede ser peor el remedio que la enfermedad», pese a que los Estados piden más acciones


nueva york / e. la voz

Es un liderazgo que nadie querría. Para Donald Trump, que Estados Unidos sea el país con más casos confirmados de infectados por el coronavirus es «un homenaje» a su capacidad para realizar test. Literal. Tras superar a China, el presidente presumió de que «en ocho días, hacemos más test que los que Corea del Sur hizo en ocho semanas». El modelo surcoreano ha sido la referencia con la que los medios estadounidenses han comparado durante semanas el fracaso del Gobierno. Trump presume, pero los asiáticos hicieron más pruebas per cápita y mucho antes que Estados Unidos.

Contra lo que indica la razón científica, la principal obsesión de Donald Trump es reactivar la economía. Estados Unidos ha sumado en una semana 3,3 millones de parados, el mayor incremento de su historia en un período tan corto. Seguirá subiendo. Para paliar el daño, el Congreso dio el viernes el visto bueno definitivo a un paquete de estímulo económico por valor de 2,2 billones de dólares. Se esperaba que anoche lo firmara el presidente, que lleva días repitiendo como un mantra que «no puede ser peor el remedio que la enfermedad». El último giro de su asombrosa transformación de negacionista a experto en pandemias es anunciar el pronto regreso a la normalidad laboral. Las medidas que exige el remedio sanitario causan, en su opinión, un mal mayor: el de una economía en recesión. Esta semana le puso incluso fecha al regreso: el 12 de abril, día de Pascua. Imagina «iglesias llenas en todo el país».

Nuevas directrices

La Casa Blanca emitirá el lunes nuevas directrices. Las vigentes, válidas por un período de quince días, no van mucho más allá de animar a respetar las medidas de higiene y a evitar concentraciones de más de diez personas.

En una carta dirigida a los gobernadores, Trump explicó que se estudiará la situación de cada condado de cada estado para determinar el nivel de riesgo al que está expuesta la población y decidir en consecuencia. Sin embargo, no plantea por el momento limitaciones al movimiento ni por tierra ni por aire, por lo que parece difícil adivinarle eficacia sanitaria a su propuesta.

Si Donald Trump no se apresura, la balanza pasará a estar del lado de los gobernadores. Ahora mismo, 217 millones de personas, más de la mitad de una población de alrededor de 350 millones de habitantes, se encuentra ya bajo algún tipo de medida de restricción de movimientos. Un total de 23 estados las han aplicado, aunque por lo general son más relajadas que las que, por ejemplo, se exigen en España. No hay multas por salir a la calle e incluso en Nueva York se valora la opción de cerrar al tráfico algunas calles principales para que se pueda pasear manteniendo la distancia. Está por ver si Donald Trump influye en futuras decisiones de los gobernadores.

Nueva York registra la mitad de los 97.000 casos detectados en el país

Donde no esperan volver pronto a la normalidad es en el estado de Nueva York, epicentro de la pandemia y donde a media tarde del viernes se habían detectado cerca de 45.000 positivos. Es la cifra más alta del país, que no solo se explica por la densidad de población del área metropolitana, sino por el número de test practicados: más de 138.000. Cinco por cada 1.000 habitantes. En California, el ratio es de 2 por cada 1.000.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, anticipaba ayer que su estado espera llegar al pico de la curva de casos en veintiún días. «Estamos haciendo cosas que no se han hecho nunca antes», defendió. Entre ellas, tratar de triplicar a contrarreloj el número de camas hospitalarias disponibles. Nueva York dispone de 53.000 y el gobernador calcula que serán necesarias 140.000. Un número que no se alcanza ni incrementado al 100 % la capacidad de todos los hospitales. Por ello, Cuomo aspira a que Washington le facilite los medios federales para abrir nuevos recintos temporales con los que atender la presumible avalancha de pacientes. La buena noticia, según el gobernador, es que el número de hospitalizaciones se está doblando ahora cada cuatro días, y no cada dos días y medio como hace poco más de una semana. Algo a lo que aferrarse mientras Estados Unidos se acerca a los 100.000 casos positivos.

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