Una estudiante gallega en Seúl: «Aquí nunca se notó a la gente con miedo al coronavirus»

Lucía Gil, gallega que estudia en Seúl, asegura que se siente segura y que la vida en Corea del Sur sigue con normalidad, pero con precauciones


Lucía Gil, estudiante de Administración y Dirección de Empresas (ADE), se fue a Corea del Sur el 25 de febrero para realizar el Erasmus en la Universidad de Seúl. Por aquel entonces, la sombra de una epidemia de coronavirus en España y Galicia no era más que una mera hipótesis. El peligro se veía como algo aún muy lejano.

El epicentro estaba en China, y Corea del Sur empezaba a erigirse como un nuevo epicentro después de que surgieran centenares de casos asociados a un grupo religioso en la ciudad de Daegu. Los positivos empezaron a multiplicarse día a día, pero esta estudiante de la Universidade da Coruña no se asustó. Se asesoró primero con amigos que residían en el país asiático, que le ofrecieron todas las garantías, y optó por marcharse. Fue su mejor decisión, porque Corea del Sur ha logrado controlar una epidemia que ahora asfixia a España.

«Como en Corea ya contemplaban la posibilidad de que llegase el virus debido a que se encuentra tan cerca de China, cuando los casos empezaron a crecer el Gobierno ya estaba preparado para contener los contagios, al contrario que Europa, que no había previsto que alcanzase a su población. De ese modo, nunca hubo propagación, salvo en Daegu, donde los casos se fueron identificando a medida que iban aflorando», relata desde Seúl.

En la capital se siente segura, al igual que el resto de los coreanos. «Aquí —dice— nunca se notó a la gente con miedo al coronavirus. Todas las personas que conozco aquí se sienten seguras estando en Seúl, y yo también. Creemos que el Gobierno manejó bien la situación y nunca tuvimos miedo de lo que pudiese pasar».

La vida sigue su rutina diaria en la megalópolis. «Aunque sí que recomiendan alejarse de las multitudes —advierte Lucía—, porque la gente sigue saliendo a la calle, nunca llegó a haber cuarentena ni nunca se vieron las calles totalmente vacías. Los supermercados siempre están llenos de productos, y las tiendas siguen abiertas, al igual que restaurantes, bares, discotecas o zonas turísticas».

Existe una sensación de normalidad, pero con muchas precauciones. La población mantiene una distancia de seguridad, en el transporte público todo el mundo lleva mascarillas y se han repartido desinfectantes de manos por todas las zonas públicas. «Al entrar y salir del metro o el bus hay un desinfectante para echarse, y al entrar en las tiendas u otros lugares los dependientes te echan desinfectante antes de tocar nada», constata Lucía Gil. Además, en zonas turísticas, centros comerciales y discotecas toman la temperatura a los clientes antes de entrar.

Ahora mismo, Lucía Gil está más segura en Seúl que en Galicia. Pero su madura reflexión es otra: «En mi opinión, España, al igual que el resto de Europa, desde un principio interpretó que como China está lejos probablemente el coronavirus no iba a llegarles. Sin embargo, en un mundo tan conectado como hoy la distancia no es una barrera para desentenderse de un problema como este, por lo que Europa debía de habérselo tomado en serio para evitar los contagios».

Un español en Shangai: «Nos controlan con un código QR para saber de dónde vienes»

María Vidal

Este asturiano nacido en Lugo, que lleva ocho años viviendo en China, relata cómo poco a poco están regresando a la normalidad

Lalo sigue de cerca las noticias que estos días llegan a China desde España. Su familia y él se han intercambiado los papeles, si antes eran ellos los que se preocupaban por él, ahora es él, el que teme por los suyos. Mientras aquí nos preparamos para afrontar los días más duros, en Shanghái, donde reside, paulatinamente tratan de recuperar la normalidad. Él, incluso, ya ha vuelto a tomar algo con sus amigos. «Sí, la primera vez dijimos todos: ‘Por fin’», explica este joven ovetense nacido en Lugo.

A día de hoy «estamos al 70 %», cuenta. Todavía no se han retomado las clases, ya que los colegios y universidades permanecen cerrados, aunque cada vez hay más restaurantes abiertos, la paquetería trabaja a la perfección y el metro funciona como siempre. Explica que de manera progresiva se está volviendo a la vida normal, viendo qué empresas pueden abrir y cuáles no. En los trabajos se mide la fiebre dos veces al día, se lleva un recuento de quién entra y quién sale... «Lo que están es controlando muchísimo la circulación de gente en ciertos sitios, cuando vas a un lugar de riesgo, como el metro, el autobús, o un hotel... hay un control de temperatura, y en muchos casos un código QR que se produce a través de una aplicación, en la que se cruzan un montón de datos y, en función de eso, pueden decirte si eres paciente de riesgo o no. Pueden saber en todo momento tus movimientos, dónde has estado y, en caso de que hayas estado en un punto con peligro de contagio, te pueden poner en cuarentena», explica este español que lleva ocho años residiendo en China.

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