¿Por qué Japón ha logrado controlar el coronavirus sin confinar a la población?

Solo la disciplina y la higiene de la población, un sistema sanitario fuerte y el aislamiento rápido de los afectados parece explicar su éxito,porque tampoco ha realizado test masivos a los ciudadanos


redacción

China, Corea y Japón. Fueron en un primer momento los tres países más afectados por la pandemia de coronavirus. Los dos primeros han logrado controlarla, cada uno con estrategias diferentes, y el Gobierno nipón también. Con una táctica propia. En la actualidad solo tiene 1.399 casos confirmados y el número de muertos se ha reducido a 47. Unas cifras que contrastan, por ejemplo, con lo que sucede en España, con 56.188 positivos y 4.089 fallecidos. 

Lo más extraño, sin embargo, es que las autoridades niponas no se han visto obligadas al confinamiento extremo de la población, como China, ni tampoco han realizado test de diagnóstico masivos entre los ciudadanos con un estricto seguimiento de las personas en cuarentena a través de una aplicación móvil, como en Corea del Sur. Han cerrado escuelas, cancelado acontecimientos deportivos y eventos multitudinarios, pero la población no tiene restringidos sus movimientos ni fue obligada a permanecer encerrada en casa. Ni tampoco se bloquearon ciudades o comunidades para evitar la propagación del virus.

Es más, una auténtica multitud se congregó el pasado fin de semana para asistir, en distintos puntos del país, a uno de los acontecimientos del año en el país: la floración de los cerezos. Es su fiesta de primavera. «Si la suspendiéramos, sería como quitarle los abrazos a los italianos», dijo la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike.No lo hicieron.

Japón tiene la población más envejecida del mundo, junto con España, el colectivo más vulnerable ante el coronavirus. Y tampoco goza de grandes espacios abiertos debido a su enorme densidad de población. Existe, además, un elevado porcentaje de ciudadanos fumadores, lo que no ayuda a combatir los síntomas respiratorios que pueden derivarse de COVID-19. El país reunía un gran número de papeletas para convertirse en uno de los grandes focos de la epidemia. Pero no ha ocurrido así.

¿Cuál es, entonces, el secreto e de su éxito? Una de las claves es que las autoridades sanitarias han sabido muy eficaces en la detección epidemiológica de los primeros grupos de contagio, que han aislado adecuadamente para frenar la transmisión. «Japón ha tenido mucho éxito en contener la propagación de COVID-19 al enfocarse en grupos de brotes. Es decir, personas que infectan a las otras personas. Se les ha hecho pruebas y se les ha aislado», según explicó a la BBC Kenji Shibuya, director del Instituto de Salud de la Población de la Universidad King's College de Londres.

A ello hay que añadir un sistema sanitario muy fuerte, con una adecuada atención a los pacientes y con 13,4 camas de hospital por cada mil habitantes. Son cuatro veces más que España, con tres, o el triple que Italia, con 3,4. El dato supera incluso al de Alemania, con 8,3. Pero estas razones tampoco son suficientes para explicar la exitosa estrategia nipona. Es necesario, según los expertos, recurrir a otras más de tinte sociologico y cultural. Y aquí entra en juego la disciplina japonesa, muy entrenada para afrontar otro tipo de desastres, como terremotos y tsunamis. No hace falta obligarlos, ya saben lo que tienen que hacer y siguen estrictamente las recomendaciones de las autoridades de mantener una distancia social. Pero en su caso tampoco hace falta incidir demasiado, porque los japoneses, a diferencia de los mediterráneos, no son pródigos ni en besos ni abrazos en público.

La disciplina y el cumplimiento de las normas es lo que también convierte en cotidianas las escenas de multitud de japoneses con las mascarillas tapándose la cara por las calles. Si lo hacen ya habitualmente por precaución, con el coronavirus todavía más. A ello hay que añadir otro hecho cultural: la estricta higiene de los nipones.

Ante su favorable situación, el Gobierno se plantea reabrir las escuelas en abril. Pero aún no se ha decidido, porque, en este caso, la medida sí cuenta con detractores.

«Hasta la fecha, mi día a día en Japón es prácticamente normal»

Beatriz Antón
Ángela Ares Pita, en una playa de la isla japonesa de Okinawa, donde trabaja para un centro de investigación desde hace cuatro años
Ángela Ares Pita, en una playa de la isla japonesa de Okinawa, donde trabaja para un centro de investigación desde hace cuatro años

La ferrolana Ángela Ares Pita, investigadora en Okinawa, asegura que muchos nipones dudan de las cifras oficiales de contagios

Si en países asiáticos como Filipinas o Malasia la población vive confinada por el coronavirus, en Japón la situación es bien distinta. Al menos por el momento. Lo cuenta, a más de diez mil kilómetros de distancia, la bióloga ferrolana Ángela Ares Pita, quien desde hace ya cuatro años trabaja el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa, uno de los centros de investigación más prestigiosos del país nipón.

«Hasta la fecha, mi día a día es prácticamente normal: voy a trabajar a mi instituto como siempre y me muevo con libertad por la isla de Okinawa. Eso sí, en el trabajo se han intensificado ciertas precauciones, como el uso de los geles sanitarios, habitualmente presentes en todas las empresas, y también nos piden que reduzcamos la distancia con los compañeros y que todas las reuniones sean on-line. Pero son solo recomendaciones, no hay una exigencia como en España, por lo que podemos seguir con nuestras vidas de una forma más o menos normal: trabajo, actividades acuáticas, paseos, restaurantes...», explica la investigadora ferrolana.

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