Los ERTE y los ceses de actividad de los negocios colapsan las asesorías

La principal preocupación de los empresarios radica en cómo afrontar los pagos y cómo conseguir ayudas


vilagarcía / la voz

Autónomos que nunca habían pisado una asesoría precisan ahora sus servicios

Estos días no solo están dándolo todo los sanitarios, las fuerzas del orden, los transportistas y el personal de los supermercados. Las asesorías fiscales y contables también están al pie del cañón, afrontando una carga de trabajo como nunca habían tenido. Valgan dos ejemplos. Más de la mitad de los 160 clientes de ASEC Asesores (Cambados) han presentado un ERTE, porcentaje que es todavía mayor en GSA Asesores, situada a pocos metros de allí. «Estamos asfixiados», «temos unha carga de traballo bestial» son algunas de las frases que emplean los profesionales consultados por esta redacción a la hora de referirse a la situación que ha planteado la crisis del coronavirus.

El teléfono no para de sonar porque a los empresarios les urge saber a qué escenario se enfrentan y cómo pueden afrontarlo. «Eu dedico hora e media todos os días a atender as chamadas de teléfono e o WhatsApp», señala Fernando Piñeiro.

Los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) son solo uno de los frentes abiertos, y se presenta muy complicado habida cuenta de la gran cantidad que se están tramitando y del retraso que acumulan; de los tres mil presentados en la provincia de Pontevedra, ayer al mediodía la Xunta solo había resuelto un 10 %, según los datos que manejan las asesorías.

Pero hay otros asuntos que ocupan y preocupan a los empresarios: la tramitación de los ceses de actividad y de las ayudas para los autónomos, las declaraciones trimestrales del IVA y el IRPF -que debe completarse antes del 20 de abril- y el inicio de la campaña de la Renta el 1 de abril.

Colectivos de autónomos como UPTA y APE Galicia están pidiendo un aplazamiento en la presentación de la autoliquidación del IVA, en las retenciones de los trabajadores, retenciones e ingresos a cuenta por arrendamientos de inmuebles urbanos y pagos fraccionados del IRPF, pero el Gobierno sigue sin atender sus demandas y los plazos corren en su contra.

Las asesorías están desbordadas y temen que lo peor esté todavía por llegar. De momento, se están encontrando en sus oficinas con casos inéditos, como el del marinero que llama a sus puertas pidiendo un subsidio, cuando estos trámites se resolvían generalmente a través de Capitanía Marítima y del Servizo Galego de Colocación.

Autónomos que nunca habían necesitado asesoramiento fiscal, lo buscan ahora. Ayer mismo, antes del mediodía, en ASEC ya habían incorporado a su cartera tres nuevos clientes -un bar, una peluquería y una floristería- y cada uno con una problemática distinta. El propietario del bar puede acogerse a la exención del pago de la cuota de autónomo y solicitar un subsidio porque tuvo que cerrar el negocio por orden gubernamental. Pero el dueño de la floristería tendrá que hacer más cuentas y manejar más papeleo para poder optar a estas líneas de ayudas porque, en su caso, debe acreditar una bajada de ingresos y no el cese de actividad. En este sector no están obligados a bajar la persiana, pero ¿quién compra flores sin bodas, sin entierros y sin poder salir a la calle?

Toca sumar, restar y cumplimentar un sinfín de documentación. Menos mal que hay Internet, apuntan los profesionales, porque con las actuales restricciones para la movilidad se hace complicado salir a la calle. La solución para poder completar los informes llega vía escáner, WhatsApp y correo electrónico, aunque no todo el mundo se maneja con las nuevas tecnologías y, en ocasiones, clientes y asesores optan por coger el coche y hacer las gestiones de forma presencial. No es el caso de ASEC. Allí incluso se ha suspendido la atención al público. Sus cinco trabajadores siguen yendo a la oficina a diario, a expensas de que, de un momento a otro, haya que implantar el teletrabajo. En GSA ya lo han hecho y la mitad de la plantilla (dos personas) empezaron hace días a conectarse desde sus casas.

Las asesorías tramitan, informan y también les toca insuflar ánimos a sus clientes en estos días tan complicados. «Facemos un pouco de psicólogos», señala Fernando Piñeiro.

«Todo isto é moi duro para os empresarios e nós somos os primeiros interesados en que as empresas sigan funcionando», apunta Xurxo Charlín. Tanto es así, que en su asesoría han decidido no cobrar por sus servicios cuando se trata de gestionar un ERTE o un cese de actividad. «Non nos parece ético cobralo nestas circunstancias», explica.

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