Miedo al contagio en el tren de Madrid

Una pasajera denuncia que hizo el viaje a Santiago pegada a otros dos viajeros


santiago / la voz

El miedo al contagio del coronavirus se ha propagado con mayor velocidad que el propio virus y hace que cada vez sean más los que exigen que se cumplan de forma estricta las medidas de seguridad, con la separación mínima de un metro y medio entre personas, para evitar riesgos en recintos cerrados como el supermercado, las oficinas que aún están abiertas o el transporte público. El confinamiento ha reducido al máximo la ocupación de autobuses y trenes, pero no tanto en la línea que hace el viaje desde Madrid hasta Santiago, en la que el domingo se produjo un incidente porque una pasajera denunció que tuvo que hacer todo el trayecto pegada a otro viajero.

La joven, como muchos universitarios en Madrid, optó en primer momento por pasar el confinamiento en casa de una amiga en la costa levantina. El coronavirus no había aún mostrado su cara más terrible, la que nos exhibe ahora, y todo hacía pensar en que serían solo quince días y que después podría volver a la normalidad de sus estudios.

Se equivocó y no tardó en darse cuenta, por lo que comunicó a su familia, que reside en Santiago, su intención de regresar cuanto antes porque tenía miedo y quería pasar estos angustiosos momentos junto a los suyos. Su padre pensó en ir a buscarla en coche, pero no consiguió, pese a hacer las gestiones oportunas ante la Policía Nacional y la Guardia Civil, que le firmasen un salvoconducto que le permitiese completar el trayecto, de más de 800 kilómetros, sin tener que dar explicaciones en cada control y exponerse a una dura multa.

Ante la negativa, la joven compró los billetes de tren. El viaje desde Levante hasta Madrid lo hizo sin problemas. Eran solo tres en el vagón, por lo que había más separación entre los pasajeros de la que marcan los protocolos anticontagio. El problema surgió cuando se subió al ferrocarril que debía traerla desde la capital de España a Santiago.

Para cumplir con la distancia mínima, Renfe ha reducido considerablemente el aforo en los vagones, de tal forma que en cada fila de tres asientos a cada extremo de la cabina solo vaya un pasajero, dejando además una fila libre por delante y detrás de cada persona. Así estaban distribuidos en la mayoría de los puestos, pero no en el de esta pasajera.

En su caso, había tres personas seguidas sin una fila entre ellas de separación, por lo que buscó un asiento libre que le permitiese guardar la distancia mínima de seguridad pero no lo encontró. Fue entonces cuando, muy preocupada, recurrió al revisor. «Cuando le expliqué lo que pasaba y que era un peligro, en voz alta, me dijo que no fuésemos tontos de más», explica la joven, que asegura estar «indignada» ante la reacción del trabajador de Renfe. «Me parece impresentable, porque en la página web de la compañía explican que esa debe ser la distribución en el vagón y no es una cuestión de ser tontos de más, hay un riesgo muy real y peligroso de contagio porque el coronavirus es sumamente contagioso, por lo que todos debemos extremar las precauciones y mucho más las compañías de transporte. En este caso, es además estatal, por lo que más aún», se queja el padre de la pasajera, que espera que su denuncia sirva «para que no vuelva a pasar».

Renfe asegura que había espacio libre y que le ofrecieron «con educación» cambiarse de sitio 

La versión del incidente que hace Renfe difiere sustancialmente de la que expresa la pasajera en su queja, que apoya con una fotografía en la que se ve cómo al menos tres personas viajaban en el vagón sin que se cumpliese la distancia de seguridad.

La compañía asegura que «la nueva comercialización de todos los servicios se realiza con un contador al 30 % de la oferta del tren, sin asignación de plaza y en clase única». En el caso del tren que el pasado domingo salió de Madrid a las 15 horas con destino a Santiago, Renfe asegura que había espacio libre, porque de 262 plazas disponibles solo puso a la venta 84 y nada más que se vendieron 69, «por lo que se cumplió con la normativa establecida, existiendo espacio suficiente para mantener la distancia de seguridad».

Renfe asegura además que su personal de intervención afirma que atendió a la viajera «con educación y sin faltarle al respeto en ningún momento, informándole que podía sentarse en donde quisiese siempre y cuando mantuviese la distancia de seguridad con el resto de viajeros».

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