La incertidumbre agudiza la caída del precio del pescado fresco en las lonjas

La merluza de volanta de Gran Sol se desplomó en Burela y Celeiro a un euro el kilo


viveiro / la voz

Barcos gallegos de gran altura, de altura, de litoral y de bajura continúan faenando, empeñados en cumplir su compromiso de suministrar pescado fresco, sano y sanitariamente seguro. Igual que ellos, el personal de las lonjas, los distribuidores, los transportistas y los pescaderos. Asisten con preocupación a un desplome de precios que perdura desde hace una semana. Este martes se ha agudizado, espoleado por la incertidumbre. Unos faenan sin saber cuánto les van a pagar y otros compran en lonja sin tener la certeza de que lo van a vender. Ninguno sabe cuánto podrá resistir, pero todos tienen claro que durante la crisis sanitaria, económica y social por el coronavirus, los productos del mar frescos son más necesarios que nunca.

Buen ejemplo del cataclismo fue el de este martes en las lonjas de Celeiro y Burela, en A Mariña lucense. La merluza fresca de Gran Sol capturada con volanta de fondo se pagó a medias de un euro el kilo, la tercera parte de lo habitual, explican Eduardo Míguez, director general adjunto de Puerto de Celeiro y Miguel Neira, gerente de Armadores de Burela. En el Muro coruñés no llegó al euro, lo mismo que el rape.

Igual que desde el inicio del confinamiento por el COVID-19, se vendieron los alrededor de 52.000 kilos subastados en esas dos rulas. Capturas de dos volanteros, unos 35.000 kilos, en la celeirense, a promedios de 1,07 y 1,22 euros. Unos 17.000 kilos en la burelense, a 1,05 la de volanta y a 4,10 la del pincho, la alta gama de los merlúcidos.

Al menos en las lonjas de A Mariña, el coronavirus también le pasa factura a la xarda. A los arrastreros de litoral, cerqueros y lanchas artesanales se la pagan en Celeiro a medias de 50 céntimos el kilo o ligeramente superiores. Sin demanda del mercado italiano, se congela para carnada del pincho de Gran Sol o se elabora para exportar a países del Este europeo o del continente africano.

Desde el inicio de las restricciones por la pandemia, todos los eslabones de la pesca tratan de sobreponerse al nerviosismo inevitable por el vaivén de los mercados. Resistir es la consigna, pero depende, sobre todo, de la demanda y de las cotizaciones. Sin unos ingresos mínimos para no incurrir en pérdidas, no les quedará más remedio que amarrar.

Desde los primeros días de la cuarentena colectiva por el coronavirus, voces de la pesca de todo el litoral español se alzaron protestando porque el desplome de precios que soportan los extractores no lo traslada la cadena comercial al consumidor final, lo que puede retraerlo cuando su capacidad económica es menor.

Al menos este martes, pescaderías tradicionales como Grallal de Viveiro sí han aplicado la caída de cotizaciones en lonja a sus tarifas de venta al público. Con más clientela que en los últimos días, ofrecía merluza fresca entre 3,90 y 6,50 euros el kilo, xarda «grande de anzol» a 3,50 o besugo entre 7,50 y 12,90. En algunos supermercados la merluza seguía entre 8 y 12 euros el kilo.

Dos marineros pueden viajar juntos en un coche si es de 5 plazas; y tres, en uno de 9

El real decreto que declara el estado de alarma ha dejado una estela de dudas e incertidumbres entre sectores como el agricultor, ganadero o pesquero, obligados a trabajar pero sin perder de vista las restricciones impuestas para toda la población. Como la de la movilidad. ¿Pueden un grupo de marineros desplazarse juntos hasta su lugar de trabajo? ¿Cómo debe justificar que se dirige al barco? El Ministerio de Agricultura y Pesca trató ayer con una nota informativa de arrojar luz sobre alguna de estas cuestiones.

Por ejemplo, dejó claro que se pueden utilizar furgonetas para el traslado de los trabajadores al campo y de marineros a los buques pesqueros a los puertos. Ahora bien, «siempre que no se ocupe más de un tercio de los asientos disponibles de la ocupación máxima del vehículo y guardando las medidas de seguridad dictadas por Sanidad». Es decir, que pueden viajar dos personas en un coche de cinco plazas y tres en una de nueve, sentándose cada uno en una fila de asientos, por más que en el barco tengan que estar después codo con codo. En cuanto a la acreditación, apunta que «no existe obligación de una acreditación particular para esta situación», aunque «algunas organizaciones o entidades están facilitando modelos para sus asociados que pueden ser útiles» para facilitar la justificación si se lo requieren las autoridades.

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