Corte de pelo a domicilio: mascarilla, guantes y cierto temor

La lucense Ángeles Salgueiro hizo un servicio para una persona de movilidad reducida extremando las precauciones


Cuando el coronavirus ya empezaba a hacer de las suyas por España, en los días previos a que el gobierno decretase el estado de alarma, las clientas que acudían al salón de Ángeles Salgueiro en Viveiro ya se encontraban a la estilista provista de guantes y mascarilla. La peluquera es una mujer responsable que se toma muy en serio tanto su trabajo como las recomendaciones sanitarias. Por eso esta semana, cuando recibió una llamada para acudir a un domicilio a hacer un servicio a una persona con movilidad reducida —lo único que permite la ley, que establece que todos los salones deben estar cerrados— accedió, pero extremando todas las precauciones.

«Se trataba de un caso de higiene. Una persona con movilidad reducida que necesitaba un corte de pelo para poder administrarle un tratamiento en el cuero cabelludo», explica la estilista, que entendió que era su deber abandonar el confinamiento en el que lleva desde el día 21 para cumplir con su tarea.

Para extremar las precauciones, Ángeles volvió a echar mano de la mascarilla y los guantes y se presentó en el domicilio. Allí la aguardaban las dos cuidadoras que tiene la persona a la que cortó el cabello, también provistas de guantes y mascarilla. Cumpliendo con las recomendaciones, en todo momento intentaron mantener la distancia de seguridad, si bien su tarea exigió aproximarse a su clienta.

«Las cuidadoras, que son las que están preparadas, se encargaron de movilizar a la persona y yo hice el resto, la higienización del cabello y el corte con mi utillaje y mi capa de corte. Se lo dejé muy cortito para poder aplicar bien el tratamiento en el cuero cabelludo, que era el motivo por el que necesitaba el servicio», describe la peluquera, que no cobró por su trabajo al entender que todos debemos ser solidarios, y más en situaciones como la que ahora se vive.

Ángeles reconoce que nada de lo que está sucediendo ahora se encuadra en la normalidad. «Realmente mi único temor era poder contagiar a esa persona. No tengo ningún síntoma, mi exposición y la de mi familia es cero, pero siempre tienes ese temor», describe.

Ella es de las pocas peluqueras lucenses que desde que se decretó el estado de alarma ha echado mano de las tijeras y el peine. La gente, explica, ha asumido que solo deben recurrir a sus servicios en caso de necesidad, y apenas reciben llamadas. De ahí que también lance una queja: «¿Realmente, es posible mantener un negocio atendiendo a una persona al mes?». Ve su sector un poco desamparado y reclama también apoyo de las administraciones.

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