«Nos hicieron sentirnos tirados: ni un agua nos ofrecieron desde el consulado»

Cuatro gallegos lograron regresar a Sanxenxo después de un viaje de dos días desde Filipinas


SANXENXO / LA VOZ

Ricardo Dopazo, Mónica Loureiro, Guillermo Dopazo y Maite Méndez, los cuatro sanxenxeiros atrapados en Filipinas por la crisis del coronavirus, están ya en su villa natal desde el sábado, tras un exitoso y largo viaje de dos días hasta regresar a Galicia.

Cuando se fueron todo era normal en España y el coronavirus era solo un problema lejano en China. Al volver, se encontraron con España en estado de alarma. En cuestión de pocas semanas, todo ha cambiado de forma radical. «Cuando nosotros salimos de aquí, el 29 de febrero, el mensaje que había era que había una gripe y que no iba a pasar nada», explica Ricardo. Los cuatro quieren dejar claro que no fueron personas temerarias que se marcharon a hacer turismo en medio de una crisis mundial y con España cerrada. Lo hicieron cuando ni se soñaba con lo que iba a suceder.

Cuando estaban en Filipinas no había casos de coronavirus en Palawan y Cebú, pero al ver cómo iban las cosas en Europa, y ante las preocupantes noticias que les empezaron a llegar de España, decidieron hacer las maletas y regresar. «Teníamos miedo de que pasase en Filipinas lo que ocurría aquí, porque si allí llegase a entrar la pandemia, esta barre con el 80 % de la población», indican.

Pese a la falta de medios que tienen los filipinos, notaron un incremento de medidas higiénicas y dicen que esperaban algo mejor en España. «Alucinamos con lo mal que están haciendo las cosas aquí, cuando lo podían haber hecho bien», aunque también admiten que «está todo el mundo sobrepasado».

Agradecen su apoyo al alcalde de Sanxenxo, Telmo Martín. «Nos consta que se movió: llamaba tres veces al día, en horarios que aquí se tenía que estar durmiendo». De la Xunta los llamaban «cada poco tiempo» para ver cómo iban, «pero no podían hacer mucho más, porque todo dependía de que el embajador moviese ficha». Sobre este punto son rotundos: «Nos hicieron sentirnos tirados: ni un agua nos ofrecieron desde el consulado». Inciden: «De la embajada, cero coordinación, cero ayuda. Nos ayudó más el Gobierno filipino, que al menos en Puerto Princesa nos dio de comer y cenar en el aeropuerto. De España no esperábamos la repatriación, pero por lo menos sí coordinación».

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