Un gallego en el 112 italiano: «Alguna gente se fue a esquiar en vez de quedarse en casa»

El moañés Xavier Gallego asegura que la sanidad en ese país está saturada y rota


Hace pocas semanas, al moañés Xavier Gallego, de 38 años, lo operaron de un pie. Él es enfermero y trabajaba como supervisor en el área de cardiología del hospital de Imperia, en la región italiana de Liguria, un pequeño territorio encajado entre la costa mediterránea y las regiones de Lombardía, Emilia Romaña y Piamonte, las zonas rojas de la epidemia en el país. «Me dijeron: ‘¿Un enfermero cojo? ¡Al 112, que falta personal!'». Como no podía moverme, podía atender el teléfono». Lleva solo dos semanas en el servicio telefónico de emergencias, al tiempo que, en medio de esta crisis sin precedentes, tiene que aprender a manejar todo el sistema de trabajo. «Es un infierno», resume.

Hace unos días, Xavier contaba a La Voz que en el 112 vivían situaciones surrealistas. «Nos llama gente diciendo que tiene fiebre, él, su padre, su madre... Les preguntamos si estuvieron en contacto con algún contagiado o en alguna zona de riesgo alto, y nos dicen: «Sí, sí, hace dos días estuve en Lombardía. Me fui allí a esquiar con unos amigos...». Al otro lado del teléfono se escucha la impotencia: «¿Qué le dices a esa gente? ¡Llevan semanas diciendo que no se puede ir a esquiar y siguen yendo!», se lamenta.

Y hay más ejemplos. Hay «un montón de jubilados» que se saltaron el confinamiento para ir a sus viviendas en la costa. La región donde él vive es un calmado lugar con muchas segundas residencias frecuentadas por personas mayores. El cierre de Lombardía, que tanta gente se saltó, no hizo sino extender el virus.

Italia decretó el confinamiento del país antes que España. Sin embargo, el número de nuevos contagios ha seguido creciendo de forma imparable. Hay mucha gente en el país que sí respetó las medidas, similares a las de aquí, que consisten en quedarse en casa y no salir salvo para ir al trabajo o a comprar comida. Pero también hay quien no atendió a las restricciones. «Cuando suspendieron las clases había jóvenes que se iban a esquiar... y así no se puede».

Ahora ya no ocurre. «La policía ya está controlando seriamente quién sale de casa —dice—, pero el mal ya está hecho, porque el virus se ha ido diseminando». Lo que le ha quedado claro es que sin la actuación policial no se cumplirían las medidas del confinamiento.

Un sistema sanitario roto

El principal problema de Italia es que el sistema sanitario lleva semanas roto. Las urgencias están a tope, las ucis, los teléfonos de emergencias... todo. Casi todas las llamadas que recibe el 112 tienen relación con el coronavirus. «La mayoría son por fiebre, tos o dificultades respiratorias», pero también hay alguna gente que llama para pedir información, lo que satura las líneas. «Hay gente que tiene solo fiebre y llama, o gente que solo tiene tos...». Después hay casos más serios. En el 112 están a tope. Ocurre como en Galicia, donde la Xunta ha tenido que reforzar la centralita del 061 y del 900 400 116 porque estaban tan saturadas —y por momentos siguen estándolo— que no recibían llamadas.

Lógicamente, se nota que hay menos llamadas por accidentes de tráfico y traumatismos por deporte, como las caídas de ciclistas, un deporte muy arraigado en Italia. Como la gente no puede estar en la calle, no hay accidentes de este tipo. En el país mediterráneo llevan ya más de dos semanas sin permitir que nadie salga de sus municipios. Los ciudadanos tienen que imprimir un autocertificado para mostrárselo a la policía si los detiene. Xavier Gallego es de los que trabajan en un ayuntamiento distinto al de su residencia, y circula por las carreteras vacías, solo con la compañía de su certificado.

Luis Bonilla, un noiés confinado en Italia: «Sin generosidad no vamos a sacar el mundo hacia delante»

Álvaro sevilla

Viviendo la crisis del COVID-19 en el país transalpino, confiesa que se le puede buscar el lado positivo

Noiés de adopción, Luis Bonilla tomó las maletas a finales del 2018 para dar el salto a la Serie A italiana, la primera división del fútbol transalpino. Allí forma parte del grupo de metodología del Udinese, equipo de la región de Friuli-Venezia, donde le ha tocado vivir un confinamiento que ha paralizado prácticamente a todo el país. «El último entrenamiento fue el día 11. No está previsto que volvamos hasta el día 3 de abril. Pero no sé si se alargará. Veo un futuro incierto».

Confiesa que la situación en su zona no ha llegado al extremo de lo ocurrido en Lombardía, principal foco de contagio del COVID-19. «Estoy con la familia. Los niños tienen clases online. Intentamos hacer deporte y sacarle el lado positivo a esto. Por ejemplo, hablamos con ellos de educación sexual. Es mejor que se lo expliquemos nosotros antes que el amigo listillo del grupo», destaca el que fue el último entrenador del Noia en ganar la liga y ascender a Tercera.

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