Cuarentena olímpica de una grovense a los pies de un pantano madrileño

Natalia García comparte una casa en el entorno de Picadas con las otras cuatro integrantes del equipo nacional femenino de kayak


Vilagarcía / La Voz

La inmensa mayoría de los deportistas españoles de élite sobrellevan el estado de confinamiento generalizado como buenamente pueden en sus respectivos domicilios. Algunos añaden a la dificultad de intentar mantener el máximo nivel de forma posible dentro de tan estrechas limitaciones el hecho de hacerlo lejos de casa. Es el caso de tres de los piragüistas que venían trabajando con la mente puesta en ganarse el derecho a pelear para España la plaza en alguno de los barcos todavía sin dueño en los cada vez más improbables Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Una, la grovense Natalia García, confinada en una casa del entorno del pantano madrileño de Picadas. Los otros dos, el palista de Poio Sergio Vallejo y la pontevedresa Antía Jácome, pendientes de poder enfilar hacia sus hogares tras quedar varados en el Hotel Balneario Laias Caldaria, en la provincia de Ourense, a donde habían llegado el sábado 14 apenas unas seis horas antes del anuncio del decreto de estado de alarma para una concentración del equipo nacional de canoa Sub-23 en el Centro de Entrenamiento de Remo y Piragüismo de la zona.

Natalia García ha venido compartiendo desde el primer día el confinamiento obligado en la lucha contra el coronavirus COVID-19 con sus cuatro compañeras del equipo nacional de kayak femenino, con sede en la Residencia Blume de Madrid. «El miércoles 11 por la tarde nos dijeron que al día siguiente al mediodía -60 horas antes de que el gobierno central decretara el estado de alarma- todos los residentes de la Blume teníamos que estar fuera de allí», recuerda Natalia. «Fue todo una toma de decisiones muy a prisa», explica. «En ese momento no se sabía que iba a haber un confinamiento, y que no se iba a poder entrenar. Luis -Brasero, el seleccionador- nos buscó una casa a las cinco cerca del pantano de Picadas, pensando que podríamos seguir entrenándonos». De hecho, el equipo trabajó en el agua ese jueves, viernes y sábado. Ahora solo lo puede hacer en el gimnasio en precario que buenamente han podido improvisar.

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Gimmasio casero de la grovense Natalia García y sus compañeras de confinamiento Gimmasio casero de la grovense Natalia García y sus compañeras de confinamiento

«Obviamente, podríamos haber tomado la decisión de marcharnos a casa», pero, expone Natalia, dos razones llevaron a sus compañeras y a ella misma a no hacerlo entonces: «Teníamos la esperanza de que, como en otros países, a la gente del equipo español se nos concediese un permiso especial para poder seguir entrenándonos», y por otro lado, «teníamos miedo de poner en riesgo la salud de nuestras familias -Madrid es el principal foco de contagios y fallecidos de España-, y decidimos no volver a casa». Un planteamiento, el del regreso al hogar, que, apunta Natalia, probablemente cambie pronto, ya con 9 días de confinamiento atrás.

Un gimnasio improvisado, comida a domicilio, y animándose entre las cinco

Tan solo tres días pudieron continuar su rutina de entrenos en el agua en el pantano madrileño de Picadas Natalia García y sus cuatro compañeras del equipo nacional de kayak femenino, la vasca Begoña Lazkano, la ceutí Isabel Contreras, la mallorquina Aida Bauza y la catalana Laia Pelach. Con todo, a pesar de la rápida sucesión de acontecimientos desde el cierre de la Residencia Blume y el decreto del estado de alarma que incluyó el confinamiento general, las cinco deportistas de élite fueron lo suficientemente ágiles para trasladar parte del material con el que trabajaban en la pequeña instalación deportiva de Picadas a su vivienda accidental.

Un remoergómetro multiplicado el pasado domingo por dos, un banco de pesas, unas mancuernas y un juego de TRX conforman el grueso de su equipamiento en una casa de una planta con cinco habitaciones, salón, cocina, y un pequeño recinto exterior cubierto en parte. Con esta infraestructura intentan mantener el máximo nivel de forma mientras esperan el desenlace del debate sobre la continuidad o aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Natalia y sus compañeras tiran de comida y cena a domicilio, saliendo lo indispensable para abastecerse de comestibles para el desayuno. «Non queremos comprar moito, porque non sabemos cando nos van mandar para casa», dice la grovense, que a pesar de estar habituada a estar lejos de los suyos, reconoce que vive una situación «difícil». «Por suerte», nos cuenta, «entre nosotras nos llevamos muy bien, y nos apoyamos los días que puedes estar peor».

Vallejo y Jácome confían en salir ya de su confinamiento en un balneario

pablo penedo

Los pontevedreses viajaron horas antes del decreto de estado de alarma a Laias con el equipo nacional de canoa

Diez días atrás, Sergio Vallejo y Antía Jácome decidieron continuar con los planes del cuerpo técnico del equipo nacional de canoa, con sede en el Centro de Alto Rendimiento de La Cartuja, en Sevillla. Tras partir a primera hora de la mañana de la capital andaluza, ocho palistas y dos entrenadores llegaban a las cinco de la tarde del sábado 14 al Hotel Balneario Laias Caldaria en la provincia de Ourense con intención de concentrarse allí hasta el selectivo nacional para el Preolímpico del 22 y 23 de abril, antes de la decisión de la Real Federación Española de Piragüismo de su suspensión, como la de todas sus competiciones durante el mes de abril, y de que su homóloga mundial anulase los procesos preolímpicos de asignación del 15 % de plazas aún vacantes para la cita de Tokio.

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