Comida a domicilio, un servicio con una rentabilidad social, más que económica

Los negocios que todavía cocinan lo hacen como un guiño a sus clientes de siempre, que han atraído a otros

Algunos restaurantes de Lugo mantienen abierto el servicio a domicilio
Algunos restaurantes de Lugo mantienen abierto el servicio a domicilio

LA VOZ / LUGO

En la puerta de los restaurantes cuelga el cartel de cerrado, pero dentro los fogones están encendidos. El estado de alarma decretado por el Gobierno ante el coronavirus obligó a los negocios de hostelería a cerrar al público, pero les permitió mantener las cocinas abiertas y servir la comida a domicilio. Solo unos pocos restaurantes de Lugo han optado por ello. Detrás de su decisión se encuentra el deseo de satisfacer a sus «clientes de siempre». Los pedidos han sido muy pocos en diez días de confinamiento, así que la rentabilidad, por ahora, es solo social, aunque el boca a boca funciona y reciben llamadas de personas que se interesan por el servicio.

«Tenemos clientes que nos visitan todo el año y ahora no se pueden desplazar. También tenemos el caso de una persona en silla de ruedas, que ya se lo llevábamos antes durante todo el año», explica José Antonio Paredes, propietario de O Xugo, frente al Parque Rosalía de Castro.

Tienen una media de 14 pedidos al día. Los comensales que conocen por el nombre llaman por teléfono, mientras que los que han descubierto su oferta a través de los buscadores en Internet utilizan la aplicación Just Eat. Pero detrás de ese punto de luz que pueda suponer la entrega a domicilio para las cuentas a final de mes está el incontestable vacío del comedor. De los 18 empleados que eran, solo ocho están en activo.

«No hay ganancia por ningún lado, hay pérdida, pero ¿qué se le va a hacer? Hay gente que está peor y nosotros no íbamos a dejar colgado ahora al cliente de siempre», asegura Paredes.

La voluntad de cumplir con las personas que funcionan como pilares de estos negocios el resto del año fue lo que también llevó a Jacobo Rodríguez, de A Taberna dos Peña a mantener la cocina abierta. Tiene un listado de personas a las que llama cada día. «La mayoría es gente mayor y lo que demandan son cosas muy básicas, casi más de compañía, de hablar...», cuenta.

Proximidad

Muy próximos al colegio Rosalía de Castro, el repartidor de A Taberna cubre en moto «un radio de acción cercano, por Ramón Ferreiro y San Roque». En esas calles se concentran los 10 pedidos de media que reciben al día y que no cobran al momento, sino que dejan para cuando se normalice la situación.

«Son clientes que ya conocíamos del bar o familiares de esos que les pasaron el teléfono», señala Jacobo, que constata la efectividad de ese ‘boca a boca’, pero que también descarta que pueda llegar a crecer de tal manera que les permita sortear pérdidas.

Óscar Rubín, el único de los seis empleados del restaurante Antas que trabaja a día de hoy, cree que los pedidos irán incluso a menos después de que la gente haya hecho acopio de comida en sus casas. «Todos dicen que va a empezar a subir, pero no sé», dice poco convencido.

 «Si nos quedamos sin guantes vamos a tener que cerrar»

A día de hoy no existen pruebas de que los alimentos puedan ser una fuente de transmisión del virus, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, de ahí que los esfuerzos para evitar contagios se centren en el contacto entre personas. Los restaurantes que sirven comida a domicilio acuden muchas veces a petición de gente mayor, considerada especialmente vulnerable al virus. Sus trabajadores cumplen con las recomendaciones sanitarias, pero sufren la misma carencia de material: «Si nos quedamos sin guantes, vamos a tener que cerrar», admite Jacobo Rodríguez, de A Taberna dos Peña.

En su caso, asegura que empezaron a tomar precauciones incluso antes de que el Gobierno decretara el estado de alarma, por ejemplo con el uso de unas mascarillas especiales que ya utilizaban para la plancha. En la actualidad, emplean lejía para desinfectar la moto del reparto y la persona que se encarga de esa tarea se lava «continuamente» las manos.

Pero el material se termina y sin él no se plantean ir a domicilios de población de riesgo. «Lo que quieres es ayudarles, no meterles el bicho en casa», señala el propietario de A Taberna.

Maica García y Marta Vázquez, fundadoras de Comoencasa, se suman ahora al servicio a domicilio
Maica García y Marta Vázquez, fundadoras de Comoencasa, se suman ahora al servicio a domicilio

«La gente llama para saber cómo nos protegemos»

En la idea de negocio que Mayka García y Marta Vázquez emprendieron en diciembre de 2018 ya estaba el servicio a domicilio, pero ha sido el confinamiento por el coronavirus el que ha dado el empujón definitivo. Su marca «Comoencasa» ofrece un menú diferente cada día que varía cada semana, elaborado con las recomendaciones de un nutricionista. Sus clientes pueden optar ahora entre acercarse a recoger el pedido a su sede en el CEI Nodus o recibirlo en sus casas, servicio con el que se han multiplicado las llamadas telefónicas para saber cómo se protegen.

«Hoy mismo llamó un cliente para preguntarnos qué medidas estamos tomando para evitar contagios. La gente quiere saber y se preocupa por cómo cocinamos y cómo nos protegemos», relatan estas dos socias, que han incorporado a su día a día las mascarillas, los guantes y las distancias de seguridad: «Cuando acudimos a un domicilio, pedimos que nos dejen el dinero en el felpudo y les dejamos la comida en el felpudo, así que no llegamos ni a vernos», señalan.

Tiempo adicional

Esta semana han notado un pequeño bajón entre sus clientes habituales, algo que achacan al propio confinamiento, que les recluye en casa y les permite disfrutar de tiempo para cocinar.

Sin embargo, también han notado la entrada de clientes nuevos, que llegan hasta ellas por recomendación de otros. Desde la semana pasada, una atiende a los que se acercan hasta su cocina en Garabolos y la otra reparte a domicilio, y se alternan cada día.

El servicio a domicilio es gratuito, pero como siguen una política de residuo cero, incrementan un euro el precio del menú (primer plato, segundo y postre por ocho euros) para cargar un coste por el envase. Si el cliente lo reutiliza, no se lo cobrarán la próxima vez.

Programan sus menús con una semana de antelación y estos días se topan con que a lo mejor en la tienda «no hay lo que quieres». Pese a ello, se muestran felices de poder ayudar en este momento y dentro de sus posibilidades. «Mucha gente no viene, pero te agradece que le hagas las cosas más fáciles», dicen satisfechas.

Señor taxista, por favor, tráigame naranjas, atún y unas medicinas

Lorena García Calvo
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Taxista que lleva la compra a domicilio Taxista que lleva la compra a domicilio

Los taxistas de Lugo harán la compra a quienes lo demanden, gestiándolo a través del teléfono del Concello

Quedarse en casa es la prioridad, pero de vez en cuando es necesario atravesar la puerta para acudir a hacer la compra o a recoger medicinas. Pensando en las personas que, por el motivo que sea, no pueden hacerlo, o son grupo de riesgo y no deben exponerse, el Concello de Lugo, de la mano de Radiotaxi, ha puesto en marcha un servicio a demanda por el que serán los propios taxistas los que harán los recados y llevarán a domicilio los productos. Este servicio estará disponible con independencia del que el Concello, directamente a través de Servicios Sociales, pondrá en marcha para que voluntarios lleven, de forma gratuita, a personas que no puedan valerse por sí mismas la compra o alimentos.

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