Las residencias de Barbanza se convierten en búnkeres para proteger a los mayores

Un caso de neumonía hizo saltar las alarmas hace unos días en el geriátrico de Outes


Ribeira / la voz

Las personas mayores son una parte de la población especialmente vulnerable ante el coronavirus y la letalidad de la enfermedad se dispara en este colectivo. Los preocupantes focos aparecidos en residencias de la tercera edad de Madrid y Santiago han puesto en alerta a instalaciones de todo el país, y las de Barbanza no son una excepción. Los recintos de Ribeira, Noia, A Pobra y Outes se blindan para convertirse en búnkeres inaccesibles para el COVID-19. Suspensión de visitas y actividades grupales, módulos aislados y extremo cuidado en las medidas de higiene y desinfección son las pautas generales, todo ello junto con una demanda común: la dotación de equipos de protección individual para el personal.

A pesar de todas las precauciones adoptadas, es imposible garantizar que no haya contagios. En la residencia La Paz de Outes lo saben bien, aunque se prohibió el acceso al recinto a toda persona ajena a las instalaciones antes incluso de que las autoridades sanitarias tomasen esa medida. Hace unos días se activó el protocolo por coronavirus por los síntomas que presentaba una de las residentes, que fue evacuada por el 061 al hospital Clínico. Horas más tarde se confirmaba el negativo por COVID-19, según informaron fuentes del centro, y que se trataba de un caso de neumonía.

Todo quedó en un susto, pero no se baja la guardia: «El personal está perfectamente adiestrado y toma todas las precauciones. Se hace una limpieza permanente de todas las instalaciones con alcohol, agua y lejía y se desinfecta todo lo que entra de fuera. Es mucho trabajo, pero hay que hacerlo». La prohibición de entrada en las instalaciones a personas del exterior se mantiene a rajatabla: «Aquí no entra nadie, los proveedores dejan todo en la puerta y lo recogemos nosotros».

La comunicación con las familias en esta situación de confinamiento es fundamental, y en las residencias de la comarca tratan de habilitar los medios necesarios para garantizar el contacto de las personas mayores con sus seres queridos. En este sentido, en las instalaciones de DomusVi en Noia y en Ribeira se están implantando dispositivos para realizar videollamadas: «Las visitas están suspendidas para proteger a los residentes, pero se trata de que lleven una vida lo más normal posible. Con las videollamadas se busca que mantengan el contacto visual y lo más próximo posible con sus familiares, y estos al ver que están bien se quedan más tranquilos».

Menor contacto posible

Aunque se intenta mantener una actividad normal en la medida de las posibilidades, siguiendo con las terapias de cada usuario, los protocolos de contención del coronavirus alteran inevitablemente la rutina en las residencias. Las actividades grupales con la participación de personas del exterior, ya sean voluntarios, asociaciones o centros educativos, habituales en los centros de DomusVi, se han suspendido y los diferentes módulos en los que se encuentran los residentes se han aislado, evitando la movilidad de unos a otros para reducir el contacto.

En el caso de que haya personas mayores que presenten síntomas respiratorios, se aíslan en habitaciones individuales y se informa tanto a las familias como a las autoridades sanitarias.

Sin embargo, estos protocolos se topan de frente con una realidad: la falta de espacio y de recursos para mantener el aislamiento. Así lo indicaban desde una de las residencias barbanzanas: «No tenemos las condiciones para que la gente esté aquí aislada, debería estar en un hospital. Con el número de mayores que tenemos no tenemos infraestructura suficiente».

Desde A Pobra reclaman equipos de protección individual para los trabajadores

Aunque no es un problema exclusivo de la residencia de A Pobra y también en puntos como Noia están pendientes de recibir material, es en el recinto pobrense donde más inciden en la demanda de equipos de protección individual para el personal.

La propia plantilla denuncia que se encuentran en unas condiciones inadecuadas para realizar su labor por la carencia de material de protección para prevenir posibles contagios. En este sentido, señalan que carecen de mascarillas, batas o trajes con los que desarrollar sus funciones de atención a los residentes y de limpieza.

La residencia de A Pobra está gestionada directamente por la Consellería de Política Social, desde donde indican que la dotación de este tipo de equipamiento depende del Gobierno estatal, una vez que decidió centralizar el suministro de material, y que se ha solicitado de forma reiterada al Ministerio de Sanidad.

En cuanto a los protocolos de actuación, se mantiene la prohibición de visitas y están suspendidas las actividades externas.

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