«El juego es una droga, pero entra por cauces respetables como los famosos»

Junto a Luis Díez, Daniel Díez Carpontero acaba de publicar «¡Jugad, jugad, malditos!», un libro que aborda el bum de las apuestas y sus consecuencias

DANIEL DÍEZ CARPINTERO
DANIEL DÍEZ CARPINTERO

redacción / la voz

Ven en el juego uno de los grandes problemas sociales de este momento en España. Luis Díez y Daniel Díaz Carpintero lo reflejan en ¡Jugad, jugad, malditos!, un libro que con el subtítulo La epidemia del juego en España: ludópatas y capos del azar analiza el impacto que esta industria está teniendo a nivel social.

-¿Es el juego una epidemia social, tal y como indican en la portada de su libro?

-No hay informes suficientes para determinar la cantidad de personas adictas que existen, pero hay estudios hechos en comunidades autónomas, que indican que sí. Lo que ocurre es que no se ha medido, no se sabe el daño exacto. Pero es obvio que hay un comportamiento adictivo que se está colando por todas partes, especialmente en los barrios pobres. Se extiende de un modo descontrolado y epidémico.

-¿Por qué triunfa tanto en los barrios de clase trabajadora?

-El juego es una droga que ofrece evasión a quien accede a él, pero entra por cauces respetables como son los futbolistas y famosos que lo anuncian. Hay que tener en cuenta que todo esto llega en la época de la crisis. En el 2012 se empiezan a instalar las casas de apuestas, aprovechándose de este clima de desesperanza, de falta de sentido vital que hay especialmente en los barrios en donde vive la gente que gana menos. En Madrid lo ves. Son barrios como Vallecas o Carabanchel los que están llenos de este tipo de locales. Cuando uno no gana dinero y sus expectativas no se cumplen, entra la depresión y eso lleva a jugar.

-En los jóvenes se ofrece como una modalidad de ocio: ver el partido, tomar algo y apostar.

-Sí, según los psicólogos con los que yo he hablado, entre los jóvenes se produce la dinámica del grupo. En la adolescencia y hasta los veintipocos años se buscan los comportamientos de riesgo. Apostar es uno de esos, porque es ilegal. Entonces, van en grupo. Uno apuesta, ven el partido y se hace lo que se ha hecho toda la vida entre los jóvenes, la bravuconería y el atreverse, igual que beber alcohol o fumar porros. Ese es el contacto, pero luego la ludopatía es solitaria. En esos grupos siempre hay algún joven que tiene más problemas y en su vida privada se engancha.

-¿No había percepción de riesgo cuando arrancó todo esto?

-No y todavía sigue sin haberla. Cuando empezamos a escribir el libro pensábamos que era fundamental explicar qué era una droga. El juego está normalizado y eso es un riesgo. Muchos ludópatas han vivido en ambientes donde su familia jugaba. Las empresas del juego procuran buscar una atmósfera de normalidad. La publicidad va en ese sentido. Contratan a Rafa Nadal, a Maldini y a los comentaristas para que los jóvenes vean que esto forma parte de su mundo. No se ha creado la conciencia social que existe con el tabaco, por ejemplo. Todavía está en un limbo. Muchos no saben si es bueno o malo.

-Los especialistas dicen que el problema no son tanto las casas de apuestas como las máquinas de apostar en los bares.

-Sí, es cierto. Ese es un modo mucho más accesible. En las casas de apuestas el hecho de que las ventanas estén tapiadas también hace que al que entra no se le vea. Pero yo he visto casas de apuestas con gente delante y sin sentir la más mínima vergüenza.

-En el libro hablan de unas apuestas que denominan cigarrillos de chocolate. ¿Cuáles?

-Son los simuladores que hay en Internet, en los que puedes apostar o jugar al póker sin dinero. Cuando uno juega a uno, inmediatamente empiezan a aparecer en el muro de tu red social anuncios de que te ofrecen 50 euros gratis para jugar a las tragaperras. Ese es el modo de acceso de muchos jóvenes, porque en los simuladores gratuitos es más fácil ganar que jugando con dinero. Ven la posibilidad de jugar de verdad. Piensan: «Si yo gano dinero ficticio tan fácilmente, también lo puedo ganar de verdad». Por eso lo llamamos los cigarrillos de chocolate, que antes se permitían y luego se prohibieron porque normalizaban el fumar.

«La ley anunciada es muy laxa, no creo que tenga impacto»

En el libro se tocan los aspectos legales y cómo se podrían frenar la expansión del juego.

-Ante posturas limitativas, habrá quien diga que antes de las apuestas deportivas existían las quinielas, la Lotería Nacional o la ONCE. ¿Por qué cree que hay que regular las apuestas de un modo más estricto?

-Ese es uno de los argumentos que usan los lobis del juego. Dicen que por qué no pueden hacer publicidad libremente ellos si la lotería la hizo siempre. El motivo es que no hay apenas ludópatas que únicamente sean adictos a la ONCE, la Quiniela o la Lotería. No, porque son juegos mucho menos agresivos y adictivos que lo que te encuentras en un salón de apuestas o en Internet. Uno de los principales factores que hace que un juego sea adictivo es la velocidad: el tiempo que se tarda entre que se hace la apuesta y se conoce el resultado. Las tragaperras son la máquina más adictiva de todas, en ese sentido. Tu metes la moneda, pierdes y metes otra. Con la lotería eso no ocurre

-¿Qué impacto va a tener la ley?

-Me parece muy bien que prohíban a los personajes públicos anunciar el juego, porque contribuyen a blanquearlo y dar la sensación de que es algo bueno. Pero la ley anunciada me parece que va a ser muy laxa. Los patrocinios siguen ahí. No vas a ver a los jugadores en los anuncios pero sí vas a ver los logotipos de las empresas de juego en las camisetas cuando jueguen. No creo que tenga mucho impacto

-¿Cómo tendría que ser?

-Mucho más dura y venir acompañada de una campaña potente de educación, con anuncios en la tele y la radio que muestran los daños sanitarios y sociales que tienen todo esto. Pero veo que el ministro Garzón no va a hacerlo todo de una vez. Esto va a ser paso a paso.

-¿Una secuencia como la del tabaco?

-Sí, tiene toda la pinta de que va a ser así.

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