Un amor más fuerte que el coronavirus

Una viguesa y un coruñés celebraron una boda virtual ante 30 invitados tras cancelar la ceremonia oficial, y en el mismo día que habían previsto

Rosana Crizóstomo y Alexis Santos, durante su boda
Rosana Crizóstomo y Alexis Santos, durante su boda

Vigo / La Voz

Lo que había comenzado como una mañana triste se convirtió para Rosana Crizóstomo (Vigo, 1985) y para Alexis Santos (A Coruña, 1983) en un día histórico. Y no solo para ellos, también para sus 250 invitados. La pareja tenía previsto casarse el pasado sábado, pero el enlace se canceló por la pandemia. Sin embargo, quedarse de brazos cruzados no era una opción. A grandes males, grandes remedios: decidieron celebrar su compromiso en la misma fecha y de forma virtual ante más de treinta amigos, y bastaron dos llamadas por Skype.

Invitadas a la boda interviniendo por videoconferencia a través de una tableta; una pareja asistente, en pleno brindis desde su propio domicilio
Invitadas a la boda interviniendo por videoconferencia a través de una tableta; una pareja asistente, en pleno brindis desde su propio domicilio

La teniente de alcalde de Nigrán, Raquel Giráldez, les anunció el 13 de marzo, el día en el que el presidente Pedro Sánchez decretaba el estado de alarma, la imposibilidad de oficiar su matrimonio. La jornada anterior, Donald Trump había anunciado la suspensión de todos los vuelos procedentes de Europa a EE.UU., donde la pareja tenía prevista pasar su luna de miel haciendo la Ruta 66.

«Fueron dos días seguidos de malas noticias», comenta Rosana. Poco después la novia convocó por llamada a sus amigas de Vigo del equipo de baloncesto de Salesianos y entre todas decidieron mantener la fecha: el 21 de marzo habría enlace virtual y asistirían. «Sin boda no nos íbamos a quedar», dice Arantxa Alonso, una de las invitadas. «Durante la llamada me animó el cachondeo de mis amigas, algunas me dijeron que plancharían en seguida el vestido que tenían preparado y otras que buscarían peinado», se ríe recordando la novia.

Lo que parecía una sugerencia simpática se acabó convirtiendo en una boda made at home.

El sábado, Rosana, que trabaja en el departamento de recursos humanos en una firma de software, y Alexis, asesor de servicio en un taller de Volkswagen, recibían a una treintena de amigos a las 13 horas mediante videollamada.

«Primero hablamos con mis amigos de Vigo hasta las 14.30 horas y después con los de Alexis hasta las 16», apunta Susana. No faltó detalle: disponían de un globo gigante con forma de anillo que los acompañó como atrezo en la ceremonia, se intercambiaron las alianzas firmadas con fecha de 21 de marzo y estaban vestidos para la ocasión.

La falda escocesa

El novio descolgaba la llamada enfundado en una falda escocesa que dotó de un guiño irónico la ocasión e hizo reír a los asistentes. Aquel traje lo había comprado el primo de Rosana en Escocia y se habían prometido que lo luciría en la siguiente boda a que acudiesen. «Y justo coincidió con la nuestra», dice la pareja.

Alexis toca la gaita, así que la indumentaria le venía como anillo al dedo, nunca mejor dicho. Ella, por su parte, lucía un vestido blanco de fondo de armario. «Me lo puse solo dos veces en verano y en ambas ocasiones me dijeron que parecía una novia, así que era el ideal para esta llamada», relata.

La pareja «recién casada», luciendo sus peculiares trajes; a la derecha, dos invitados en pleno brindis desde su casa
La pareja «recién casada», luciendo sus peculiares trajes; a la derecha, dos invitados en pleno brindis desde su casa

Tras la entrega de alianzas, la pareja brindó con cerveza Estrella Galicia mientras Alexis mencionaba «el amor en los tiempos del coronavirus». Las pamelas y los esmóquines de los asistentes también estuvieron a la altura, acompañándolos en el chinchín con copas de champán y al grito de «¡que vivan los novios!».

Jessica Iglesias, otra de las asistentes, recuerda el brindis que dedicaron a Micaela, una amiga monfortina que la pandilla perdió en el 2019. «Justo hace un año el equipo despedía a una amiga nuestra que había superado un cáncer y había ido hasta el Ártico con el reto Pelayo Vida. En cierto modo, con esta boda queríamos convertir un recuerdo triste en bonito», explica para justificar que el 21 de marzo tenía que celebrarse de un modo u otro. «Brindamos todos por ella», añade.

La pareja se conoció en julio del 2016 en Sanxenxo. Ella salía de noche con sus amigas, «sin estar del todo animada», y él, en una despedida de soltero. Se hicieron inseparables. Hace un año, en el mismo local del puerto en el que se conocieron, Alexis le propuso matrimonio. La despedida de soltera de ella también tuvo lugar en Sanxenxo y, entre otros momentos divertidos, las amigas recuerdan el encuentro con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, y el alcalde, Telmo Martín.

Una pareja asistente a la boda por Skype bebe vino espumoso en su propio domicilio tras el brindis por los recién casados
Una pareja asistente a la boda por Skype bebe vino espumoso en su propio domicilio tras el brindis por los recién casados

La viguesa y el coruñés son el ejemplo de que los dos polos de Galicia, tradicionalmente rivales, también se atraen. «Para nosotros, ya somos marido y mujer», asegura la pareja. Ante un horizonte de incertidumbre, tienen una nueva fecha de boda prevista para el 10 de julio: «Esperamos que todo esto se haya terminado y puedan asistir todas las personas con las que contábamos». Según lo planeado, quieren casarse en Nigrán y celebrar el banquete en el pazo de Cea, con sus 250 invitados.

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