Los hospitales de Vigo se plantean dejar a equipos médicos en casa de reserva

Trabajarían por turnos para evitar contagios de coronavirus entre profesionales


Vigo / la voz

Podría dar la impresión de que no, pero todavía hay infartos. Sigue habiendo personas que sufren un ictus, prácticamente a diario. En Vigo aún se hacen operaciones a corazón abierto, se interviene de urgencia en aneurismas abdominales de aorta y se siguen practicando cirugías de cáncer. La alerta sanitaria mundial por el coronavirus lo copa todo, pero los hospitales salvan vidas cada día. Y todo eso no se puede parar.

Estos días, los hospitales afrontan el reto de mantener la asistencia más prioritaria y de enfrentarse al virus SARS-CoV-2 al mismo tiempo. En Vigo ya hay más de 150 personas con COVID-19 y se espera que se multipliquen la próxima semana. Si algo está claro es que para atender a esta crisis sanitaria hace falta personal sanitario, pero también que los profesionales son el colectivo con más papeletas para contagiarse. Por eso, en los hospitales Álvaro Cunqueiro y Povisa ya se está estudiando cómo preservar a los clínicos.

Una idea que está sobre la mesa, y que varios servicios han trasladado a la dirección del área sanitaria de Vigo, consiste en hacer equipos de reserva. Cada servicio médico se dividiría para que unos trabajasen y otros estuviesen en su casa esperando. Al cabo de un tiempo, se rotarían. «Se trata de mantener un equipo siempre limpio», coinciden en su explicación varios de los consultados en el hospital a lo largo de los últimos días. Son muchos los que vienen trabajando en propuestas en esta línea.

Cada servicio tiene una realidad particular. El número de profesionales no es el mismo en anestesia, el que tiene más facultativos, que en alergología, que está entre los de menos. No solo depende del tamaño, sino del tipo de actividad que se realiza, de la cantidad de personal que está de guardia cada día o de los profesionales exentos por edad, entre otros. Por eso, en cada uno se organizaría de manera distinta.

Pero la idea de fondo es en todos la misma: mantener a gente en la reserva, salvar del contagio a una parte de los profesionales para que la asistencia no se pare nunca. El principal miedo es que un profesional sanitario se contagie y que, a su vez, le transmita el virus a sus pacientes o a sus compañeros. En el Cunqueiro, que ya tiene 26 ingresados, ha habido infecciones en varios departamentos que son conocidas. «¿Pero qué pasa si cae todo un servicio?», plantea con preocupación una fuente que conoce el sentir de varios departamentos. Y no solo se trata de contagios confirmados, sino de contactos de riesgo con pacientes a los que después se diagnostica el COVID-19: aunque el sanitario no se infecte, pasa a estar 14 días en cuarentena.

La idea que en muchos servicios ha empezado a plantearse serviría para evitar ese escenario. Para organizarlo, podría haber servicios partidos por la mitad, con dos equipos, y otros con más divisiones, según el tamaño. Los que estuvieran operativos harían toda la asistencia, guardias incluidas, y el resto esperarían en sus casas. Podrían ser períodos de una o dos semanas, pues el tiempo inicial de las cuarentenas era de 14 días, pero el Ministerio de Sanidad ya permite rebajarlo a 7 si se hace una prueba y da negativo.

Los grupos formados dentro de cada servicio no tendrían contacto entre sí, de manera que si se llega a dar un contagio, una parte del servicio queda aislada de por sí.

Mientras, la actividad ordinaria está prácticamente suspendida por completo. Todas las consultas se han pasado a telefónicas y solo se están haciendo las operaciones más prioritarias y también las urgentes.

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