Hace cien años un desconocido virus dejó cientos de muertos en A Mariña

Y en 1834 el cólera se llevó a 507 personas en cuatro municipios del norte lucense

La pandemia de la gripe de 1918 también obligó a tomar medidas para intentar atajar su expansión
La pandemia de la gripe de 1918 también obligó a tomar medidas para intentar atajar su expansión

En días como estos, no puedo dejar de recordar lo que Ernie le dijo una madrugada a Al en el Savoy: «Muchacho, a menudo la oscuridad te ayuda a ver las cosas claras». Y así es. Cada cierto tiempo, la naturaleza nos advierte. Construimos un mundo global a costa de destruir sus leyes, de vivir de espaldas a ella. Nos creímos fuertes, protegidos, invencibles. Pero un simple virus, en pocas semanas, nos pone frente al espejo y nos muestra nuestra fragilidad.

Hace cien años, centenares de mariñanos murieron víctimas de la gripe mal llamada española. Y en 1834 fueron 507 los que se llevó el cólera de A Mariña. En San Miguel de Reinante aún lo recuerdan: el 29 de agosto de 1855 hubo cinco entierros de vecinos fallecidos a causa de esa epidemia.

Vivimos en un mundo insolidario, endeble, desigual, donde se arrasan selvas forestales y se levantan otras de asfalto. Y olvidamos que hay cosas que tienen valor cuando se pierden y que, como decía el enorme Alvite, «la vida hay que vivirla como la viven esos tipos que saben que lo importante es tomar a tiempo el primer tren que salga tarde».

La última gran peste mundial fue en 1918. Surgió en Kansas por mutación de un virus porcino que un granjero, alistado en el Ejército, expandió a Europa en la 1ª Guerra Mundial. La llamaron «gripe española» porque solo la prensa de este país contó sus estragos. En Europa no interesaba informar para no desmoralizar a los soldados ni a los ciudadanos. La pandemia mató a 20 millones de personas en el mundo, 300.000 en España, 5.000 en Lugo y 400 en la capital. Y el mal llegó a cada rincón de la provincia.

118 fallecidos en Viveiro

En Viveiro murieron 99 personas en octubre de 1918, una media de 3 muertos diarios. Y entre octubre y noviembre fallecieron 118. El doctor José Manuel Moreno publicó el 26 de octubre de 2018 en estas mismas páginas un riguroso y documentadísimo trabajo en el que detalló uno por uno el nombre y las circunstancias de todos los fallecidos. La villa tenía entonces 12.500 vecinos y, según él, llegaron a morir 11 personas en un día, el 13 de octubre.

El alcalde, José Marqués González, higienizó las calles, desinfectó, limpió cañerías y alcantarillas. Pero ni así impidió la imagen de un pueblo desolado en el que incluso murieron cuidadores: una monja del hospital de la Caridad, un sacerdote de Galdo y un médico de Magazos. Eco de Galicia de La Habana de diciembre de 1918 destaca que «envió una enérgica carta a El Sol, de Madrid, rectificando la información exagerada que publicó. La salud de Viveiro no ofrece los caracteres inquietantes que alguien dijo sin razón».

El mismo medio dice que en Ribadeo hubo 700 enfermos y casi 100 muertos. Y que el filántropo Ramón González dio 1.000 pesetas para los pobres enfermos y Martina Mantilla «2.000 para los alumnos afectados del colegio fundado por ella».

Revuelta de mujeres en Foz y un joven que se cortó un dedo para no ir a la mili

Las consecuencias de la pandemia de la gripe del 18 fueron diversas y en distintos campos. En Foz, por ejemplo, murieron 122 vecinos de octubre a diciembre, según detalla Xosé Ramón Ermida Meilán en su libro Rebeldía galega contra a inxustiza. La villa tenía 7.200 habitantes y el mayor contagio fue en Fazouro, Cangas y Vilaronte donde hubo 400 afectados.

La falta de medios y el hambre provocó en febrero una revuelta de mujeres ?que iniciaron las empleadas de las conserveras- que concluyó delante de la casa del alcalde, Xosé Reimunde. En las siguientes semanas, asaltaron almacenes de granos en la villa.

El propietario de uno de ellos, Eliseo Martínez ?el gran hacendado de Foz- se negó a vender grano a sus vecinos. «Haced harina de la arena de la playa», les dijo… El 9 de marzo de 1919 las mujeres apedrearon su vivienda, asaltaron su almacén y repartieron el cereal entre los vecinos.

Desbordado por los disturbios ?que también hubo en otros sitios, muchos protagonizados por mujeres- el Gobernador Civil decretó en agosto limitar las exportaciones fuera de la provincia y fijó una cantidad de cereal y alubias que debía ser destinada al mercado local.

La epidemia llevó también el miedo a las gentes. El número 35 de Eco de Galicia de diciembre de 1918 dice que «en Mondoñedo, un muchacho llamado Manuel Gayoso, asustado y deseando eludir el compromiso militar, y esperando que lo darían por inútil, se cortó el dedo índice de la mano derecha. El dueño de la casa en que vivía el recluta, que le correspondiera en sorteo ir a Melilla, acudió al cuartel con el dedo mutilado y dio cuenta del suceso. Gayoso fue encerrado en el calabozo militar…».

Y hubo también otro tipo de secuelas. El mismo número del Eco señala que en Mondoñedo «las distinguidas señoras de Varela Cerdido recogieron a una recién nacida, hija del matrimonio de Nicanor González y Josefa Buin que fallecieron a causa de la epidemia reinante…».

Foz tenía 7.200 habitantes y el mayor contagio fue en Fazouro, Cangas y Vilaronte, donde hubo 400 afectados

En 1834, el cólera se cobró la vida de 507 personas en Ribadeo, Lourenzá, Barreiros y Mondoñedo

La epidemia del cólera tuvo varias fases. La primera surgió en Asia Central, entró en 1833 por Oporto y llegó a Vigo y a la Galicia costera. Al año siguiente llegó a Lugo, según dice Meijide Pardo en El cólera del morbo en 1833 y su incidencia sobre la Galicia Atlántica, publicado en Medicina Galaica. Estudia el caso en siete pueblos de Lugo: Ribadeo, Lourenzá, San Adrián do Val, San Andrés de Masma, San Miguel y Reinante, Mondoñedo y Riotorto. En los siete, el número de defunciones de enero a julio fueron 167 y de agosto a diciembre, 340.

Otra fase fue de 1853 a 1855, según Rodríguez Galdo y Fausto Dopico en su Crisis Agrarias del XIX. Llegó con gran polémica pues a las autoridades no les agradaba reconocer el carácter colérico de esa enfermedad por las consecuencias políticas que implicaba de desatención sanitaria e higiénica, de falta de recursos para atención y hospitalización, de declaración de cuarentena en puertos y zonas de Galicia…

La enfermedad se extendió muy rápido. Galdo y Dopico estudiaron los libros de defunciones y sus datos -aún sin ser pormenorizados en cuanto al ámbito provincial o al gallego- son significativos. En Pontedeume, por ejemplo, el cólera mató a 170 personas, el 10% de su población en 1855 -que era de 1.753 personas- cuando la media anual de defunciones venía siendo del 2,5%...

En San Miguel de Reinante, en 18 días ?del 28 de agosto al 14 de septiembre de 1855- fallecieron 32 personas: el 29 de agosto hubo 5 entierros; el 6 de septiembre, 4; el 28 de agosto y 8 y 14 de septiembre, 3; y siete jornadas tuvieron 2 entierros cada día.

martinfvizoso@gmail.com

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