Santiago / la voz

Habitualmente vacíos y con poca actividad, estos días están tomando vida para situarse como uno de los lugares preferidos: son los balcones y ventanas. Asomarse a ellos se ha convertido en una de las mejores recetas de los compostelanos para combatir estas jornadas de cuarentena en casa debido al coronavirus y romper un poco la rutina. No solo son la cita para el aplauso diario al personal sanitario al anochecer, sino que constituyen también en lugar de esparcimiento y para conversar con los vecinos, así como un escaparate para lanzar mensajes.

El hola rápido en el descansillo de la escalera y la breve conversación en el ascensor habitual en la frenética vida diaria, puede prolongarse ahora de ventana a ventana entre los vecinos de los inmuebles para aliviar las horas de encierro en casa. También en balcones y ventanas compostelanas cada vez están proliferando más los mensajes. El abanico es amplio, desde los dirigidos al personal de los establecimientos de alimentación -«Vivan las del súper»-, hasta los mensajes de ánimo para la población en general -«Juntos lo conseguiremos» acompañado de una cuenta atrás-. Pero también aprovechando las jornadas de sol, más de una silla o hamaca asomó al balcón para disfrutar de la lectura o de otras actividades mientras se toma una pequeña dosis de vitamina D. Por no citar a los que amenizan el tiempo de sus vecinos con su música. Unas estampas impensables hace tan solo una semana, cuando era muy inusual ver a alguien asomado a la ventana o al balcón, ahora la única manera de «estar» el tiempo que se quiera en la calle.

Sesión vermú y partidas de bingo y Pasapalabra para animar el confinamiento en Fontiñas

 

m. m.

Los vecinos de la rúa Berna, en el barrio de Fontiñas, derrochan imaginación para quemar las horas y evitar el aburrimiento. Medio centenar de vecinos se apuntan cada día a las actividades que, de forma improvisada, van surgiendo para animar el encierro. Hasta hace unos días salían a la ventana, al atardecer, para aplaudir la labor de los sanitarios, pero en la noche del miércoles también compartieron una partida de bingo. Cada vecino puso unos números en un papel y otro se encargó de cantarlos. Aunque el premio es lo de menos, alguno sugirió que el ganador bajara la basura de todos. Lo que en otras circunstancias sería un premio poco atractivo, se convierte ahora en una excusa para pisar la calle. A mediodía de ayer celebraron una sesión vermú en la que no faltó la música y el compromiso de volver a quedar, a eso de las 20 horas, para jugar a Pasapalabra, después de repetir los aplausos desde las ventanas.

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Ventanas y balcones catárticos en Santiago