«Quedamos para el televermú para seguir las rutinas y limpiar la mente en estos momentos»

Nacho, Aless, Rocío y Héctor comparten los momentos de siempre, pero por videollamada

Quedada para el vermú por videollamada
Quedada para el vermú por videollamada Aless Dosil

Antes de abrir su zapatería en Miño, Rocío Pérez solía tomar el café con Isabel, de la floristería; Liliana, la camarera; y Ana, de la tienda de electrodomésticos. Y lo sigue haciendo. Aunque sea virtualmente. Porque a ella, como a mucha gente, el coronavirus la ha encerrado en casa pero no le ha arrebatado la moral. Habrá vida tras la crisis sanitaria y Rocío regresará a ella con optimismo.

El ejemplo cunde y, como el jueves (incluso sin confinamiento) no abriría la tienda por ser festivo, Rocío y su pareja, Héctor, quedaron virtualmente con Nacho y Aless para el vermú. Aceitunas y frutos secos incluidos. «Ya quedábamos habitualmente y se trata de seguir la misma rutina. Además, ahora no tenemos disculpas como ‘ando liada’ o ‘estaré fuera’», asegura con humor. «Me estoy poniendo al día con tanta gente...», apunta.

Más en serio, Rocío argumenta que «las quedadas para tomar el vermú por videollamada sirven para no darle vueltas a la cabeza y no saturarse de tanta televisión». «Es el buen uso de los móviles y las apps sociales», concluye. También menciona otra práctica recomendada por los psicólogos. «A pesar de estar en casa, respeto las rutinas como si saliese a la calle. Valdría estar en pijama, pero nos arreglamos un poco», señala.

Al otro lado de la pantalla, Nacho destaca que «el vínculo ya era fuerte desde hace años y eso no tiene por qué cambiar con el confinamiento; es la familia que tú eliges». A veces, Aless y él quedan con familiares, incluso para algún cóctel nocturno. Con limitaciones físicas, claro. «Hablamos de los temas de siempre, nos ponemos al día y nos echamos unas risas, aunque está claro que el coronavirus se lleva una parte».

El buen humor preside las quedadas. Hay quien se queja del que, al otro lado del móvil, el prójimo le acaba las aceitunas, pero, al menos, no hay discusiones por pagar la cuenta. Hasta después del confinamiento.

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«Quedamos para el televermú para seguir las rutinas y limpiar la mente en estos momentos»