Conversaciones desde los balcones en tiempos de coronavirus

«Mi vecino, a las diez de la mañana baja a por el pan; a las doce, hace la compra con su mujer; a las cuatro, sale a por una garrafa de agua y un par de horas después, vuelve con el paquete de tabaco en la mano»

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El centro de la ciudad de Lugo permanece en absoluto silencio ante la ausencia de personas y vehiculos durante la tarde del Día de San José El centro de la ciudad de Lugo permanece en absoluto silencio ante la ausencia de personas y vehiculos durante la tarde del Dia de San José

Lugo / La Voz

El ritmo de la ciudad ha cambiado radicalmente en apenas unos días. Las conversaciones se han trasladado de los bares hasta los balcones y, las de menor seguridad, se producen en la calle a un metro de distancia. La declaración del Estado de Alarma impuso un antes y un después en la vida de todos los lucenses. Las mañanas de cuarentena tienen un ritmo diferente en los distintos barrios de la ciudad. 

Un vecino de A Milagrosa comentaba que, desde su balcón, veía al mismo señor bajar varias veces al día a la calle en plena crisis sanitaria por el coronavirus. "Lo tengo controlado porque coincide con cuando salgo yo a fumar. A las diez de la mañana baja a por el pan; a las doce, hace la compra con su mujer; a las cuatro, sale a por una garrafa de agua y un par de horas después, vuelve con el paquete de tabaco en la mano". También en el barrio se comenta desde los balcones y entre risas que "hai cadelos que nunca tanto pasearon". El Día del Padre, otro vecino de A Milagrosa aseguraba que un hombre y su perro habían dado, al menos 20 vueltas a la manzana Algunos animales no han paseado tanto en su vida como en tiempos de coronavirus.

Pero en la calle,o mejor dicho, en los barrios, el ritmo continúa teniendo algo de frenético por las mañanas y empieza a calmarse cuando llega la tarde. Es durante las primeras horas del día cuando se acumulan las colas a las puertas de las oficinas de Correos, donde no puede entrar más de una persona al mismo tiempo. Son muchas las personas que han optado por llevar mascarilla haciendo caso omiso a los médicos que explican a diario que estas solo son recomendables en determinados casos y no en personas sanas. Lo único que transmiten es una sensación de falsa seguridad. En las panaderías, las medidas también se han extremado para evitar la aglomeración de personas y algunas farmacias o, en concreto una de A Milagrosa, ha optado por trasladar el mostrador a la puerta y utilizar la caja de metal que se usaba para atender a los clientes durante la noche para dispensar los medicamentos durante el día. Otras farmacias optan por las mamparas de cristal para luchar contra el virus. En la iglesia de A Milagrosa un letrero a sus puertas indica que no hay misa, pero los portalones están abiertos y son bastantes las personas que entran para rezar y pedir que lo que parece una enfermedad invisible se vaya de la ciudad y no vuelva. Hasta los párrocos piden a sus feligreses que no acudan a los templos para prevenir contagios.

Tiendas de pintura y ferreterías solo ofrecen servicio bajo demanda. Hay que llamar, encargar, y recoger el pedido en la puerta, puesto que el paso al interior de la tienda está prohibido. Aunque durante las mañanas las calles se llenan de gente, el miedo se ha instalado y la tensión hace que se vivan enfrentamientos diarios en los supermercados. Porque el miedo demuestra una vez más que sabe muy bien cómo sacar lo peor de las personas. Los centros de salud de la ciudad están vacíos y, en las plantas, solo quedan dos o tres personas mayores con mascarilla que esperan ser atendidas. "El 90% de las consultas se realizan por teléfono", aseguran en A Milagrosa. Solo se realizan extracciones de urgencias o a personas con cáncer.

En el centro, el panorama cambia e incluso por las mañanas, se percibe el vacío. "Todos los comercios están cerrados, por lo que la gente se queda en su barrio y no viene aquí a nada", explica la dependienta de un estanco, cerca del Mercado. Los pocos comerciantes que quedan abiertos porque ofrecen servicios básicos creen que el horario de apertura debería estar limitado para controlar más la afluencia de gente en las calles. 

Que la vida continúa a medio ritmo en los barrios es algo que también demuestra Fontiñas. Hay colas durante toda la mañana en los principales supermercados, que ya han modificado su horario de apertura y cierran antes de la hora en que lo hacían hace apenas unos días.

En San Roque, unos metros más arriba, la calle está semivacía, al igual que el centro de salud de la zona. Los bancos también tratan de solucionar la mayor parte de las gestiones a través de Internet, pero siguen atendiendo al público, de uno en uno y para solucionar temas improrrogables. Hasta el amor cambia en tiempos de coronavirus y es que la enfermedad ha acabado también con las muestras de cariño en la calle. No se recomienda dar besos ni abrazos. Y guardar reposo en casa es la única forma de contribuir a que todo esto termine cuanto antes.

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