«No tenemos ni para vivir una semana»

La crisis del coronavirus atrapa en Monforte a un circo extremeño. No pueden actuar y no les queda dinero ni para pagar la gasolina con la que marcharse

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Un circo, «atrapado» en Monforte por el coronavirus El Gran Circo Nevada, originario de Extremadura, se ha quedado en la localidad sin poder ofrecer su espectáculo.

Monforte

La carpa del circo Nevada luce estos días como un barco a la deriva. Las cuatro familias que viajan con él se han quedado varadas en un solar de Monforte. Aquí los pilló el parón forzoso del coronavirus y aquí se quedarán hasta que todo esto acabe. No se trata solo de que tengan tan vetado viajar como todos los demás. Es que no tienen dinero ni para pagar el combustible de sus camiones, coches y caravanas, una flotilla muy cara de mover.

"Vivimos al día, porque con lo que sacamos de las funciones de un fin de semana nos alimentamos y nos movemos la semana siguiente". Lo cuenta Javier Segura, que antes de la prohibición de los animales en los circos era domador de toros de lidia; y lo secunda su mujer, María Luisa Moreno, que domaba tigres. Ellos son los dueños del circo Nevada y con ellos van doce personas más, ocho artistas, tres niños de 13, 9 y 5 años y la madre de la propietaria, que tiene 92. El fin de semana del 7 y el 8 de marzo tuvieron funciones en Monterroso y el lunes día 10 llegaron a Monforte y montaron la carpa. Después, el caos llegó y todo se detuvo.

Prohibido organizar funciones

La prohibición de los espectáculos con público les impide organizar pases. Sin pases no ingresan dinero. Y como viven al día, si no hay dinero fresco tampoco tienen ni siquiera para comer. Cuando entró en vigor el estado de alarma, la Policía Local de Monforte les pidió que lo levantasen todo y se marchasen, pero ellos fueron al Ayuntamiento y consiguieron parar la orden. ¿Porque a dónde se supone que tienen que marcharse? El domicilio social de este circo está en Talavera de la Reina, la localidad extremeña de la que son originarios los propietarios. Pero su casa es el circo. "Somos extremeños -cuenta con una sonrisa amarga María Luisa Moreno- pero somos extremeños de todas partes". La mayoría no tienen otro lugar en el que refugiarse que sus casas con ruedas.

Su situación es desesperada, y lo sería más si no fuese por Cáritas. Voluntarios de este oenegé en Monforte les hicieron llegar a principios de esta semana una furgoneta con comida. Ellos calculan que con eso les llegará hasta final de mes, aunque tienen claro que todo esto va a durar mucho más. "Puede que en dos meses se pueda volver a salir a la calle, pero seguramente hará falta más que para vuelvan los espectáculos con público", razona María Luisa Moreno. Y no tienen tanto tiempo. "Con nuestro dinero no es que no podamos aguantar aquí dos meses, es que no nos da ni para una semana". Y ahí a María Luisa ya no le sale sonreír, porque se le saltan las lágrimas.

Barro en Asturias y viento en Ribadeo

Nunca se habían visto en una situación tan dura como esta, aunque la verdad es que su gira por el norte iba de mal en peor. Las tormentas de finales del año pasado los pillaron de lleno. En Asturias se les hundió en el barro uno de sus casas-tráiler y tuvieron que pagar 900 euros a las tres grúas que hicieron falta para rescatarlo. Y además se la dejaron medio rota y ahora tienen que envolverla en una lona, porque le entra agua. Después llegaron a Ribadeo y un vendaval les rompió la carpa. "Vamos, un año catastrófico", sentencia Javier Segura.

Y encima en Ribadeo no fue solo el temporal. Nadie fue a verlos allí, así que solo tuvieron pérdidas. No es lo habitual, pero a veces pasa. Circos como el suyo se apoyaban en los espectáculos con animales y sin ellos han perdido mucho público. Tenían caballos, camellos, llamas, toros, tigres, pero tuvieron que deshacerse de ellos, "Ahí fue cuando empezamos a caer", recuerda Javier Segura. En Talavera tienen guardada su carpa de antes, de 32 metros de diámetro. Con lo que se mueven ahora es con lo que antes era el vestíbulo, un espacio mucho más pequeño. Dan espectáculos para veinte o treinta personas, casi nada comparado con lo que tenían antes.

En el Ayuntamiento les han pedido que desmonten la carpa, pero no lo han hecho del todo. Le quitaron el faldón que hace de pared y dejaron toda la estructura y la característica cúpula superior. Les hace falta para que los protagonistas del espectáculo ensayen. Y también para tener un sitio en el que al menos poder caminar, porque están igual de confinados que el resto de los monfortinos. "La carpa nos viene bien para no volvernos locos", dice la dueña del circo Nevada.

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