Santiago extiende su mano solidaria

Raigame moviliza 100 voluntarios y San Lourenzo 15 para ayudar a los mayores que viven solos


santiago / la voz

«Hai persoas maiores que viven solas e que teñen medo a saír á rúa ou que non poden saír. Xente que está angustiadas pola situación e o que facemos é tenderlles unha man». Así explica su tarea en la crisis Chus, una de las voluntarias de la red solidaria que comenzó a tejerse a iniciativa de la Asociación de Veciños Raigame del Ensanche y que en solo dos días ya ha conseguido movilizar a un centenar de personas.

La iniciativa tiene como misión regalar tiempo para que aquellos vecinos que viven solos o que están en situación de vulnerabilidad pueden tener un apoyo para ir a la farmacia, hacer la compra o simplemente charlar un rato. Los voluntarios se apuntan en un listado que, según explica Chus, está «controlado pola asociación», para dar seguridad. Después colocan un cartel en los portales de sus edificios con sus datos para facilitar el contacto entre el voluntario y la persona que requiere ayuda. Xosé María Durán, presidente de Raigame, apunta que la idea comenzó a fraguarse mucho antes de que surgiera el coronavirus. «Tiñamos pensado pór en marcha algo así, porque no Ensanche viven moitos maiores sós. A crise sanitaria adiantou todo», relata. La red cuenta con «persoal médico e xeriatras do Sergas que asesoran aos voluntarios». Pero, sobre todo, permite que las «persoas teñan unha axuda nuns momentos de angustia». Aunque cada voluntario ofrece su tiempo para prestar una mano amiga a esas personas, la intención es que no realicen grandes desplazamientos, lo que subraya la apuesta por el pequeño comercio. «Hai que moverse o menos posible. A rede é de proximidade, e do que se trata é de consumir no barrio», explica Chus. Durán subraya que la persona que pida ayuda será atendida por el «voluntario máis próximo».

La voluntaria de Santa Marta se ocupa cada día de sus padres y está atenta a otras personas. «Tamén procuro estar pendente dunha veciña maior que vive soa. O único que facemos é que saiban que hai alguén pendente deles. Ás veces é suficiente con iso». Chus es solo una de las cien personas que decidió implicarse y ayudar desinteresadamente. Considera «sorprendente» la respuesta que recibió Raigame cuando lanzó el mensaje en redes sociales. «Temos cen voluntarios de todo Santiago, e incluso do Milladoiro». Ya han recibido unas 15 solicitudes de ayuda. El ejemplo de Raigame alentó otras iniciativas, como la de la Asociación As Marías, en Basquiños.

«La idea surgió de forma espontánea. Dejaron su teléfono por si les necesitaban»

Adrián Antonio regenta una tienda de barrio, A horta da avoa, en San Lourenzo. Desde hace unos días comenzó a recoger los teléfonos de algunos clientes que se ofrecían para llevar compras a casa o hacer recados para los vecinos mayores o para personas que puedan tener dificultades para salir a la calle. «A tenda só é o medio para xuntar á xente, e unha maneira de que non se sintan solos». Tras ponerse en contacto con todos, optó por crear un grupo de wasap y promover el contacto. «Puxemos carteis polo barrio. A asociación de veciños colaborou e xa hai 15 voluntarios, e dúas persoas máis preguntaron pola iniciativa». Al igual que explica Chus respecto al proyecto del barrio de Santa Marta, al ser voluntarios del barrio las personas se sienten más seguras. «Porque coñecen as caras. Son veciños, e iso xera confianza», recalca Adrián Antonio. Jon Brokenbrow, presidente de la asociación de vecinos de San Lourenzo, señala que la «sociedad civil responde ante una situación que es nueva y que despierta la solidaridad de los vecinos».

En el barrio de San Lourenzo hay muchas personas mayores, «que son los más vulnerables en la situación actual y a los que debemos ayudar», explica el presidente vecinal. Una de las personas que mostró su interés por formar parte de la red vecinal es Alicia Peleteiro, vecina del barrio. «Aún no entré en acción, pero creo que podemos ayudar entre todos. Vivo aquí, y en los dos edificios que tengo a ambos lados viven dos personas mayores a las que podemos tender una mano», comenta Alicia. Entre los grupos de voluntarios, tanto en San Lourenzo como en el Ensanche, existe la sensación de que, a medida que avancen los días, surgirán más personas que necesitarán ayuda. «Esto no es una cosa para quince días. Estoy seguro de que serán más. Y es bueno que la sociedad civil se una para salir reforzados de esta situación», enfatiza Adrián Antonio.

En su opinión, «no existe el riesgo de caer en la desconfianza, porque la red es de vecinos del barrio. Son personas que conoces y que están dispuestas a echar una mano, porque la situación lo requiere. Estoy seguro de que aprenderemos de todo esto, y el comercio de proximidad puede ayudar mucho. Seguro que de esta experiencia saldrán cosas buenas, porque nos permitirá cambiar hábitos, conocernos mejor. Ganaremos todos», valora Adrián Antonio. Jon Brokenbrow considera que, cuando comience a ser más conocida la red, se podrá ayudar a quienes precisan de un apoyo para «ir a la farmacia, a realizar pequeñas compras. Hay que proteger a nuestros mayores», remarca.

Apuesta por el pequeño comercio y contra las compras compulsivas

Con la iniciativa puesta en marcha por Raigame también se quiere defender y ayudar al pequeño comercio. «As imaxes de persoas comprando grandes cantidades de produtos non teñen sentido, porque non hai perigo de desabastecemento», resalta Durán. Los comercios de proximidad también se ven perjudicados por esta situación y, sin embargo, pueden «axudar a evitar as compras compulsivas». Con la propuesta de Raigame y de otras entidades como la de San Lourenzo y As Marías de Basquiños y Espíritu Santo, los voluntarios quieren frenar el miedo. «Se alguén me pide cinco quilos de cenorias dígolle que leven o que necesiten. Non van quedar sen elas. Non é necesario tirar produtos. É unha maneira de axudarnos todos», defiende.

La red no solo permitirá «controlar a angustia das persoas, senón que permitirá tecer unha rede de amizade. Serve para vencer os medos e para protexer o comercio de proximidade». Durán lamenta que desde Raxoi se plantee hablar con las grandes superficies, porque entiende que se deja de lado al tejido comercial de los barrios: «Podemos facer moito polos nosos veciños».

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