La plataforma de venta por internet del mercado central de Ferrol duplica pedidos y usuarios

«Es triste haber crecido por esta situación», dice Eduardo Sanjurjo, gerente de Kibus


Ferrol

La recomendación de quedarse en casa y limitar las salidas lo máximo posible ha provocado que las ventas por Internet del Mercado de A Magdalena se hayan disparado desde el pasado sábado. «Es triste haber crecido por esta situación, pero la verdad es que lo hemos notado muchísimo. Tanto el número de usuarios como el de pedidos se ha multiplicado por dos», asegura Eduardo Sanjurjo, gerente de Kibus.online, la plataforma digital a través de la cual se hacen las compras por Internet.

Eso sí, para poder atender a todo el mundo sin problemas, los clientes deben solicitar ahora sus pedidos con un día de antelación. «La entrega en el mismo día se hará solo en casos contados y urgentes. Esto lo hacemos para facilitar la tarea a los placeros, porque con tantos pedidos necesitan tener una previsión de la demanda», explica Sanjurjo.

Y mientras la venta por Internet crece en la plaza de abastos del barrio ilustrado, Concellos como el de Moche y entidades como la asociación de vecinos de Canido, en colaboración con la parroquia de Santa Cruz, han puesto en marcha redes solidarias para llevar la compra o hacer recados a mayores que viven solos y no cuentan con apoyo familiar. En Moeche, esta ayuda se puede solicitar llamando al número 639 417 975, mientras que en Canido la red de voluntarios está disponible en el 881 936 876.

«¿Si vengo con miedo? No, vine con el coche»

R.P.P., B.A.

Clientes y placeros conviven con el estado de alarma en el mercado municipal de A Magdalena de Ferrol

Tras la vorágine del fin de semana, cuando los ferrolanos salieron en masa a la plaza de abastos para aprovisionar sus domicilios, el mercado de A Magdalena recobraba ayer cierta normalidad. Más puestos vacíos que de costumbre, pero un goteo continuo de clientes. Y vendedores al frente de los negocios trabajando casi como un día más. Pese a los temores iniciales, los precios se mantenían en la nave de la Pescadería. Y a los clientes habituales, se sumaban otros nuevos que recalaron en la plaza por la alarma.

 

«Siempre vine a comprar aquí y no voy a dejar de venir ahora, ¿no?», argumentaba Moncho, uno de los fieles. «¿Que si vengo con miedo? No, vine con el coche. Yo a ese señor no lo conozco de nada», bromeaba al tiempo que compraba unas chuletas.

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