Peinador desierto: solo llegan cuatro aviones hoy y tres mañana

Las aeronaves parten con apenas veinte pasajeros, la mayoría de retorno a sus hogares


Vigo

«Parece un domingo por la noche. No hay pasajeros, ni gente esperando, ni nada abierto», resume uno de los agentes de la Guardia Civil destinados en Peinador para describir el escenario que han dejado las restricciones de vuelos y movilidad implantados para atajar la pandemia del coronavirus.

Parte un vuelo de Binter hacia Gran Canaria y apenas veinte personas pasan el control de embarque. Los integrantes de los equipos de supervisión de equipajes, tarjetas de embarque y seguridad son muchos más que los viajeros que a cuenta gotas pasan sus maletas por el escáner y ellos mismos por el arco de seguridad. «Cada vez llegan menos», constata el personal que cifra entre 20 y 30 el número de pasajeros medio de los aviones que parten de la pista viguesa entre hoy y ayer y que estiman irá a menos en los próximos días, si es que no se cierran todos los aeropuertos del país. «La gente vuelve a sus casas, aunque alguno ha habido que se va a China, a zonas de peligro del coronavirus incluso y con la intención de volver, pero aquí no hay ninguna restricción que se pueda aplicar», indica otra compañera, que aprovecha para enviar el mensaje de que solo cuentan con las mascarillas que ellos mismos se han proporcionado. 

Para hoy son quince los vuelos anulados en Peinador. Madrid se ha quedado con dos frecuencias. Seis con destino a Barajas no operarán y otros siete procedentes de Madrid tampoco, así como uno de ida y otro de vuelta en la relación con Bilbao. Solo cuatro vuelos de llegada y cinco de salida devolverán la actividad a la pista olívica: el que llegó a las 12,10 horas de Gran Canarias de Binter y que partió media hora después, un Air Europa casi a las mismas horas con el eje de Madrid, destino que también unirá otro de Iberia a media tarde y un avión de Vueling que a última hora llegará de Barcelona y retornará. La actividad no llega ni a la tercera parte de los vuelos programados habitualmente y cada uno de ellos reduce al 30 % sus plazas disponibles, pero ni siquiera estas son cubiertas. 

Naira, una viajera canaria que apura el embarque, muestra en su rostro el escenario de circunstancias vividas. «Llegué de vacaciones antes de que se emitiese el decreto, con la intención de conocerlo todo en Galicia, con planes de ir a todos los sitios destacados, y no pudo ser, me quedé sin disfrutar nada y esperando al vuelo de vuelta», dice mientras se cuestiona el verdadero origen de la pandemia y sobre cómo se está combatiendo. 

«Tuvo que ir la policía al hotel a precintar las piscinas y las hamacas. Los extranjeros que estaban en el hotel no se lo tomaban en serio, hacían fiestas en las habitaciones», aseguran Pili y Javier nada más poner un pie en la terminal y tras bajase de un vuelo de Gran Canaria. «No hemos querido ni que nos vengan a buscar, no sabemos si podemos llegar a portar el virus y no queremos poner en riesgo a nadie de la familia», añaden antes de disponerse a buscar un taxi, que al contrario de un día normal, no hay ninguno ante el edificio central del aeropuerto. 

Los altavoces dan cuenta de las medidas extraordinarias activadas contra la expansión del coronavirus. «Pero en el aeropuerto de Gran Canaria nos metieron a todos en un autobús pequeño bastante apretados», dice otro viajero al pasar y sin medidas de protección, como la mayoría de un grupo de 22 vigueses que vuelven de unas vacaciones en la isla con la incertidumbre de cómo se van a encontrar su ciudad y cómo se van a poder abastecer ahora. Con ellos solo otros siete pasajeros más cruzan rápido la terminal. 

Cafeterías y quiosco están cerrados, los puestos de las compañías de alquiler de vehículos reconocen que apenas esperan más que por los clientes que han alquilado coches e indicaron que los devolverían hoy. Y los mostradores de las compañías con presencia en el aeropuerto de Vigo solo reciben la visita de los clientes que quieren cambiar de fechas sus vuelos. «A ver si lo consigo, tenía una cita en Madrid y me la han anulado», señala el exconcejal vigués Rafael Llano de la Concha a la espera de que le habiliten otro vuelo para más adelante.

Los soldados de la Brilat de Pontevedra acaban de desinfectar las puertas de entrada, la parada de autobús y otros espacios comunes. Hoy no han entrado en el edificio central, pero mañana patrullarán por sus pasillos, en una imagen inédita en la historia de Peinador. 

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