Padres con niños autistas: «Para nuestros hijos, pasear es tan importante como comer o beber»

Las personas con síndrome autista necesitan salir, pero a algunas ya se les multó por saltarse la reclusión


Redacción / La Voz

La vida dio una vuelta de tuerca para 47 millones de españoles el pasado 14 de marzo, cuando el presidente del Gobierno anunció el estado de alarma por la crisis del coronavirus y, con él, el confinamiento de la población. Pero si para las familias con niños o con mayores, para las que viven en pisos pequeños, para las que comparten vivienda o para las que no pueden reunirse con sus familiares es difícil, hay un colectivo para el que el encierro en casa es un verdadero drama. Son las personas que padecen autismo y sus familias. Romper las rutinas ya es para ellos un trastorno, pero no poder salir a la calle puede ser un infierno, para ellos y para los que les rodean. Estrés, ansiedad, conductas desafiantes y hasta autolesiones o agresiones a sus cuidadores son situaciones extremas a las que pueden llegar cuando su mundo interior se altera hasta tal punto. «La gente no entiende que, para nuestros hijos, pasear es tan importante como comer o beber», indica un padre de Santiago que se agarra, como clavo ardiendo, a la huerta de la casa de su madre, donde al menos su hijo puede correr a sus anchas.

Las familias con niños autistas se echaron las manos a la cabeza el pasado sábado, cuando se enteraron de que tenían que pasar quince días, como mínimo, enclaustrados en casa con sus hijos, a los que también les habían cerrado los colegios y los centros de día, además de restringir las visitas a los que están en residencias. Por eso las entidades que trabajan con los afectados por TEA (Trastorno del Espectro Autista) y con sus familiares no tardaron en llamar a la puerta de la Dirección General de Políticas de Discapacidad para demandar que se resolviese el problema y se reconociese el derecho de estas personas a salir a la calle «con fines terapéuticos».

No tardó en modificarse el artículo 7 del real decreto, que ahora permite la salida de personas que acompañen a otras «con discapacidad». Sin embargo, la Confederación Autismo España y el Comité de Representantes de Personas con Discapacidad piden que se haga referencia expresa a las personas con TEA, dado que existen ciertas formas de autismo, como el Asperger, que en ciertos casos no cuentan con un certificado de discapacidad. Lo hacen, sobre todo, para que las fuerzas de seguridad sepan cómo actuar, dado que ya hubo ayuntamientos en los que se multó a personas que habían salido acompañando a otras con TEA.

Sin ponerse en riesgo

«No se entiende que podemos salir a pasear al perro y no podemos hacerlo con nuestros hijos», se queja María José Álvarez, presidenta de Aspanaes y de la Federación Autismo Galicia, que representa a 17.000 personas agrupadas en 16 entidades en la comunidad. «Todos estamos en un confinamiento estresante, pero a estas personas les puede provocar reacciones obsesivas, situaciones incontrolables, escapismo...». Advierte, con todo, que las entidades que se han dirigido al Gobierno piden medidas terapéuticas, no «que se lance el mensaje de que pueden salir y ponerse en riesgo ellos o a los demás». Y siempre con la tarjeta de discapacidad, para identificarse ante las fuerzas del orden.

Queda concienciar a la sociedad, y para ello, Autismo Galicia publicó un comunicado en el que advierte: «Podemos atoparnos a persoas con autismo na rúa, por que?». Porque lo necesitan, como comer y beber.

Un niño de Cambados con TEA, encerrado en un hotel de Lanzarote

La cambadesa Vanessa Serantes, su marido y sus hijos, partieron el día 11 hacia Lanzarote con la intención de pasar una semana de vacaciones. Se alojaron en un hotel y los primeros días transcurrieron con normalidad. Pero cuando se decretó el estado de alarma empezaron a sospechar que sus días de asueto se iban a convertir en una pesadilla. Así fue. Ayer tenían que coger el avión de vuelta a casa, pero su vuelo fue cancelado. Y lo peor fue cuando en el hotel les informaron de su intención de cerrar. «Nos dijeron que por ser zona de ocio, no podían permanecer abiertos». Les invitaron a marchar, pero ¿adónde? «No podemos salir de la habitación, nos dicen que aquí no podemos estar, pero tampoco tenemos a dónde ir, ni cómo salir de la isla».

El problema no es exclusivo de ellos, pero la familia cambadesa tiene uno añadido; el menor de sus hijos, Martín, padece autismo, lo que complica todavía más su confinamiento. «Tuve que bajarlo al parque, en teoría no se puede, pero se me sube por las paredes», se queja la madre. Ayer, Martín y su hermana Alba pasaban la tarde entretenidos en la terraza, él con sus puzles y ella pintando. «Y si no, están viendo la tele, no tenemos otra cosa en qué pasar el tiempo». La familia logró que el hotel les diese una prórroga de dos días, «pero no podemos salir de la habitación más que para ir al comedor, y no sabemos si nos darán de comer porque lo están recogiendo todo».

Y nadie les dice ni cómo ni cuándo podrán volver a casa. «Ni el hotel, ni Ryanair ni el Gobierno. Estamos aquí tirados».

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