«Abrazo a mi hijo para no enloquecer pensando en si necesita ir al hospital »

Vanessa es la mamá de Álex, un niño con parálisis cerebral. Desde que nació, es como si ella rodase cada día La vida es bella para hacerle a él un mundo mejor. Y con el coronavirus más


Pontevedra

En la casa de Vanessa Álvarez y Aitor Guntín, en Vigo, es como si hace trece años se comenzase a grabar La vida es bella y el rodaje nunca se dé por finalizado. Porque hace trece años llegó al mundo Álex, el tercer hijo de la familia. Y el mundo no se portó nada bien con él nada más nacer. Le faltó oxígeno en el parto y nació con parálisis cerebral y con algunas complicaciones médicas derivadas de su situación. Sus padres, Vanessa y Aitor, decidieron que ellos pondrían todo de su parte para tratar de compensarle. Y ambos, junto a sus hijas mayores, se empeñan cada día en proporcionarle un mundo de besos, sonrisas, cuentos y alegría de la buena. Y Álex, aunque no pueda andar, ni hablar, ni siquiera casi verles por la deficiencia visual que tiene, se lo compensa todo con sonrisas kilométricas. 

Su madre, Vanessa, se hizo conocida en toda Galicia hace tiempo por juntar tapones o poner en marcha otras iniciativas para recaudar fondos para las terapias que necesita su hijo para tener un mínimo de calidad de vida. De hecho, su Facebook, Ayúdanos a caminar, es un canto a la solidaridad y el optimismo. Pero también es un lugar donde llevarse algunas bofetadas de realidad. Porque la familia no nada en la abundancia. Vive, mientras espera desde hace años por un piso social y adaptado, en una antigua casita de pescadores de Vigo que le presta el abuelo de Vanessa. Y ahora mismo el padre de Álex está en el paro y sin subsidio, cobrando únicamente los 426 euros de la ayuda familiar. Si se pregunta por ellos en Amencer, el colegio especial de Pontevedra al que Álex acude, lo que dicen emociona: «Lo intentan todo por su hijo, se vuelcan totalmente. Álex recibe miles de abrazos al día, su casa es una fiesta constante. Es una familia maravillosa», señalaba María, una fisioterapeuta de Amencer, el día que le pusieron a Álex un traje de superhéroe para una terapia pionera que tienen en el centro pontevedrés. 

El problema es que, aunque ellos se empeñen en enseñarle un mundo amable a Álex, hay un monstruo que se empeña en visitarlos a cada paso. Porque Álex sufre crisis epilépticas fuertes que le obligan a estar en el hospital. Y, además, como muchos otros niños con parálisis cerebral, las afecciones respiratorias en su caso enseguida se convierten en neumonías y también suelen requerir ingresos. El monstruo que acecha a Álex, que es como le llama su madre a la pesadilla de la epilepsia, suele visitarle por las noches. Por eso hace ya más de dos años que Vanessa tomó una decisión tan dura como valiente. Ella no duerme de noche. Se pasa las horas sin luz al lado de la cama de su hijo, velando el sueño por si llega otra crisis y hay que salir corriendo. Con su desvelo considera que tiene un seguro de vida para su hijo. O lo consideraba. Porque todo ha cambiado un poco a cuenta del coronavirus. 

Vanessa reconoce que cuando empezó la crisis sanitaria y el confinamiento lo primero que pensó fue en Álex y en el peligro de que tenga que ir a un hospital ahora mismo. Reconoce que en el primer momento sufrió una angustia importante: «No miento, me asusté muchísimo y sigo asustada. Si normalmente estoy pendiente de cada respiración de mi hijo imagínate ahora, a cada gesto me preocupo.... Pero conforme pasan los días en casa fui resignándome. Ahora mismo podría estar como loca pensando en si Álex tendrá que ir al hospital, pero le doy millones de abrazos y no pienso tanto... es así, abrazo a mi hijo para no enloquecer pensando en si necesita ir al hospital», indica desde Vigo.

Como Roberto Benigni en la famosa película, Vanessa trata de poner blanco en una situación bastante negra. Es consciente de que Álex se lo pasa divinamente cuando va a su colegio especial en Pontevedra, pero indica: «Estos días, al no haber cole, me lo puedo comer a besos todo el rato. Me encanta tenerlo en casa porque le ves sonreír todo el día. Y, aunque sé que en el colegio está genial y que debe ir, nos tomamos esto como unos días de mimos caseros, que nunca vienen mal. Estamos los cinco juntos y estamos bien por ahora. Me obligo a pensar en eso, en que estamos bien, felices y contentos con nuestras cosas, porque si pienso en el peligro de tener que ir corriendo a un hospital como nos pasó ya tantas veces me vuelvo completamente loca», dice.

Vanessa habla así mientras, desde la parte baja de la casa, vigila con una cámara a Álex, que está arriba en la cama junto a su padre. Dice que Álex apenas puede interaccionar. Así que los días de confinamiento los pasa en la cama o en el salón, chupeteando una jirafa de peluche que le vuelve loco de amor o abrazado a sus padres. A él le llega con eso para ser el niño más feliz del mundo. No necesita más. Al final, va a resultar que el verdadero director de La vida es bella en esta casa de Vigo es él, todo un campeón. 

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