Una azafata de vuelo: «Estamos totalmente expuestos y sin ningún tipo de protección»

En los vuelos las distancias de seguridad desaparecen, «tengo a compañeras llorando por temor a contagiarse y tener que separarse de sus hijos»


Santiago

Daniela (nombre ficticio), es una azafata de vuelo gallega que ha dicho basta. En plena pandemia del virus SARS-CoV-19, las condiciones en las que trabajan, asegura, no cumplen ningún requisito de seguridad. El número de vuelos ha caído de forma importante por las restricciones que establecen muchos países, pero los que operan lo hacen sin limitación de ocupación. Es decir, si se venden el cien por cien de los billetes, el vuelo va lleno de pasajeros. Y eso ocurre. «Esta semana un Tenerife-Madrid ha ido con 166 personas, once más y es oberbooking», explica.

El personal de cabina no solo no puede mantener la distancia de seguridad sino que apenas tiene medidas de protección, «de material tenemos unos guantes de látex, una toallita desinfectante de la medida de un pulgar y finita como un folio, y nada más. El espray desinfectante está ya sin stock y desde el lunes 9 lo tenemos que llevar nosotros». 

La situación en la que trabajan es estresante. «Estamos totalmente expuestos sin ningún tipo de protección. Los aviones se desinfectan una vez al día, pero salen a las seis y media de la mañana y vuelven a las diez o doce de la noche». Los pasajeros, cuenta Daniela, van incluso mejor protegidos, con mascarillas, guantes «o capuchas, hasta te sientes intimidada porque no sabes a quién estás llevando».

Asegura que los sindicatos han pedido mascarillas para los trabajadores y que los carros de comida no salgan al pasillo, sino que se sirva a demanda, pero «no las vamos a tener», lamenta Daniela en relación a la protección facial.

Distancia en la terminal, ninguna en el avión

La situación es tan paradójica que en la terminal la Guardia Civil se acerca a los grupos de personas para que mantengan la distancia de seguridad e incluso al personal de cabina que aguarda para embarcar «pero después en el avión tenemos que estar todos juntos». Como los controladores aéreos, además, trabajan al 50 % para evitar contagios y mantener el servicio, los tiempos se alargan. Es cierto que el número de operaciones también es menor, pero el espacio aéreo se congestiona y pasaje y tripulación deben esperar a que les den el permiso para despegar, «el otro día estuvimos todos metiditos y sin ningún control sanitario aguardando veinte minutos en la pista a que nos diesen el ok para salir».

Para esta azafata del grupo IAG la situación es surrealista. Pide que se reduzcan los vuelos y se eleven las medidas de protección, «estamos súper estresados, tengo a compañeras que son madres, llorando por temor a contagiarse y que después tengan separarse de sus hijos para no transmitirles el virus». Mantener vuelos y con un embarque tan elevado es para esta azafata una manera de «menear el virus por ahí», una política que choca con el intento de contenerlo que tanto recomiendan todas las autoridades.

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