Santiago trabaja a puerta cerrada

La actividad en Costa Vella se limitó al trasiego de los supermercados, en el Tambre las empresas funcionaron sin atención al público y en el resto de la ciudad hubo poco movimiento en la calle

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Santiago, desierto por el estado de alarma Las calles del casco histórico se ven vacías casi por completo. Caso distinto son los supermercados del Ensanche

santiago / la voz

Cuando los comerciantes alegan que defender las compras de proximidad es apostar por la vida de las ciudades a algunos puede parecerles un mensaje exagerado. Sin embargo, en la jornada de ayer, como en la del sábado, quedó demostrado en Santiago que el cierre del comercio y de la hostelería deja una estampa de calles vacías y muertas que produce cierto escalofrío. Apenas un puñado de vecinos, todos ellos con alguna bolsa de supermercado o acompañados por sus mascotas, se pasearon por las rúas y plazas del Ensanche y casco histórico.

La mayor concentración de personas volvió a registrarse en las puertas de los supermercados del Ensanche, donde nuevamente los productos de higiene personal y del hogar fueron los artículos más demandados. La leche también faltaba en algún comercio. En otras tiendas de alimentación establecieron aforos limitados para evitar aglomeraciones en el interior, y en varias panaderías se advertía a los clientes, mediante carteles, que no se permitían más de tres o cuatro al mismo tiempo en el interior del local. Los trabajadores de las ópticas, que están incluidos entre los negocios sin restricciones, permanecían en sus comercios, pero casi sin actividad.

A mediodía, cuando el aparcamiento de la praza de Galicia suele colgar el cartel de completo, aún quedaban plazas hasta en la primera planta, y lo mismo ocurría en otros párkings de la ciudad. En el casco histórico había casi más peregrinos y turistas que vecinos, y todo el comercio y la hostelería estaban totalmente cerrados. Las cadenas de comida para llevar permanecían abiertas, pero con escaso movimiento. Y también los hoteles tenían sus puertas abiertas, aunque no se servía a los huéspedes de los establecimientos. La Praza de Abastos funcionó con la normalidad habitual de un lunes, si bien su gerente, Marta Rey, comentó que el pico de pedidos fue el sábado, cuando se realizaron reservas también para hoy. Las gasolineras mantuvieron su actividad normal, aunque sus trabajadores reforzaron las medidas de protección, utilizando mascarillas de seguridad con doble filtro y guantes.

Si el comercio y la hostelería dieron un ejemplo de civismo, las principales empresas demostraron su capacidad para poner en marcha protocolos estrictos de protección. En el polígono del Tambre, a primera hora de la mañana, el tráfico fue similar al de un sábado, y a medida que pasaban las horas se incrementó la intensidad de la circulación. Las empresas sin atención al público funcionaron con cierta normalidad, y el resto limitaron el aforo en las zonas de venta.

El presidente de la Asociación de Empresarios del Tambre, José Alborés, aseguró que la actividad industrial se mantenía con bastante normalidad en ambos polígonos. En el de Costa Vella el movimiento se centró en los supermercados. Las empresas más importantes del área establecieron protocolos estrictos. En Cortizo las líneas de producción están a turnos para limitar el número de trabajadores en planta al mismo tiempo, y el personal de oficinas y el que estaba en jornadas partidas pasaron a jornada única. En Televés el personal de producción pasó de tres turnos a cinco para limitar los operarios en fábrica. Todo aquel que puede teletrabajar fue enviado a casa, y se cerraron las delegaciones, menos la de Canarias, para servir a los clientes desde la plataforma logística de Oroso.

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