Aprendiendo química por videoconferencia

Asistimos, ordenador mediante, a una de las clases virtuales que un profesor de O Carballiño imparte a sus alumnos tras el cierre de aulas

Clase virtual de Química de Juan Sanmartín y sus alumnos de 3º de ESO del colegio Vila do Arenteiro
Clase virtual de Química de Juan Sanmartín y sus alumnos de 3º de ESO del colegio Vila do Arenteiro

En el ordenador parpadea una ventana emergente avisando de que la reunión empezará próximamente. Pocos minutos después de las doce, la reunión se activa. El anfitrión es Juan Sanmartín, profesor del colegio Vila do Arenteiro de O Carballiño. Usando ZOOM, una plataforma de video y audio conferencia en línea que permite mantener encuentros a distancia entre varias personas, ha convocado a sus alumnos de Física y Química de tercero de ESO a una clase sobre formulación.

Poco a poco se van conectando los chavales. «¡Ey, Sanmartín!», saluda uno. El profesor va haciendo recuento: «Rubén, Simón, Uxía... ¿Quique, me oyes?», va repasando. Unos tienen activada la cámara y se ve cómo asisten a la clase virtual desde sus casas. Otros solo intervienen por voz. Las conversaciones son en general claras, incluso cuando varios responden a un tiempo, sin más dificultades que en un aula normal.

«¿Visteis los vídeos que os mandé», pregunta Juan. Y es que sus clases tienen mucho trabajo previo. Hace tiempo que este profesor aplica un método en el que los chicos preparan la materia en sus casas y luego, en el aula, resuelven ejercicios en conjunto, consulta dudas y trabajan los temas propuestos. Por eso ellos están acostumbrados a herramientas telemáticas que, con la suspensión de las clases y el confinamiento, cobran más importancia, y ponen verdes de envidia a quienes estudiaron provistos solo de papel y bolígrafo.

En los correos que Sanmartín les envía incluye desde infográficos hechos con Genially donde pueden ver el material disponible para cada materia y las tareas asignadas, videolecciones preparadas con Edpuzzle y Youtube y boletines en línea que deben completar, hasta exámenes a través de la herramienta de evaluación educativa digital Socrative.

Uno de los infográficos con los que Sanmartín pone material a disposición de sus alumnos
Uno de los infográficos con los que Sanmartín pone material a disposición de sus alumnos

A muchos adultos todo esto les sonará a chino. Pero para estos alumnos de Secundaria es el pan de cada día. Por eso a ellos les ha cogido la suspensión de clases más preparados que a la mayoría. «La maquinaria ya estaba bastante optimizada, a lo que no estamos acostumbrados es a la clase por videoconferencia. Y sí que se echa en falta esa clase presencial, mucho, pero poder seguir dando materia es fantástico», explica Sanmartín.

Sus alumnos,aunque no se lo crean ustedes, concuerdan con él. «Es productivo», dice uno. «Por lo menos estamos entretenidos, es mejor que no tener nada que hacer», comenta otro. «Y así hablamos entre amigos», apunta un tercero.

Durante la clase todos pueden ver la pantalla del ordenador de Juan, en la que va resaltando partes de las fórmulas, escribiendo soluciones a sus preguntas... Como en cualquier aula normal hay quien responde a menudo, a quien hay que preguntarle directamente, y tampoco falta el perfil habitual del que suelta chascarrillos con cierta frecuencia. Pero todos, de una manera u otra, participan en el desarrollo de la clase. Para un profano, la cosa va viento en popa. La comunicación es fluida y casi podría olvidarse lo anormal de la situación de confinamiento en casa. Pero los chicos reconocen que no: «Falta contacto humano», dicen.

Juan Sanmartín dando su clase de Química desde su casa con un portátil con webcam
Juan Sanmartín dando su clase de Química desde su casa con un portátil con webcam

Tras una media hora de asamblea virtual, Juan da por terminada la clase: «En la web tenéis trabajo para casa. Los que no hicisteis el examen el viernes, tenéis abierto el socrative. Y os vuelvo a enviar todo por correo al acabar. El lunes, clase a las 10». Mientras los chicos se despiden enviando besos, uno se queja: «¿Mates a las diez? Joer...». Hay cosas que no cambian, ni en un aula virtual.

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