Ourense arranca la jornada a medio gas

Pese a que la actividad está practicamente parada, muchos han tenido que salir a trabajar


Ourense

Más silencio de lo normal en la calle y miradas cómplices entre los pocos viandantes, la mayoría trabajadores. La mañana de este lunes en la ciudad de As Burgas se ha parecido más a un domingo. El tráfico ha disminuido drásticamente y se nota mucha mayor presencia policial. Agentes de la Local, Autonómica y Nacional -en coche y moto- recorren sin cesar la ciudad para controlar que se cumplen los cierres de establecimientos y que no hay particulares en la calle paseando. En la plaza de Abastos los puestos están abiertos y la mitad de los comerciantes usan medidas de seguridad: mascarillas y guantes. Pero el trasiego de gente es mucho menor que el del pasado fin de semana. «El sábado esto estaba a tope, mucha gente se llevó lo de todo el mes», afirma una carnicera. También está abierta la zona del rianxo, también con mucho menos clientes que hace un par de días.

«El sábado esto estaba a tope, mucha gente se llevó lo de todo el mes»

En la calle del Paseo, pocos comercios abiertos, únicamente un óptica y una farmacia. Se ve gente trabajando dentro de los bancos, pero están cerrados al público en general. También transitan por el Paseo conductores de camiones reponedores de supermercados. Aseguran que han tenido de doblar esfuerzos tras el fin de semana. «Hay estanterías vacías, yo he tenido que pedir un refuerzo y ha venido un compañero de Vigo para ayudarme», dice uno de los reponedores.

En la calle también hay sintecho. Sentado en un saliente de la fachada del Centro Cultural de la Diputación permanece toda la mañana uno de ellos. Dice que han pasado varios policías pero que le han dejado estar allí, porque no tiene adonde ir. Es de nacionalidad portuguesa: «Estoy aquí pidiendo si no me dejan tendré que robar», dice resignado. Aunque lo que más le preocupa es el cierre de los baños públicos. «Llevo toda a mañana con ganas de ir al servicio y no tengo  donde hacerlo ¿qué quieren,que lo haga aquí en la calle?», protesta. También están abiertos los establecimientos de telecomunicaciones. En la calle Santo Domingo, dos personas hacen cola a una distancia más que prudencial. «Estamos abiertos, pero de aquella manera. Solo para casos de urgencia», afirma el empleado.

 «Llevo toda a mañana con ganas de ir al servicio y no tengo donde hacerlo ¿qué quieren,que lo haga aquí en la calle?»

El Concello de Ourense ha restringido al máximo su actividad de atención al público y solo se realizan trámites urgentes. Las oficinas están vacías este lunes y los trabajadores municipales precisan que los ourensanos están siendo disciplinados. Así, en lugar de presentarse directamente en el Ayuntamiento, llaman antes para pedir cita previa. Es entonces cuando les explican que solo se atienden casos urgentes y tranquilizan a los ciudadanos que llaman preocupados porque les caduca la tarjeta del autobús o porque tienen que solicitar una ayuda. Los plazos administrativos se han suspendido por el estado de alarma y no hay urgencia para realizar ese tipo de trámites. Sí se atienden, por ejemplo, las solicitudes de certificados censales para extranjeros que, de otro modo, no podrían acceder a la asistencia sanitaria.

El movimiento en el interior de la Casa do Concello es muy limitado, aunque durante toda la mañana se están celebrando reuniones de alto nivel para organizar la actividad municipal en las complejas circunstancias de la emergencia sanitaria. Los trabajadores municipales disponen, según dicen, de suficientes geles, guantes y mascarillas para protegerse. Además, el gobierno local ha puesto en marcha medidas para garantizar la prestación de servicios esenciales como el de los bomberos. Según ha explicado la concejala de Seguridad, María del Mar Fernández Dibuja, la mitad de los trabajadores de cada turno harán la guardia en casa y la otra mitad en el parque de bomberos para evitar así un contagio masivo. Dibuja cree que, dadas las circunstancias, se producirán menos incidencias de las habituales que exijan la intervención de los trabajadores del servicio de extinción de incendios.

Cabe destacar, por otra parte, que la Casa do Concello se convirtió en refugio improvisado para un sintecho. Los agentes de la Policía Local lo encontraron en la calle y lo llevaron allí. Sentado en las escaleras principales que llevan a la primera planta esperó a que los servicios sociales municipales le buscasen una solución para no tener que permanecer en la vía pública, algo que prohíbe el decreto que declaró el estado de alarma. El ejecutivo estudia abrir el albergue fuera de su horario habitual para atender este tipo de casos.

En O Barco de Valdeorras hay mucho movimiento por la calle y también bastante tráfico de coches. En algunos momentos hay atasco en el centro, punto elegido por la Policía Local para parar a todos los vehículos que pasan para saber hacia dónde van. La respuesta más repetida es «a por pan», la justificación que todos los ciudadanos saben que sirve para poder salir de casa. Lo cuenta el agente José Parra, que remarca que la situación fue la misma durante todo el fin de semana, con demasiada gente en la calle. «Hubo mucha gente mayor paseando, falta mucha concienciación todavía», relata. Los agentes llevan mascarilla, y también algunos viandantes. Cerca del cruce donde los agentes paran coches, en la farmacia Gurriarán se ven muchos clientes haciendo cola. La mayoría no llevan mascarilla, pero sí guardan las distancias con el resto de personas para evitar posibles contagios.

Donde no hubo incidencias fue en lo que respecta a los locales de hostelería y ocio, que tienen que estar cerrados. Nadie intentó abrir. «El fin de semana no hubo ninguna incidencia», explica el alcalde, Alfredo García. Él está pasando la mañana en el ayuntamiento, organizando el teletrabajo de los empleados públicos. «No va a haber atención al público», remarca. Y no solo eso, las brigadas municipales también se van a casa. Los operarios deberán estar localizables porque serán llamados en caso de urgencia, pero nada más. «Hoy todavía trabajan, pero a partir de mañana estarán solo para emergencias», cuenta García. Enfrente del consistorio trabajaban a las diez de la mañana varios operarios de una empresa de mantenimiento de jardines, contratada por el Ayuntamiento. Pero ya se van, les han dado la orden de que nada más acabar lo que están haciendo, recojan, cuenta uno de los trabajadores, Héctor Crespo.

A punto de terminar su turno está María Esther Guerra, del servicio de limpieza viaria. Lleva desde bien temprano barriendo las calles, y lo hace con mascarilla. «Por la mañana como no había gente no la puse, pero después como empecé a ver ambiente, me la puse», cuenta Guerra. En cuanto remate (12.30 horas) se va para casa, y piensa encerrarse. Solo saldrá unos minutos por la tarde a pasear a la perra, pero por cerca de su vivienda.

En A Rúa de Valdeorras también se empieza a ver ambiente en este primer día laborable en estado de alarma. Los agentes de la Policía Local no controlan los coches, sino a los viandantes. «Cos coches non facemos nada, porque se teñen que saír comprar, case prefiro que vaian en coche que andando», dicen desde el cuerpo municipal. A la gente que va caminando le preguntan su destino, y en los casos en que van más de dos personas, les obligan a separarse. «Explicámoslle á xente que pode incurrir nun delito de desobediencia», explica uno de los agentes.

«Case prefiro que vaian en coche que andando»

 En Petín calma total. Cuenta la alcaldesa, Raquel Bautista, que la gente ha respetado lo ordenado por el Gobierno y se ha quedado en casa. Incluso esta mañana no había mucho movimiento. «La gente va a tener que salir a comprar y a por el pan, pero la verdad es que la gente que se ve por la calle va con guantes y mascarilla, los vecinos están muy concienciados», dice. Y añade: «No hay movimiento por la calle, que es como tiene que ser».

En O Carballiño la jornada se desarrolla con normalidad en un día que, en condiciones normales, debería registrar una actividad mayor de la habitual al corresponderse con la primera de las ferias del mes de marzo, suspendida como todos los mercados por las medidas de precaución contra el coronavirus. 

En Ribadavia la situación es similar, con un importante descenso en la actividad. La demanda de los taxis se ha reducido en un 90%, con servicios que se circunscriben a las personas de la zona rural que acuden a la capital de O Ribeiro al centro de salud o a realizar las compras. 

En A Arnoia han anunciado la puesta en marcha de un equipo de voluntarios para informar y atender a las personas mayores a domicilio. El Concello ultimará esta tarde la coordinación de este servicio y el mismo estará en funcionamiento a partir del martes.

También en Boborás, donde su alcaldesa Patricia Torres se encuentra pasando la cuarentena en su domicilio, se ha emitido un bando informando que Protección Civil colaborará y ayudará a los colectivos más vulnerables y a las personas mayores que precisen medicamentos y alimentos de primera necesidad.

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