Las clases se dan en casa

En la primera jornada de cierre de los colegios, los hogares gallegos se convierten en aulas para mantener las rutinas y combatir el aburrimiento

Lucía, alumna de Secundaria,  y Lola, de Primaria, hacen tareas escolares en el comedor de su casa
Lucía, alumna de Secundaria, y Lola, de Primaria, hacen tareas escolares en el comedor de su casa

Mateo, 11 años recién cumplidos, se levanta a las nueve y media, algo más tarde que otro lunes cualquiera. Esta vez, después de desayunar y ducharse, no hay que salir corriendo para clase. «Pues me vuelvo a la cama», pensó en un principio. Pero su madre, Mai, tiene otros planes. «Su profesora nos contactó por mail y nos va a ir mandando algunos deberes cada día», explica. Su hijo está en cuarto de primaria, y el objetivo de su tutora es que los hábitos de trabajo de los chavales sufran lo menos posible con la suspensión de las clases y el confinamiento.

Aunque el mensaje de la maestra deja claro que las tareas no son obligatorias, sino «unha axuda» para las familias, en este hogar de Cambre sí se van a seguir. «Pretendo que el niño siga un horario. No como el del colegio, dedicaremos un tiempo a algunas asignaturas por la mañana, parando un ratito para que juegue, y luego haremos otras asignaturas por la tarde», explica Mai. De momento, les han mandado deberes de matemáticas y lengua: «Este fin de semana los profes prepararon algunas tareas, poco a poco irán mandando más para cada día», explica esta madre.

Mateo, de 11 años, y su madre Mai, organizan las tareas escolares que les han recomendado los profesores
Mateo, de 11 años, y su madre Mai, organizan las tareas escolares que les han recomendado los profesores

Antes de comer, Mateo ya había leído una fábula y contestado a las preguntas correspondientes. Aunque habitualmente estudia en la sala, estos días lo hará en su cuarto, para que la otra habitación sea un lugar de esparcimiento que también pueda usar el resto de la familia y que «cada uno tenga su espacio». Mai ya ha cavilado también en que lo más difícil para el niño será estar tantos días sin contacto con otros chavales, así que ha pensado que cada tarde harán alguna videollamada conjunta entre los amigos, prepararán vídeos para enviar a los familiares y buscarán maneras de estar en contacto «igual que hacemos los mayores».

Pizarra y canciones

En casa de Begoña también hubo clase esta mañana. El pequeño Adrián acaba de estrenarse en el cole este curso, pero tampoco los alumnos de cuarto de infantil deben perder la rutina. «Su profesora nos contactó por correo electrónico y nos detalló muy bien qué hacer», explica esta madre . Así que la jornada lectiva empezó como en la escuela, diciendo qué día es hoy, recordando que estamos en invierno y cantando las canciones que los peques tienen asociadas a esta estación y cuyos enlaces en Youtube la maestra envió a los padres.

Adrián, que empezó este año el colegio, repasa letras y números en su pizarra
Adrián, que empezó este año el colegio, repasa letras y números en su pizarra

Después, tocó repasar letras y números. En este hogar han aprovechado la pizarra que Adrián tiene en la sala y que le encanta. Ahí escribió su nombre, que ya controla, y su madre le animó a escribir el de algún amigo. También les han mandado información y enlaces sobre cosas que han estado viendo en el aula, como información sobre algunos países que los pequeños estaban trabajando para que puedan repasar con sus padres. Y, poco a poco, los profesores de otras materias van mandando más material. El de gimnasia, por ejemplo, les ha pedido que graben un vídeo bailando y se lo envíen, para montar luego una pequeña película con las aportaciones de todos los alumnos. «Y mañana tocará clase de inglés», aclara Begoña. La profesora de esta asignatura ya les ha enviado material para ello a través de la plataforma Abalar, de la Consellería de Educación.

Los padres, muy implicados

Entre los padres, la tónica general es que no quieren que los chavales, sean del curso que sean, abandonen las rutinas y pierdan el contacto con la educación. En casa de Marián, por ejemplo, eso implica trabajar a dos niveles. Su hija Lola está en 1º de Primaria. Han aprovechado para hacer con ella algunas fichas que tenía pendientes, y han pensado en ponerle cuentas y algo de escritura.

Lucía, la mayor, está en 2º de la ESO. En alguna asignatura ya le han mandado tareas que ha tenido que devolver al profesor por Internet para su corrección, y además su instituto cuenta con un aula virtual a través de la que estarán en contacto con los alumnos y donde tienen colgados recursos para las distintas asignaturas. Desde la academia de inglés a la que acude algunas tardes a la semana también han avisado de que les mandarán tareas.

Los centros educativos están cerrados, pero en las casas gallegas el trabajo escolar sigue, a pesar del coronavirus.

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