El virus tira de las costuras europeas: descoordinación y sálvese quién pueda

La UE afronta la crisis con una reacción tardía y el cierre unilateral de fronteras

European Commiss

madrid / colpisa

Europa se enfrenta a una situación de alerta sanitaria sin precedentes que ha precipitado en poco más de una semana una cascada de decisiones y medidas de choque que no siempre responden a esos principios de «coordinación» y «solidaridad» en los que se viene insistiendo desde el estallido de la crisis. La reacción ha tardado en llegar y, desde luego, no es todo lo compacta que cabría esperar.

El dinero a espuertas (más de 37.000 millones de euros) para reforzar los sistemas sanitarios y la cobertura a pymes y trabajadores que sufran los efectos económicos de la pandemia no se confirmó hasta el viernes. Tampoco se dieron hasta este viernes las plenas garantías de que habrá «flexibilidad máxima» para el endeudamiento; que los gobiernos no van a ser penalizados por los gastos excepcionales que tengan que asumir. Los parámetros de ese respaldo, por cierto, aún no se han concretado.

Italia, apenas una semana después de sufrir el brote crítico de la enfermedad, recibió la garantía de los más de 25.000 millones de euros que, de momento, articulará para contener la enfermedad. Pero, al ciudadano de a pie, con el país en situación límite, lo que le llega es otro mensaje. Por mucho que Bruselas venga remarcando aquello de «todos somos italianos» (la presidenta Ursula von der Leyen lo viene repitiendo casi a diario desde febrero), en el ciudadano de a pie lo que ha calado es que China ha acudido a su auxilio con equipamiento sanitario y personal médico. Y eso al mismo tiempo que Francia y Alemania mantenían la prohibición de vender mascarillas fuera de sus fronteras. Una decisión egoísta de la que no avisaron ni a Bruselas ni al resto de socios.

Caos en las fronteras

En las fronteras es donde más se aprecia la descoordinación, el ‘sálvese quien pueda’. La libre circulación de personas no iba a detener al virus, de eso no hay duda. Pero el COVID-19 ha ratificado que la UE no es solo un proyecto incompleto en lo económico. Su integración en todo lo demás también está en el aire. La crisis de la migración de 2015 ya puso en riesgo la frontera común cuando varios países como Noruega, Austria, Francia o Alemania impusieron controles que, por cierto, cinco años después aún mantenían. El coronavirus lleva esa unilateralidad a bordear el caos.

El discurso de Bruselas era que cada socio del club estaba adoptando las medidas en proporción a la situación que vivía. Pero sí se echaba en falta una coordinación en la respuesta conjunta en las propias fronteras, con algunos controles de salud en puertos y aeropuertos, tanto interiores como exteriores. No hubo coherencia cuando el epicentro estaba en China y tampoco existe ahora. Absoluta descoordinación.

Italia, después de China, se convirtió en el primer país señalado por sus socios. Austria amagó el primer fin de semana del brote en el país transalpino bloqueando un tren. Luego se lanzó con todo. Ahora ha cancelado sus vuelos con España, Francia y Suiza; República Checa ordena el cierre de fronteras; Dinamarca también echa el cerrojo hasta el 13 de abril; España se cerró con Italia esta misma semana y Malta, por ejemplo, impone la cuarentena a todos los llegados desde el exterior. «Hemos visto que varios Estados miembros han puesto en marcha prohibiciones de viaje y controles», se quejaba amargamente la presidenta de la Comisión en su última comparecencia. El Ejecutivo comunitario clama ahora por controles sanitarios en los lindes sin sacrificar el ‘espacio Schengen’. De momento, clama en el desierto.

Y ya a la desesperada, se insiste en que cualquier decisión que se adopte debe ser «coordinada, operativa y proporcionada». Y ni las declaraciones de alerta lo están siendo, ni medidas de control como el confinamiento tampoco aunque se han extendido en municipios de territorios interiores de cada Estado o en Estados al completo. Una sucesión de bloqueos interiores que responden a criterios nacionales y que han pillado a contrapié a la Comisión Europea. La misma que, junto con el Consejo Europeo criticó a Donald Trump el jueves después de que este decretase la cancelación de todos los vuelos entre Estados Unidos y los países europeos del ‘espacios Schengen’ durante un mes, medida que ayer extendió también a Reino Unido e Irlanda. La desaprobó «por unilateral y sin consulta previa».

Johnson rectifica y luchará contra los contagios tras dispararse el número de casos

El Gobierno de Boris Johnson ha dado la sensación de ser sensible a las críticas sobre su tratamiento del coronavirus, con uno de sus portavoces informando a la prensa británica de que se presentará esta semana un proyecto de ley para permitir la prohibición de grandes aglomeraciones de población. El primer ministro y sus asesores científicos habían descartado por el momento esa medida al considerar que sería «inútil».

La Feria del Libro, el congreso del Partido Liberal-Demócrata, los partidos de fútbol de la Premier. Organizadores de muy variados eventos han ido cancelando sus eventos en la última semana, pero el Gobierno no le daba importancia en el marco de su política de contención del virus. Decenas de miles han acudido cada día a las carreras de caballos en Cheltenham, una de las grandes citas anuales. El Gobierno británico había pedido a las personas que tengan síntomas de padecer la infección que se aíslen en sus casas durante una semana, no ha cerrado colegios y solo hace test de infección a los hospitalizados.

El asesor médico del Estado, Chris Whitty, sin embargo, reiteró ayer que las iniciativas oficiales persiguen «salvar vidas y proteger a los más vulnerables», tras informar de que las muertes por COVID-19 doblaron en las últimas 24 horas en el país, hasta un total de 21. El número de positivos confirmados en el Reino Unido supera los 1.140.

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