El control de acceso en los hospitales: «Todos lo entienden y colaboran, nadie quiere contagiarse»

Buena aceptación general a las medidas para reducir la afluencia de visitantes a los centros sanitarios


A CORUÑA / LA VOZ

En un complejo hospitalario como el de A Coruña por el que cada día se mueven una media de 13.000 personas, los carteles recomendando no engrosar aún más el número de expuestos al contagio saludaban ayer casi en cada puerta, tablón y ascensor. «Por motivos de seguridade para los pacientes rogamos que se limiten as visitas» rezan los anuncios. El ruego, según subrayaron desde la dirección del Chuac, no ha añadido más problemas a los ya existentes por obra y desgracia del COVID-19. Muy al contrario. «La gente está respondiendo a esto muy bien; lo comprenden y lo apoyan», confirmaron en la zona cero del coronavirus de Galicia. Allí permanece todavía ingresado el primer paciente positivo registrado en la comunidad. De eso hace solo nueve días. Este jueves, otra quincena más de infectados compartían planta con él en el edificio central del Hospital A Coruña, menos transitado de lo habitual.

Las peticiones para limitar el número de personas circulando en torno y dentro de las dependencias sanitarias y los consejos para poner barreras al coronavirus menudean ya en mil formas. En algunos puntos, con figuras recordando la distancia de un metro de seguridad; en otras, como en zonas ambulatorias, indicando que los pacientes con fiebre, tos o dificultad respiratoria pasen antes por el mostrador y no accedan directamente a las consultas.

En áreas como el Hospital de Día de Oncohematología, situado en el Hospital Teresa Herrera, también se ha solicitado la comprensión de las familias para que solo entren los enfermos, salvo en los casos que física o psicológicamente se aconseje no estar en soledad durante el tiempo en que se les administra la medicación contra el cáncer. «Todos lo entienden y colaboran, nadie quiere contagiarse», confirmaba una de las trabajadoras de una unidad en la que, hasta ahora, la quimio se recibía en compañía.

Como todo, la reducción de visitantes ha traído otras ventajas secundarias, al margen del intento de contención del virus. Sobre todo, en espacio y confort para la tarea. Con más aire «¡se trabaja mejor!», resumía una enfermera.

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