Madrid se aprovisiona para hacer frente al coronavirus

Los vecinos se lanzan a los supermercados para hacer acopio de provisiones en respuesta a la crisis de la neumonía de Wuhan

Supermercados abarrotados en Madrid
Supermercados abarrotados en Madrid

Madrid | La Voz

Cuando todavía faltan unos minutos para las nueve de la mañana, un importante grupo de vecinos hace una desorganizada cola a las puertas del supermercado de una popular cadena española ubicado en las inmediaciones de Quevedo, en el céntrico distrito de Chamberí, aguardando a que se levante la verja. Las últimas informaciones sobre las medidas de emergencia decretadas para intentar contener la crisis del coronavirus han disparado las alertas en muchos domicilios de capitalinos, que han salido a las calles con el objetivo de llenar sus neveras y, sobre todo, sus despensas; y en consecuencia, vaciar los supermercados.

Un martes normal, a estas horas tan solo estarían funcionando una o dos de las doce cajas con las que cuenta este establecimiento, pero la dirección, a tenor del repunte de ventas experimentado este lunes a última hora, dio orden de doblar los equipos para intentar evitar el colapso, por lo que funcionan todas las cajas desde primera hora del día. En las largas colas se aprecian muchos cestos, pero sobre todo abundan los carros grandes, repletos a rebosar de agua embotellada, harina, pasta, legumbres, arroz, aceite, papel higiénico, conservas y todo tipo de productos recomendados en los manuales de supervivencia para sobrevivir a un desabastecimiento. Al final de la cola hay una señora que pretendía hacer una pequeña compra del día, pero acaba resignándose tras cinco minutos en los que no ha avanzado ni un metro. Calcula que le quedaría al menos una hora para pagar. «Estamos todos locos», dice antes de abandonar su cesto y marcharse.

A muy pocos metros hay otro gran supermercado que abre las 24 horas en el que las siete cajas trabajan a pleno rendimiento desde la primera luz del día. La escena se repite. Larguísimas colas y la zona de repartos a domicilio colapsada, mientras varios de los empleados se afanan en intentar reponer las áreas de productos más demandadas. Son conscientes de que les espera por delante un día agotador. Y que probablemente el panorama no cambie mucho de cara a mañana. 

La crisis del coronavirus también tiene una gran repercusión en el tráfico rodado. José Abascal es una de las calles que suele registrar desesperantes atascos desde primera hasta última hora del día, lo que provoca que muchos madrileños se refieran a la misma como José Atascal, por las dificultades en acceder a la Castellana a través de esta avenida de seis carriles. A las 09.30 hay una afluencia de coches mucho menor que el de cualquier martes. Un taxista comenta a este periódico que la carga de trabajo de ha desplomado desde el lunes por la tarde. «Se han suspendido varios congresos, hay muchos menos turistas, mucha gente que está trabajando desde casa… Y verás ahora con el cierre de los colegios», augura.

Los desplazamientos en metro han descendido, pero en menor medida. A falta de datos oficiales, según apunta una empleada del servicio en la parada de Bilbao, una de las más céntricas, ha observado casi el mismo número de viajeros que un martes cualquiera. «Puede que bajara un poco, pero hay cierta normalidad», confirma su compañera, encargada de las tareas de seguridad. Detallan que justo este martes se ha reabierto la línea cuatro tras las obras de renovación, por lo que acuerdan que quizá este detalle haya influido.

El trayecto de Bilbao a Sol de la línea uno, la azul claro, funciona con normalidad, con todos los viajeros inmersos en las pantallas de sus teléfonos móviles.

En el número siete de la Glorieta de Bilbao está el Café Comercial, que es uno de los grandes templos de los escritores, por haber sido lugar de referencia de Antonio Machado, Jardiel Poncela o Sánchez Ferlosio, entre otros. Normalmente resulta muy difícil dar con una mesa, sobre todo con una de las que de a la calle, afirma Goya, una de las clientas habituales, que vive «aquí al lado», y confirma una empleada. Hoy está a medio gas. Eso sí, entre los clientes que se han resistido a quedarse en sus casas, la conversación es monotema: el coronavirus

También en los últimos días viene siendo la norma, y no una excepción, la falta de existencias en las farmacias de geles hidroalcohólicos y mascarillas. La calle de Ponzano es popular por albergar la mayor concentración de bares y restaurantes por metro cuadrado de España, y por tanto, se podría decir que de todo el planeta. En apenas su kilómetro de distancia se agolpan más de 70 establecimientos de hostelería. Pero también hay una farmacia cada 250 metros. En ninguna de las cuatro hay ninguno de estos dos productos desde hace días. En dos de ellas lo hacen constar con un cartel en la puerta. Los farmacéuticos recuerdan a los clientes que las mascarillas son inútiles, salvo para las personas ya infectadas, y recomiendan lavarse mucho las manos a lo largo del día para evitar contagios. Y también mucha calma.

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