Un país bloqueado por el coronavirus: «Toda Italia debe quedarse en casa»

El Ejecutivo italiano aprueba un decreto para restringir los movimientos de personas entre ayuntamientos de todo el país y veta las celebraciones de bodas y funerales


«No hay más tiempo. Necesitamos medidas más duras. Toda Italia debe quedarse en casa». Así anunciaba el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, las medidas excepcionales impuestas por el Ejecutivo en todo el país desde hoy hasta el 3 de abril. «Toda Italia será zona protegida. Ya no hay más área roja, verde o amarilla. Todos los movimientos están prohibidos, excepto por necesidades demostrables», afirmó Conte en un discurso televisado. Se extienden a todo el Estado las medidas que se habían activado en Lombardía y en otras 14 provincias, las zonas más afectadas por el coronavirus. Se vetan todo tipo de desplazamientos, excepto los que estén justificados por necesidades de salud, por motivos laborales, por situación de necesidad o por regreso al domicilio propio o lugar de residencia. Las escuelas y las universidades permanecerán cerradas hasta la fecha marcada. Los bares y restaurantes de Italia deberán cerrar a partir de las 18.00 horas. Las discotecas, salas de juego y bingos no podrán abrir en ningún momento del día.

El Gobierno opta por esta decisión drástica después de que comprobar que la cifra de muertos seguía subiendo. En las 24 horas anteriores a la comparecencia de Conte se habían registrado 24 nuevos fallecimientos, según el balance ofrecido por el comisario extraordinario para Emergencias, Angelo Borrelli.

Para ir de un municipio a otro, cualquier persona debe presentar un certificado oficial emitido por el Ministerio del Interior. Aquellos que no puedan descargar o imprimir el documento tendrán que copiar el texto y llevar una declaración con ellos para notificar los motivos de su traslado. Además, se evitarán los eventos que puedan suponer la concentración de ciudadanos. Para intentar contener el avance del coronavirus de Wuhan se prohíben todas las celebraciones, desde bodas a funerales. Además, museos, teatros y cines permanecerán clausurados.

No se aplicará ninguna restricción al transporte público ni se interrumpirá el de mercancías para garantizar la continuidad del sistema de producción y permitir que las personas puedan continuar desempeñando su trabajo.

El decreto, de un solo artículo, entrará en vigor a partir de hoy. Conte realizó el anuncio desde el Palacio Chigi, sede del Gobierno, acompañado por el ministro de Relaciones con las Regiones, Francesco Boccia. «Necesitamos cambiar nuestros hábitos y debemos hacerlo ahora. Decidí tomar medidas aún más estrictas y fuertes de inmediato», explica. «Todos deben renunciar a algo para proteger la salud de los ciudadanos. Es el momento de la responsabilidad. No podemos bajar la guardia», manifestó el primer ministro. «Sabemos que estamos pidiendo a las familias y padres con hijos un esfuerzo que no es insignificante, pero el futuro de Italia está en nuestras manos y todos deben hacer su parte», añadió.

«Los números nos dicen que estamos sufriendo un aumento importante en las infecciones, una subida de las personas hospitalizadas en cuidados intensivos y, por desgracia, también un incremento de las víctimas mortales.

Italia suma ahora 7.985 casos y 463 muertos. «Las muertes se caracterizan por la prevalencia de personas frágiles con múltiples patologías previas», destacó ayer el comisario de Emergencias, que precisó que hay unas 3.000 personas en aislamiento domiciliario. Además, un total de 724 personas se han recuperado del virus. No se ha registrado ningún fallecido menor de 50 años.

El anuncio de Conte es el último paso de un movimiento que había empezado ya en las redes y que había lanzado el Ministerio de Sanidad con la etiqueta #iorestoacasa (yo me quedo en casa). «Esta batalla se vence con la contribución de todos. Actuemos responsablemente», escribieron desde la cuenta oficial Twitter. Conte ya había declarado entonces en una entrevista a La Repubblica que el país vivía en «su momento más oscuro» de esta crisis y que esta situación el ha llevado a pensar en el antiguo primer ministro británico Winston Churchill.

 

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