Iván Armesto, lo que une a Almodóvar con «Gran Hermano»

El asturiano , finalista de la primera edición del «reality», se ha encargado de la figuración de la película «Dolor y Gloria»


Madrid / Colpisa

¿Qué tienen en común Pedro Almodóvar y Gran Hermano? ¿Qué une a Amenábar con el reality? La respuesta comparte el nombre propio de Iván Armesto (Gijón, 54 años), uno de los concursantes más carismáticos de la primera edición e inseparable amigo de Ismael Beiro, el ganador. Casi veinte años después de aquel fenómeno televisivo, el asturiano se ha convertido en el gran proveedor de figurantes y actores extras de nuestro país. Se encarga, en definitiva, de dar cohesión a la película para que la ficción parezca realidad.

Su pasado profesional no está ligado a los entresijos del cine. Acabó Gran Hermano y comenzó a colaborar en programas de televisión y radio. Y llegó a protagonizar una película, El gran marciano, donde compartía reparto con sus excompañeros del reality. Era el momento exitoso del formato, en el que los concursantes copaban los platós. «No tenía ninguna aspiración más que dejarme llevar por donde me llevaba la vida», explica Armesto sobre sus orígenes en la pequeña pantalla.

Él se propuso prepararse profesionalmente y acudió a cursos de interpretación para saber cómo comportarse delante de las cámaras. Pero con María Teresa Campos descubrió que su pasión estaba en la parte menos vista de la televisión. «En Día a día (el programa que la periodista malagueña presentaba en las mañanas de Telecinco) me mandaban a hacer reportajes de cuya producción me encargaba yo», confiesa. «Me iba dos horas antes de entrar a plató y me fijaba en lo que hacían los productores y redactores. Todo lo que aprendí allí me sirvió para llevarlo al cine, porque en el cine todo es producción», explica.

Tras una etapa en la hostelería junto a su amigo Ismael Beiro, Armesto regresó Asturias y fundó una agencia de azafatas con la que se encargaba de organizar eventos. Allí recibió la llamada de Sandra Hermida, directora de producción del cineasta Juan Antonio Bayona. El filme El orfanato fue su primer gran proyecto en el que se encargó de la figuración. «Era chocante ver a un tipo de la tele haciendo una cosa de cine. Pero nos dieron la oportunidad y fue todo sin parar», asevera.

Ahora, con su empresa Personal 7 Audiovisual, vive en Barcelona y coordina hasta siete proyectos para cine y televisión en el que se encarga de seleccionar a los figurantes, a los actores con pocas palabras de guion o a los dobles de los protagonistas. En 2019, Iván Armesto ha trabajado para Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar, y Mientras dure la guerra, dirigida por Alejandro Amenábar. Entre sus próximos retos, la nueva película de Isabel Coixet Nieva en Benidorm, producida por la compañía de Almodóvar El Deseo, o la ficción El Cid, que se ofrecerá en Amazon Prime Video.

Alejado de la televisión

Catorce años después de El orfanato, Armesto ha participado en más de cien proyectos audiovisuales. El regreso a los platós de televisión, de momento, no entra dentro sus planes. «El cine me parece más familiar porque me inspira más que salir en televisión, donde te dan veinte puñaladas por detrás», se sincera. Porque su momento delante de las cámaras, según dice, «ya pasó». «Hay gente que lo hace muy bien en televisión y otros, como yo, que no tenemos ese talento como para trabajar ahí», bromea.

Desde aquel primer Gran Hermano, la forma y los contenidos de televisión han cambiado. También en el terreno del reality, donde el género no deja de reinventarse con éxito, como se ha comprobado con La isla de las tentaciones. En su último programa, emitido en Telecinco el jueves 13 de febrero, lideró las audiencias con un 30 % de cuota de pantalla y más de 3,9 millones de espectadores. «El público ahora consume otro tipo de cosas. No sé hacer lo que hacen ellos, porque lo hacen sin tapujos. Yo soy más vergonzoso, y a lo mejor ahora sería un coñazo en televisión», revela. Armesto fue el tercer finalista de la primera edición del popular programa de telerrealidad creado por John de Mol tras permanecer en la casa durante 90 días. Dos décadas después, sigue manteniendo contacto con los que fueron sus compañeros. Comparten un grupo de WhatsApp, en el que están la gran mayoría de los primeros participantes menos «dos o tres» que no tiene «localizados». Además, sigue manteniendo una gran amistad con Beiro, con el que se reúne con frecuencia y llama por teléfono todas las semanas.

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