¿Por qué el Ejército de Tierra entrena en Galicia antes de ir a la Antártida?

Cada verano la dotación de la campaña antártica visita una localidad de la costa gallega durante la fase de formación

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¿Por qué el Ejército de Tierra se entrena en Galicia antes de ir a la Antártida? Cada verano la dotación de la campaña antártica visita una localidad de la costa gallega durante la fase de formación

Decepción es en realidad la isla Engaño. El nombre en español responde a una mala traducción. El lugar no era precisamente lo que los balleneros de comienzos del siglo XX esperaban encontrar. No se trata de ninguna una isla, como el resto del archipiélago Sethland del Sur, sino un volcán activo, y su bahía tampoco es el mejor lugar para protegerse de las aguas más peligrosas del mundo. «Las condiciones pueden cambiar rápida y radicalmente. Uno se levanta con la había tranquila y en cuanto sopla el viento un poco, el oleaje aumenta de manera considerable. Además, cuando baja la intensidad del aire aparece la niebla, que dificulta por completo la navegación», explica el comandante Joaquín Núñez, jefe de la base Gabriel de Castilla. Aquí no hay el típico mar de fondo que suele afectar al litoral gallego, aunque sí un intenso y constante mar de viento

La dotación del Ejercito de Tierra que gestiona la base española navega cada día por la bahía para desplazar a los científicos. Y una vez al mes entra el BIO Hespérides para descargar alimentos y llevarse los residuos no orgánicos. Las operaciones logísticas son muy delicadas y en lo que va de verano austral se han realizado casi siempre durante un temporal. «Aquí no hay nada parecido a un puerto y las maniobras son muy arriesgadas por el volumen de gente y material que se maneja», reconoce.

Para aprender a navegar por esta zona inhóspita de la Tierra el personal militar superó una fase previa de preparación. Y el lugar elegido fue Galicia, concretamente O Grove. «La formación para venir a la Antártida es multidisciplinar y una de las partes más importantes tiene que ver con la navegación. La dotación aprobó primero el examen de patrón y después de contar con la titulación se sometió a un período de prácticas que realizamos el pasado septiembre en Galicia», comenta el comandante.

El Ejército de Tierra elige la costa sur gallega por varias razones. Desembarcar en una de las playas donde se encuentra la base se parece bastante a hacerlo en algunos de los arenales del municipio pontevedrés. «Son también aguas muy frías. Esto nos permite probar los trajes de seguridad que todos deben llevar puestos cuando se montan en una zódiac», explica. Decepción y O Grove comparten el fenómeno del afloramiento que provoca que asciendan aguas gélidas desde el fondo y que generan tanto nieblas de advección como explosiones de vida. Por ello hay tanto marisco en Galicia y las Shetland del Sur reúne una fauna mucho más rica que el resto del continente blanco. «La costa gallega también está expuesta a los temporales atlánticos que nos permiten navegar en unas condiciones que se ajustan más a lo que encontramos aquí. Y por supuesto elegimos Galicia por el excelente recibimiento que siempre nos brindan los gallegos cada vez que vamos allí», apunta Núñez.

Salir de la Antártida, una operación de riesgo

Xavier Fonseca
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Salir de la Antártida, una operación de riesgo El Hespérides desembarcó al personal en la isla Rey Jorge durante un fuerte temporal, Después cogieron un avión Hércules de la fuerza aérea de Uruguay. Un vuelo a cuatro grados de temperatura hasta Punta Arenas, en Chile.

El Hespérides desembarcó al personal en la isla Rey Jorge durante un fuerte temporal; después cogieron un avión Hércules de la fuerza aérea de Uruguay. Un vuelo a cuatro grados de temperatura hasta Punta Arenas, en Chile

Miércoles 26 de febrero. 10 de la mañana. Por la ventana del comedor de la base Gabriel de Castilla puedo ver al Hespérides entrando por la bahía de Decepción. Esta vez no viene a descargar material y comida, sino a llevarse personal. Es un momento cargado de una emoción difícil de describir. Hay que despedirse de un lugar con una belleza extraordinaria y también del personal científico y del Ejército de Tierra con el que he compartido una experiencia muy intensa.

El cielo está algo cubierto y el viento sopla flojo. Es la primera vez que veo al buque oceanográfico en un día de tiempo estable, algo que me tranquiliza ya que debo ponerme el traje de seguridad, embarcarme en una zódiac primero y después subir por una escalera hasta el barco. Siempre se agradece que esta arriesgada maniobra se haga con las mejores condiciones. Cruzar los Fuelles de Neptuno, que separan a la bahía del mar abierto, es el último recuerdo que capturo en mi memoria para siempre.

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