Un superviviente del coronavirus: «Le gané la partida al cáncer, pero con el virus sentí el mismo miedo»

«La felicidad al volver a casa es indescriptible», relata uno de los 30.000 chinos que ha logrado superar la infección

REUTERS

Colpisa / Pekín

Un ramo de flores y una fotografía haciendo el signo de la victoria con el equipo médico que los ha tratado. Así celebran su alta médica muchos de los 30.000 pacientes chinos que hasta este miércoles habían logrado derrotar al coronavirus. Sus imágenes, que se difunden con el rostro difuminado para no revelar su identidad, sirven en la prensa oficial china para levantar el ánimo de una población que espera con ansiedad el fin de la pesadilla vírica. Y hay razones para la esperanza, porque han vuelto a caer las cifras de nuevos contagios y de fallecidos. Los últimos fueron 52, la cifra más baja de las últimas tres semanas. Y hubo menos infecciones nuevas en el país que en el resto del mundo. Eso sí, la odisea de quienes se han curado no acaba cuando salen del hospital y posan para la cámara.

Los científicos chinos cada vez están más convencidos de que, aunque los pacientes hayan dejado de sufrir los síntomas del covid-19, algunos pueden continuar siendo portadores y contagiar a las personas con las que tienen contacto. No en vano, hay casos en los que han vuelto a dar positivo varios días después de abandonar el hospital. Por eso, la provincia de Hubei, epicentro de la epidemia, exige a quienes hayan superado la neumonía que se mantengan en cuarentena durante las dos semanas siguientes al alta. La mayoría es trasladada a instalaciones específicas, pero otros se enclaustran en sus casas. Según informó la prensa china, ante la falta de tratamientos específicos para combatir al coronavirus, muchos donan sangre con la esperanza de que los anticuerpos que han desarrollado puedan servir para salvar a quienes todavía sufren la neumonía atípica. No obstante, aunque los médicos se muestran esperanzados, aún no se ha probado que este método tenga ningún efecto. Y lo mismo sucede con las vacunas que se desarrollan contrarreloj en varios países: aunque los científicos logren producir una, algo que no ha sucedido con el SARS y tampoco con virus mucho más antiguos como el sida, las pruebas clínicas retrasarán su uso varios meses. Como poco.

Así, no es de extrañar que los supervivientes se sientan afortunados de la gesta que ha protagonizado su cuerpo. Yan Yunquan es una de ellos. «Cuando el médico me dijo que podía volver a casa, no supe cómo mostrar mi agradecimiento y me arrodillé ante el doctor», recuerda esta mujer. Yan pertenecía a un grupo de riesgo porque tenía patologías previas y pensó que moriría. «Le gané la partida al cáncer de estómago y temí que el coronavirus acabase conmigo. El miedo fue el mismo. Estuve 46 días en el hospital y vi cómo algunos de quienes me acompañaban en la habitación fallecían», relata. Durante el angustioso aislamiento, Yan recuerda que «la fiebre iba y venía. Vomitaba todo lo que comía, sentía dolor en todo el cuerpo y me fallaban las fuerzas tanto que no quería ni abrir los ojos». Todo cambió el día en que sanó y los médicos decidieron darle el alta. «Es indescriptible la felicidad que siento al estar de vuelta con mi familia», cuenta a través del chat de Weibo, el Twitter chino.

Una sensación parecida describió Wan Chunhui en el canal estatal de televisión CCTV poco antes de recibir el alta. Wan tuvo que esterilizar toda su ropa y enseres en una máquina como ordena el protocolo. Luego quiso despedirse de su doctora. «La nuestra no es una relación normal. Es una relación entre la vida y la muerte», le dijo bromeando.

Otros no disfrutan tanto de su recuperación. Li Linlin es el seudónimo de una joven que estudia Medicina en Wuhan y que regresó a su casa, en la provincia de Henan, para pasar el Año Nuevo Lunar. Tenía fiebre, pero como aún no se había informado sobre el coronavirus, visitó a familiares y amigos. Estaba infectada y, cuando su madre se contagió, las autoridades decidieron poner el condado de Lushan en cuarentena. Ella se ha curado, pero ahora tiene a la población en contra y recibe constantes insultos a través de las redes sociales. «La gente me acusa de haber llevado el virus al pueblo y me pregunta si no me siento avergonzada. No tengo nada que ver con otros contagios, así que creo que es injusto», afirma. 

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