Los Erasmus de vuelta: «La gente está más alarmada en Galicia por el coronavirus que en Italia»

«La situación que pintan en España no es la que estamos viviendo en realidad», dice una de las estudiantes


redacción

Alba Pose Rúa tuvo suerte. El lunes consiguió un vuelo relativamente barato para regresar a Galicia con escalas en Francia y Portugal, desde donde completó la ruta en coche. Le costó poco más de 100 euros cuando por esas mismas fechas estaban pidiendo más de 700 euros, una subida generalizada a causa del regreso a España de los estudiantes Erasmus que se encontraban en Italia. Ella volvió más para tranquilizar a su familia que por su miedo al coronavirus.

«Si regresó fue más bien por la alarma social que hay aquí, que hizo que los padres de muchos Erasmus que estábamos en Italia se preocupasen por el contagio o por la posibilidad de que nos quedáramos aislados», explica, tras reconocer que en Bolonia, donde estaba estudiando Derecho mediante el convenio suscrito con la Universidade da Coruña, «no estaba demasiado nerviosa». Todo lo contrario de la sensación que se encontró a su llegada a Galicia. «Noto -dice- que la gente está más alarmada y nerviosa por el coronavirus en Galicia que en la propia Italia».

«Noto que la gente está más alarmada y nerviosa por el coronavirus en Galicia que en la propia Italia»

María del Mar López decidió quedarse en Turín y, desde la capital del Piamonte, una de las regiones castigadas por covid-19, comparte la sensación de su compañera. «La situación que pintan en España no es la que estamos viviendo en realidad y, tanto mi familia como mis amigos, están preocupados por culpa de la visión que se muestra en los medios», asegura. Confiesa que está viviendo la situación «con normalidad» y que, por ahora, «no pienso volver a España porque no lo veo necesario». «Aquí -añade- la gente hace vida normal, los comercios están abiertos y los supermercados abastecidos».

Mar López también tuvo suerte y pudo comprarse mascarillas y jabón desinfectante, que están agotadas en las farmacias, pero confiesa que no usa el protector. «Y aquí la gente tampoco lo hace», dice. Las clases no se reanudarán, en principio, hasta el 1 de marzo, aunque lo más probable es que las vacaciones obligadas se prolonguen unos días más.

Con fiebre nada más llegar a España

Manuel Garrobo Peral sí que ha regresado de Verona. Pero no lo hizo a Galicia, sino a Madrid. En el aeropuerto, al igual que el resto de sus compañeros, no fue sometido a ningún control de temperatura, ni en Madrid, ni en Londres, donde hizo escala. Si le hubieran hecho la prueba igual no la hubiera pasado.

Este martes empezó a tener fiebre y llamó rápidamente al 112. Fue, sin embargo, una falsa alarma: «El doctor me dijo que no cumplía con los criterios de coronavirus y que, por el momento, me quedase en casa y tomase la medicación». Con antecedentes de asma y con un resfriado que probablemente se cogió en Verona porque tuvo que ducharse en agua fría, estos factores fueron probablemente los que le indujeron la fiebre. No presentaba problemas respiratorios, uno de los elementos determinantes para determinar si se trata de un coronavirus o no.

Erasmus que regresan por el coronavirus: «La gente está asustada»

Aunque la mayoría permanecerá en Italia, donde en la zona norte siguen clases, varios universitarios gallegos en el país transalpino han vuelto a casa

r. romar / Marta vázquez

La mayoría se quedan en Italia, pero no son pocos los que han decidido regresar. No por miedo a la enfermedad, sino por el temor a encontrarse con las fronteras cerradas si el coronavirus se sigue extendiendo por Italia y acaban adoptándose medidas de aislamiento más drásticas que las que se han adoptado hasta ahora. Es lo que les ocurre al alrededor de un centenar de alumnos de las tres universidades gallegas que se encuentran repartidos por las universidades transalpinas.

Uno de los que ha decidido regresar a Galicia es el ourensano Timothée Braik Millán, que tiene su base en Bolonia. «La situación, básicamente, se podría definir con la palabra pánico. Pero no un pánico por algo en concreto, sino, en mi opinión, miedo a lo desconocido». Y es la situación generada, con constante información y escenas de histeria, la que sigue alimentando el miedo. «Por más que intente aferrarme a los datos de un 2 % de mortalidad en gente con defensas bajas, es inevitable no preocuparse», dice. En Italia, con las universidades cerradas y prácticamente toda actividad lúdica cerrada no hay mucho que hacer, por lo que la mejor opción es volver a casa. «No puedes hacer nada que no sea estar en tu casa, lo que potencia el estrés por lo que sucede en el exterior», añade.

El coruñés Manuel Garroba Peral también regresaba ayer desde Verona. «Aunque no es un foco activo -precisa?, poco tengo que hacer allí. Prefiero esperar en España con los míos». Vuelve a A Coruña «simplemente por precaución», aunque asegura que en Italia se está viviendo un exceso de pánico. «Muchos medios están causando histeria colectiva, pero por ahora no hay nada de que preocuparse».

«Muchos medios están causando histeria colectiva, pero por ahora no hay nada de que preocuparse»

Tampoco parece preocupado el ferrolano Radu Gabriel Tanasescu Neagoe, un Erasmus de la UDC que estudia Enfermería en la Universidad de Génova. Esta semana, al igual que en todos los centros del norte de Italia, no tendrá clases, pero sí le ofrecían seguir con las prácticas en el hospital. «Les dije que no, más que nada para no preocupar a mis familiares», dice.

Radu, que ha decidido quedarse, está relativamente tranquilo y a la espera de acontecimientos. Pero sí comprueba que a su alrededor la gente está asustada. «Sí que se nota -señala- un poco de locura con el tema de las mascarillas, totalmente agotadas, y en los supermercados. En el Lidl ya casi no queda comida. La gente está asustada». Cree que acabará pasando.

Carlos Nogueira, un gallego en Italia: «Respiré muy aliviado cuando me dijeron que no estaba infectado»

Un gallego que pasó el carnaval en Venecia ingresó con fiebre en un hospital de Roma, donde fue aislado y le realizaron las pruebas del coronavirus, pero tenía mononucleosis

r. romar

Lo que iba a ser una semana perfecta se acabó convirtiendo en una pesadilla. Carlos Nogueira Mariño, un estudiante de Farmacia de la Universidade de Santiago que está realizando el Erasmus en Perugia, aprovechó unos días libres para hacer turismo por Italia en compañía de compañera, que viajó desde Galicia, y unos amigos. Estuvieron en Padua, Florencia y aprovecharon la oportunidad para no perderse los carnavales de Venecia antes de hacer la última parada en Roma.

Todo iba bien, hasta que el sábado por la tarde, ya en la capital italiana, empezó a notar falta de apetito. No le dio importancia, hasta que por la noche le surgió la fiebre y empezó a sufrir temblores y sudores fríos. El domingo se levantó un poco mejor, pero estaba inquieto. «Me tomé un ibuprofeno y me dije que si por la tarde no me pasaba la fiebre tenía que ir al médico». Era difícil sustraerse al pánico por el coronavirus que se vive en el país transalpino, por lo que empezó a sospechar que podía estar contagiado. Aunque sin dar aún demasiado crédito a esta posibilidad. A las seis de la tarde no pudo aguantar más y se dirigió, junto a su compañera, al hospital Humberto I de Roma, uno de los más grandes de la urbe. «Tenía un poco de fiebre e igual también un poco de paranoia por la situación que se estaba viviendo», admite el joven coruñés, de 23 años.

El primer sobresalto llegó cuando se encontraba en Urgencias. «Les dije que tenía fiebre y que había estado en Venecia. De inmediato ya me pusieron una mascarilla y me trataron como si fuera supercontagioso».

Lo trasladaron rápidamente a una sala de aislamiento, muy pequeña, donde las horas se le hicieron eterna. Empezaron a aparecer las enfermeras y los médicos, embutidos en trajes de protección que daban miedo. Y comenzó el goteo de pruebas. Una radiografía, un electrocardiograma y una primera extracción de sangre.

«Cuando les dije que tenía fiebre y que estuve en Venecia, me aislaron»

«Los notaba como superalterados -cuenta- y cuando les decía que había cosas que no les entendía me las repetían, pero nerviosos. El trato, desde luego, no fue lo mejor, aunque entiendo que estaban superabogiados por el tema. Más tarde lo llevaron a otra sala y le volvieron a extraer más sangre, aunque esta vez una gran cantidad. Era la una de la madrugada y continuaba una inquietante incertidumbre.

Los minutos parecían no pasar durante el aislamiento. La espera no tenía fin. Pero al final fue todo más rápido de lo que se podía imaginar. Pasadas las tres de la madrugada de este lunes ya tenía un diagnóstico: no estaba infectado por coronavirus, pero sí tenía una mononucleosis.

«Cuando me lo dijeron respiré bastante aliviado, porque si estaba infectado sabía que iba a tener que estar aislado en un hospital de Roma durante 14 días, lo que iba a ser bastante molesto. Y a mi compañera, que iba a regresar a Galicia, también la tendrían que ingresar y hacer las pruebas». Se salvó del coronavirus, pero con la mononucleosis tendrá que guardar cama en Perugia. «Pero me encuentro bastante bien», dice.

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El pánico se extiende a mayor velocidad que los contagios. El coronavirus ha llegado a España con ocho casos, todos «importados» de Italia. Aún así, las farmacias se han quedado sin mascarillas y los geles desinfectantes vuelan de las estanterías. 

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