La Ribeira Sacra, a la espera de lucir sus múltiples valores ante la Unesco

El territorio sigue recuperando su legado histórico mientras se tramita su candidatura a patrimonio mundial


monforte / la voz

Dentro de un año, en el primer semestre del 2021, está previsto que la Unesco se pronuncie sobre la candidatura de la Ribeira Sacra a patrimonio de la humanidad. Los 22 municipios que conforman este territorio repartido entre las provincias de Lugo y Ourense confían en lograr ese objetivo gracias a un patrimonio cultural, natural y paisajístico de excepcional valor que aún está lejos de ser conocido de forma exhaustiva y que continuará siendo investigado y recuperado durante los próximos meses.

Una de las principales bazas de la candidatura se asienta en el paisaje formado por las incontables terrazas vitícolas que se extienden por las márgenes escarpadas del Sil y el Miño. La tradición popular atribuye a los romanos el origen de esta forma de viticultura, pero aunque en el territorio no faltan muestras de una intensa romanización -como el túnel minero de Montefurado, en Quiroga-, su antigüedad real todavía se desconoce. Un proyecto arqueológico que se desarrolla en el municipio de A Pobra do Brollón pretende despejar este año la incógnita mediante una datación por carbono 14 en la que por primera vez se intentará poner una fecha de origen a estas estructuras.

La que está clara es la relación de la viticultura con los numerosos monasterios que existieron en la Ribeira Sacra desde los inicios de la Edad Media. El de San Pedro de Rocas, en Esgos, ya existía en el siglo VI y se cuenta entre los más antiguos de Europa.

Patrimonio románico

Solo uno de ellos -el de las Bernardas de Pantón- sigue hoy habitado por una comunidad religiosa. Los de Santo Estevo de Ribas de Sil, en Nogueira de Ramuín, y San Vicente do Pino, en Monforte, sirven ahora como paradores. Pero aquellas comunidades monásticas desaparecidas dejaron como herencia una de las mayores concentraciones de arte románico del continente. En el territorio hay más de un centenar de iglesias levantadas en esa época por los monjes que ahora son uno de sus mayores atractivos turísticos. Algunas de ellas -como la de Santo Estevo de Ribas de Miño, en O Saviñao- muestran unas dimensiones monumentales poco acordes con una pequeña población rural, lo que los historiadores atribuyen a la riqueza generada por la viticultura en la Edad Media.

Muchas de estas iglesias están decoradas con impresionantes conjuntos de pinturas murales de estilo renacentista -realizados en su mayor parte a mediados del siglo XVI-, lo que indica que la pujanza económica de los viñedos mantuvo su fuerza después del período medieval. El más destacado de estos conjuntos pictóricos está en la iglesia de Nogueira de Miño, en Chantada, y su restauración terminó en el 2017. En la actualidad se están rehabilitando otros murales renacentistas en las iglesias de Pinol -en Sober- y San Vicente do Pino.

A la larga tradición de viticultura, además de las viñas aterrazadas del Sil y el Miño, se debe también el que muchos consideran como el conjunto de arquitectura vitícola más importante de Galicia. Son las bodegas de Vilachá de Salvadur -en A Pobra do Brollón-, cerca de cuarenta antiguas construcciones que fueron restauradas hace años en su totalidad. Los arqueólogos tratan ahora de averiguar en qué época fueron construidas.

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